Se necesita cambio

Los abusos y la represión que sufre actualmente el pueblo venezolano es la motivación para dedicarle tres columnas consecutivas a la crisis que enfrenta Venezuela

Escribí mi primer artículo para el diario La Opinión en septiembre de 2002. Estoy seguro que en estos casi 12 años jamás dediqué tres columnas seguidas a un mismo tema, ahora lo hago. Y al respecto un amable lector me pregunta cual es mi interés en este tema si no soy venezolano, y me increpa por lo que él define como un llamado de mi parte a dar un golpe de Estado contra un presidente legítimamente electo.

Para ir en orden responderé la primera pregunta. Dos son las razones que me impulsan a preocuparme por la crisis política venezolana.

La primera y más importante es que me duelen genuinamente los abusos y la represión que sufre actualmente el pueblo venezolano. Siento como propias las muertes de más de una docena de estudiantes que han sido asesinados brutalmente por las fuerzas paramilitares del gobierno de Nicolás Maduro.

Y la segunda es una razón más egoista. No soy venezolano, soy ecuatoriano. Y mi visión es que la llamada “Revolución ciudadana” de Rafael Correa en Ecuador es un calcado de lo que ha ido ocurriendo en Venezuela en los últimos 15 años, y creo firmemente que en la medida en que el gobierno tiránico de Maduro fracase, será menos probable que Ecuador llegue a las mismas instancias que hoy aflijen al pueblo venezolano.

Sobre la segunda pregunta, esto es, si apoyo que haya un golpe de Estado en contra de un presidente legítimamente electo. Debo decir que es imperativo que haya un giro de timón en la conducción de los destinos de Venezuela, y si ese cambio requiere que caiga la cabeza de una revolución que, en mi particular opinión, hace mucho tiempo perdió legitimidad democrática, pues que caiga. Informes no oficiales señalan que se ha manifestado un creciente descontento entre las llamadas Fuerzas Armadas Bolivarianas.

El Parlamento Europeo ya hizo un llamado a que Maduro desmonte el aparato represivo estatal.

El miércoles pasado el presidente Obama condenó lo que ocurre en Venezuela y al día siguiente dos congresistas republicanos de la Florida, Ileana Ros Lehtinen y Mario Diaz Balart comenzaron a trabajar en un proyecto de ley para establecer sanciones económicas en contra de Venezuela y de sanciones personales en contra de los funcionarios del régimen actual.

Creo que las horas del presidente Maduro están contadas, lo que quedaría por establecer es como se solucionaría la acefalía del gobierno de Venezuela.

Quizás por ahora la salida más razonable sea la formación de un gobierno civil/militar con el carácter de provisional que convoque a elecciones en un corto plazo para que se reestablezca el hoy inexistente régimen democrático en el país hermano.

Mientras tanto, la realidad de Venezuela se puede reducir en una frase sencilla pero profunda dicha por Carlina de Roche, una mujer de pueblo que se ha unido a las protestas: “No hay harina ni para las arepas, y sin arepas los venezolanos no somos nada”.