Ser indigente no detuvo los sueños de estudiante latino

Pasar de un hogar de crianza a otro, no ha desviado las ambiciones de un estudiante latino
Ser indigente no detuvo los sueños de estudiante latino
Después de deambular por moteles con su madre, Ángel Macias cayó bajo custodia del gobierno. Pasar por varias casas de crianza no lo desanimó y ahora el joven está a punto de graduarse de la secundaria Jordan y emprender estudios universitarios.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Las carencias marcaron la infancia de Ángel Macías. A la edad de seis años supo lo que era dormir en autos que su madre robaba y pedir limosna en las calles de Inglewood para sobrevivir.

“A veces, cuando necesitábamos comida íbamos a los centros de reciclaje o a los estacionamientos a buscar alimentos”, contó con tristeza Macías, quien en esa época llegó a extender la mano para recibir unas monedas. Así vivieron él, su hermano mayor y su madre por alrededor de un año.

Esta familia había tocado fondo luego de deambular por moteles, apartamentos y casas de amigos. Su madre, hija de una pareja de drogadictos, terminó en la cárcel un par de veces por robar coches, pero los hermanos terminaron bajo custodia del gobierno tras una redada policíaca en la casa donde vivían.

Ángel Macías vivió momentos difíciles de niño, pero nada lo hizo desistir de su deseo de estudiar y forjarse un futuro. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinion)
Ángel Macías vivió momentos difíciles de niño, pero nada lo hizo desistir de su deseo de estudiar y forjarse un futuro. Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

Su vida en casas de crianza

Macías tenía entonces ocho años y en ese primer hogar de crianza donde lo colocó el Departamento de Familias y Servicios Infantiles del condado de Los Ángeles (DCFS), él conoció la estabilidad emocional.

“Fue algo que me revigorizó, vimos un lado distinto de la vida, conocimos amigos, tuvimos un techo sobre nosotros, nos dio esperanza, ambición para hacer algo más”, compartió Macías en una charla en el patio de la secundaria Jordan, en el violento barrio de Watts, y de la cual se despedirá en unos meses.

Siempre ha vivido con su hermano en los hogares de crianza y éste, Armando López, de 18 años, quiere estudiar en Cal State Los Ángeles.
Macías dice que fue difícil estarse mudando a distintos hogares de crianza en tan poco tiempo, pero considera que sus guardianes temporales le han enseñado distintas cosas positivas.
“Hemos aprendido que si aspiras a algo no es imposible, se puede hacer trabajando”, expresó.
Los hermanos se reúnen con su madre los fines de semana y en fechas especiales.
“Me siento bien, aunque veo a mi madre los fines de semana. Ha sido duro para mí solo socialmente, haciendo amigos, no voy mal en la escuela ni he consumido drogas, pero mi hermano y yo nos ayudamos uno al otro”.
El saber que solo a través del estudio tendrá una vida mejor, algo que le inculcó su madre, que no terminó la secundaria, es lo que le motivó s superarse, dijo el estudiante.
“Tuve esa oportunidad porque seguí mi sueño de ser un creador computacional y creo que eso es lo que tienes que hacer, enfocarte en lo importante”, dijo.

Lo más sorprendente de la vida de Macías, ahora de 17 años, es que jamás abandonó su educación a pesar de la inestabilidad de su madre, de la ausencia de la figura paterna, de que fue indigente, de que pasó hambre y frío, y de que ha sumado tres hogares de crianza en nueve años.

Su alto promedio académico de 3.7 (el máximo es 4) le permitió ser aceptado en la Universidad de California en Davis, donde estudiará ciencias computacionales con una beca que cubre gran parte de una colegiatura de 31,000 dólares. Su plan es convertirse en creador de juegos de videos.

Macías se graduará este año de la secundaria Jordan para luego asistir a la Universidad de California Davis. (Foto: Aurelia Ventura/La Opinion)
Macías se graduará este año de la secundaria Jordan para luego asistir a la Universidad de California Davis. Foto: Aurelia Ventura/La Opinión

Recibe premio

Hace unos días, la Alianza para las Escuelas de Los Ángeles, que administra la escuela Jordan, le entregó un reconocimiento a Macías destacando que mantuvo un alto promedio a pesar de que es uno de los casi 21,000 menores en el sistema de hogares de crianza del condado angelino.

“No creo que he tenido la peor vida, mucha gente ha pasado por lo mismo o incluso por algo peor, pero hay gente que se queda en las calles, en las drogas o que se involucra en pandillas, pero mi hermano y yo no lo hicimos, sabemos lo que queremos en la vida”, enfatizó el estudiante.

Su madre ahora recibe ayuda profesional y ellos la visitan los fines de semana. Durante la entrevista, Macías, lejos de reprochar algo a la mujer que le dio la vida, le agradece por su esfuerzo para criarlo. “Ella tenía las mejores intenciones, ella hizo lo que tuvo que hacer para asegurarse que mi hermano y yo siguiéramos en la escuela, no quería que tuviéramos la vida que ella tuvo”, reflexionó.

Los retos han forjado su carácter, subraya Macías. “Estoy orgulloso de lo que he pasado, porque ha hecho lo que soy ahora”, expresó.