Donación en cadena

A través de un programa donde se puede donar un riñón, dos de estos órganos ya conectan las vidas de residentes de Baltimore, Las Vegas y Los Ángeles

Más de 20 años con diabetes terminaron por arruinar los riñones de doña Nora Cruz, por lo que su vida dependía del órgano que le donaría su hijo Michael Valdez, un oficial del Departamento de Libertad Condicional del Condado de Los Ángeles.

Sin embargo, los médicos del Centro de Urología Frank Clark de UCLA descubrieron que no eran compatibles para este tipo de trasplante.

Mientras tanto en Las Vegas, Nevada, la maestra Danielle Jones tenía que conectarse hasta once horas diarias a un aparato de diálisis para limpiar su sangre porque sus riñones no le funcionaban.

Así lo había hecho durante tres años y medio, hasta que una noticia a principios de diciembre le cambió la vida por completo.

En Baltimore, Maryland, la misma situación de la señora Cruz y su hijo Michael se repetía. Una persona estaba dispuesta a donar un riñón para un familiar, pero su tipo de sangre era diferente, y por lo tanto no era posible realizar un transplante.

Todo esto cambió cuando Michael y su madre aceptaron ser parte de la donación de riñón en cadena que tienen varios hospitales del país, donde el receptor quien en un principio había sido —incom patible con su donador— es emparejado con un donante que sí es compatible.

Para mantener la cadena, el donador incompatible concede su riñón a una persona desconocida, quien es identificada como compatible, creando así una cadena de donantes y receptores

El primer encuentro entre donante y receptor de esa cadena se dió este martes, cuando Danielle de Las Vegas y Michael de Los Ángeles se conocieron en el centro médico de UCLA, donde el pasado 10 de diciembre se llevó a cabo la cirugía, el mismo día en que la señora Cruz recibió el riñón que vía aérea llegó desde Maryland.

Los ojos humedecidos de Danielle reflejaban alegría, emoción y agradecimiento cuando le dijo a Michael: “Básicamente me diste la vida de nuevo”.

Ella tiene 30 años de edad y dice que el riñón que recibió le abre paso a muchas oportunidades y funciones, desde dormir mejor, hasta correr, ir de viaje y nadar. “Este es mi regalo de Navidad”, comentó.

Michael, de 37, dijo sentirse satisfecho, que la donación no sólo salvó la vida de su madre, sino que transformó la vida de alguien como Danielle.

“Han pasado dos semanas de la cirugía y siento que ya puedo correr un maratón”, mencionó. “Me siento muy bien, porque además es una buena decisión cambiar para bien la vida de la gente”