Una inyección a la economía

El aumento del salario mínimo federal a 10.10 dólares por hora beneficiará a 16.5 millones de personas, una cantidad significativa de gente cuyo mayor poder adquisitivo ayudará a mover la economía.

El cálculo realizado por la apartidista Oficina de Presupuesto sobre el impacto de un aumento en el salario mínimo federal también indica que ante el incremento en la compensación algunas empresas eliminarán puestos de trabajo estimando entre una caída “muy pequeña” y un millón de empleos. Por el cual el reporte adoptó una proyección promedio de 500 mil puestos de trabajo.

Precisamente en esa posible pérdida de empleo se ha hecho énfasis en el actual debate político, ya que el reporte confirma alguna de las predicciones conservadoras de que el incremente salarial perjudicará a quien quiere ayudar originalmente. Por lo tanto, dicen, no es una manera real de elevar la calidad de la vida del trabajador.

Este es un argumento selectivo y tendencioso porque ignora que, según el reporte, habrá 16.5 millones de personas que verán un incremento salarial y que colocará a 900 mil individuos por arriba del límite de la pobreza.

Si todo esto es cierto, los beneficios del aumento salarial superan ampliamente los problemas que puede acarrear. Lo que no entra en el cálculo es que ese dinero extra será gastado más rápidamente por la gente que lo necesita creando un mayor consumo sostenido que sí alentará la creación de empleos.

Es irónico que en los círculos conservadores se preocupen por la estabilidad laboral de los trabajadores más pobres solamente cuando se habla de pagarles mejor. Es cierto que esto exige una adaptación a un área del sector privado, para ello está la progresividad con que se aplicará.

El aumento del salario mínimo es una de las herramientas más directas para salir de la pobreza. Una fuerza laboral que no tenga que depender de la asistencia federal, por estar mal pagada, será una inyección poderosa para la economía.