Primarias de New Hampshire ponen a prueba las ideas “progresistas” de Clinton y Sanders

Clinton y Sanders han prometido continuar y fortalecer el legado "progresista" de Obama
Primarias de New Hampshire ponen a prueba las ideas “progresistas” de Clinton y Sanders
Bernie Sanders y Hillary Clinton.
Foto: EFE

WASHINGTON.- Los precandidatos presidenciales demócratas, Hillary Clinton y Bernie Sanders, enfrentan este martes el afecto o rechazo de los votantes en New Hampshire, en la primera de una serie de primarias en EEUU que además ponen a prueba sus ideas “progresistas”.

Sanders, senador independiente por Vermont, llega a New Hampshire con las encuestas a su favor pero, tanto en Twitter como en los debates, ambos se han enzarzado en hirientes luchas por presentarse ante la base demócrata como el “más progresista” de los candidatos en liza.

Casi todas las encuestas dan por ganador a Sanders en New Hampshire, un estado colindante con Vermont, aunque la maquinaria demócrata mantiene un firme apoyo hacia Clinton, en una desesperada apuesta por el candidato que pueda vencer en las urnas el próximo 8 de noviembre.

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Nuevo enfoque “progresista”

Desde que los republicanos convirtieron “liberal” prácticamente en una mala palabra durante la era de Ronald Reagan –evocando imágenes de gastos sin frenos y galopantes déficits-,  los demócratas rebautizaron sus esfuerzos y su agenda como “progresistas”, haciendo énfasis en la responsabilidad social del Estado para, por ejemplo, ayudar a segmentos pobres o marginados y combatir la creciente desigualdad salarial en Estados Unidos.

Pero estos “progresistas” eran considerados más radicales porque incluso iban un paso más allá de los llamados “Nuevos Demócratas” que, liderados por el entonces presidente Bill Clinton,  enarbolaban una agenda más “pragmática”, más pro-empresa,  y a favor de un papel más reducido del gobierno.

¿Quién es más “progresista”?

Ahora, décadas después y aunque situados a la izquierda del espectro político, los demócratas mantienen esos matices ideológicos que encuentran eco en la contienda por la nominación presidencial.

Así, en cada foro público, Sanders ha hecho un llamado a la educación universitaria gratuita, a la expansión de “Medicare”, y a eliminar la influencia de intereses corporativos en la política, a la vez que acusa a Clinton de ser aliada de Wall Street y de haber recibido donaciones millonarias de grupos de intereses especiales.

Sanders ha cosechado el apoyo de legisladores demócratas como Keith Ellison y Raúl Grijalva, de Minnesota y Arizona, respectivamente, quienes lideran el “Caucus Progresista” de la Cámara de Representantes, y tiene una larga trayectoria de logros en Vermont.

Clinton, por su parte, replicó nuevamente, en el debate de la semana pasada, que es una “progresista”  a la que le gusta “lograr resultados”, y criticó que Sanders en el pasado ha votado en contra de mayores controles a las armas.

Clinton asegura además que tiene las “cicatrices” para demostrar cómo, desde inicios de su carrera,  ha luchado por los derechos de los niños y las mujeres y “por todos los que se han quedado rezagados o excluidos” del avance social en el país.

En su “esquina” están numerosos líderes demócratas del Congreso, incluyendo a las senadoras Barbara Boxer, de California, Sherrod Brown, de Ohio, y Amy Klobuchar, de Minnesota.

En general, los demócratas respaldan asuntos como un aumento al salario mínimo, el fortalecimiento del sistema de Seguro Social, una reforma de la financiación de campañas electorales, el combate a la desigualdad salarial, inversiones en la infraestructura para crear empleos, y un apoyo inamovible al movimiento sindicalista.

En ese sentido, Sanders y Clinton intentan aprovechar el descontento popular por la creciente desigualdad social –agravada desde la “Gran Recesión”- y la influencia desproporcionada del dinero en la política.

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Cada uno con puntos débiles

En declaraciones a este diario, William LeoGrande, profesor y analista político de American University, consideró que Clinton en particular tiene el problema de que, en el clima político actual, sus posturas no parecen ser lo suficientemente “progresistas” ante los ojos de muchos votantes demócratas.

Si bien Sanders y Clinton son “progresistas”, ambos mantienen además notables diferencias de estilo: Clinton lleva más de 25 años bajo los reflectores y la experiencia le ha enseñado a hablar y actuar con cautela para no dar ventaja a sus enemigos políticos, señaló LeoGrande.

“Todos los políticos profesionales caen en ese hábito, y eso los hace sonar muy ensayados y carentes de autenticidad. Sanders, al igual que (el magnate empresarial, Donald) Trump dice lo que piensa y a la gente le gusta eso porque lo hace parecer más honesto y más auténtico”, explicó el experto.

Así, según LeoGrande, el dilema de los votantes demócratas en las primarias está servido: votar con el corazón y apoyar el mensaje de “revolución política” de Sanders, o votar con la cabeza fría y respaldar a Clinton, que tiene más experiencia y más posibilidades de vencer a un republicano.

Clinton y Sanders lideran “un importante debate sobre las mejores políticas progresistas para ayudar a que las familias y trabajadores prosperen en este país… eso es un enorme contraste con el debate republicano, que habla de deportaciones masivas, la anulación de la reforma de salud, y políticas económicas que benefician a los pocos ricos en vez de a todos los estadounidenses”, dijo a este diario Angie Kelley, del Fondo de Acción del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP).

El consenso de los expertos es que, de ganar la nominación presidencial, Sanders, que no oculta su etiqueta de “demócrata socialista”, se pondría una diana en el pecho y quedaría expuestos a imparables ataques de los republicanos en la contienda general.

Tras las primarias de New Hampshire,  la atención mediática gira hacia el sur del país,  en un territorio menos hostil para Clinton y donde predominan los votantes de minorías.

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