Licencia sin tarjeta verde

El caso de Sergio García habla poderosamente sobre el enorme potencial de los inmigrantes, pero también sobre la deficiencia de nuestro sistema migratorio.

García figuró en titulares esta semana, cuando la Corte Suprema de California falló que él puede obtener su licencia de abogado a pesar de que no tiene tarjeta verde de residencia en los Estados Unidos.

García, de 36 años, es un ejemplo de tesón no poco común entre los inmigrantes. Apenas tenía 17 meses cuando llegó por primera vez a los Estados Unidos con sus padres, trabajadores agrícolas. Para cuando entró la última vez, a los 17 años, su padre ya se había hecho residente (y eventualmente ciudadano) y pudo solicitar en 1994 una tarjeta verde para su hijo todavía menor de edad. Aunque el gobierno aprobó la solicitud, García lleva casi dos décadas en una larga fila de espera por su permiso para trabajar.

Mientras tanto, terminó la secundaria y universidad en California, y se graduó de Leyes en 2009. Ese mismo año aprobó el examen de la Barra de Abogados, que en 2011 pidió a la Corte Suprema que aprobara su licencia como candidato calificado.

En una audiencia el año pasado, la Corte dijo estar limitada por una ley federal de 2006 que prohíbe dar servicios públicos a indocumentados a menos que la legislatura estatal cree una excepción específica. La legislatura y el gobernador actuaron con agilidad y aprobaron una ley que entró en efecto el 1 de enero, un día antes del fallo de la Corte.

Aunque está por verse si García podrá establecer una práctica y cobrar por sus servicios, su caso crea un importante precedente legal que podría beneficiar a otros inmigrantes en espera de licencias profesionales en California u otros estados.

La ironía es que García tiene al menos dos años de espera todavía para obtener su tarjeta verde. Como él hay millones de inmigrantes en la funesta lista de espera de un sistema migratorio que pide a gritos reparación.