Un GPS para desconfiar

El éxito de la reestructuración penitenciaria de California depende de la capacidad de las autoridades locales y del condado de garantizar la seguridad pública ante el regreso de convictos provenientes de las prisiones estatales. El problema es que para ello se cuenta con la tecnología del GPS, la cual tiene serios problemas de implementación.

El uso de este sistema fue originalmente establecido en 2006 como una manera segura y de bajo costo para vigilar a los convictos de alto riesgo. Años después el GPS pasó a ser un instrumento clave para permitir que el gobernador Jerry Brown reduzca la cantidad de presos y cumplir con una orden judicial contra el hacinamiento en las prisiones. Los presos liberados y puestos en libertad condicional iban a estar vigilados gracias al GPS atado a sus tobillos.

Todo bien hasta que saltaron los problemas con el GPS. Primero, una auditoría interna del condado de Los Ángeles señaló el año pasado que uno de cada cuatro aparatos no funcionaba bien, ya sea por problemas de baterías o por generar demasiadas falsa alarmas.

Un reportaje reciente de Los Angeles Times confirmó que el volumen de falsa alarmas que reciben los agentes de libertad condicional hacen realmente imposible que realicen adecuadamente su labor de vigilancia. Un problema que ocurre alrededor del país.

Eso es muy serio porque pone en peligro la seguridad pública bajo un falso sentimiento de confianza de que quien tiene un GPS esta bajo firme vigilancia.

Como toda tecnología, el GPS necesita ajustes a medida que se usa, pero es urgente que se hagan los cambios necesarios. Además de las dificultades mencionadas, el dinero de los contribuyentes no debe de ser desperdiciado en aparatos que no cumplen con la necesidad por la cual son comprados.

Si el GPS no permite que las autoridades vigilen correctamente a los convictos en libertad condicional, la estrategia detrás del realineamiento que se basa en esta tecnología para reducir la población penitenciaria esta en un serio problema.