El Veracruz de Duarte

México es un país peligroso para los periodistas. El Estado de Veracruz, bajo el gobernador Javier Duarte, es el mejor ejemplo de la desprotección que existe contra los reporteros y la impunidad conque gozan las bandas armadas que se mueven intimidando y asesinando periodistas.

Durante los tres años y medio de Gobierno de Duarte en Veracruz, 10 periodistas fueron asesinados, cuatro desaparecidos y se produjeron 132 ataques contra la prensa estatal, según la organización Artículo 19.

En estos casos el Gobierno estatal deliberadamente le ha restado importancia a estos homicidios, diciendo que los motivos de los mismos no tenían nada que ver con la labor de los periodistas. Por ejemplo, el estrangulamiento en su hogar de la reportera de Proceso, Regina Martínez, fue causa de un robo común, según las autoridades estatales. De igual manera el reciente homicidio del reportero Gregorio Jiménez, quien escribía para Notisur y El Liberal, es producto de la disputa personal entre el periodista y la dueña de un bar por una cuestión de sus hijos.

El cinismo y la desinformación del Gobierno de Duarte llega a tal punto de rechazar la idea de que Jiménez fue asesinado por su labor, incluso cuando el cuerpo del periodista fue hallado junto a los restos del sindicalista Ruiz Guillén, cuya desaparición era precisamente investigada por Jiménez.

El gobernador priista no quiere que la gente esté informada de lo que ocurre en Veracruz, y mucho menos de que sepa cómo están matando a los periodistas. Esta actitud de no garantizar protección a los reporteros ni querer investigar honestamente sus asesinatos lo hace cómplice de estos homicidios. Duarte no debe permanecer en el Gobierno, los veracruzanos se merecen estar informados en vez de ser víctimas de la desinformación y de un periodismo bajo intimidación.

La persistencia de Duarte en Veracruz perjudica también la imagen de la democracia mexicana que quiere proyectar bajo el presidente Peña Nieto. La desprotección de la prensa, la impunidad con que se matan periodistas y la poca seriedad en la investigación de estos crímenes son un atentado contra la libertad de expresión en México.

Exhortamos al presidente Obama que exprese su preocupación sobre este problema a su colega mexicano en la próxima reunión que sostendrán. La función de una prensa libre es informar y fiscalizar la labor de las autoridades, sin el temor de ser asesinados con la impunidad que hoy sucede en el Veracruz de Duarte.