Elección: El “pequeño Marco” y sus menudos principios

El senador pasó de ser un duro crítico de Trump a alguien dispuesto a darle su respaldo
Elección: El “pequeño Marco” y sus menudos principios
Foto: EFE

Dice el sabio refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Y escuchar al senador republicano de la Florida, Marco Rubio, decir que le honraría ayudar al seguro nominado presidencial republicano, Donald Trump, para evitar que Hillary Clinton gane la presidencia, me confirma que el joven político tiene flacos principios y vuelve a propinarle una cachetada a los latinos.

Entiendo que la comunidad hispana no es homogénea; que tengamos intereses e ideologías diversas. Pero si algo nos une es una historia de lucha buscando mejores oportunidades. Nos acerca sentir empatía por nuestro hermano hispano independientemente de nuestra nacionalidad, raza, condición económica o situación migratoria.

En mi caso, como puertorriqueña, he hecho mía la lucha de la comunidad inmigrante por regularizar su estatus aunque soy ciudadana y muchos pensarían que el tema no debería interesarme. Pero me importa porque soy hispana y cualquier avance en mi comunidad hace que todos progresemos. Me importa porque tengo familia y no puedo imaginarme lo que es vivir con la incertidumbre de una deportación. Me importa porque es lo justo. Me importa por humanidad y por empatía.

A Rubio parecen faltarle humanidad, empatía y unos principios más sólidos.

En el plano migratorio los traspiés de Rubio han sido múltiples, como darle la espalda al plan de reforma migratoria amplia y olvidar la historia inmigrante de su familia.

Ahora se siente “honrado” de ayudar a Trump, un individuo que tildó a los inmigrantes de narcotraficantes y violadores, que prometió revocar en los primeros 100 días de su presidencia, si resulta electo, las acciones migratorias giradas por el presidente Barack Obama, quien asegura que el muro va; un bravucón que ofende a todos y tiene el apoyo de grupos supremacistas blancos.

Rubio catalogó a Trump de “timador” y cuando abandonó la contienda republicana, condenó la cultura de ataques “que alimenta una narrativa de coraje, rencor y frustración y todos tenemos que preguntarnos: ‘¿estamos contribuyendo a esto?'”. Ahora se encamina a hacerlo.

Cuando era candidato a senador federal, Rubio se opuso a la confirmación de Sonia Sotomayor, de origen boricua, a la Corte Suprema, pero apoya a Trump.

El desdén de Rubio por Hillary debe ser inmenso porque ni siquiera líderes republicanos como los ex presidentes George H. W. Bush, George W. Bush y el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, han digerido a Trump y sin ser hispanos han tenido más empatía por nuestra comunidad que Rubio.

Sus traspiés van más allá.

Cuando Rubio buscaba la nominación presidencial republicana fue a Puerto Rico a hacer campaña y, de hecho, ganó la primaria republicana boricua. A Rubio no le importó pedir apoyo mientras se opuso ―y se opone― a la posibilidad de que Puerto Rico, con 3.5 millones de ciudadanos estadounidenses, pudiera declararse en quiebra para reestructurar su impagable deuda de más de 70 mil millones de dólares.

A Rubio le importó un comino que Florida sea punto de llegada y hogar de miles de puertorriqueños que salen de la Isla buscando mejores oportunidades económicas. Rubio afirmó que Puerto Rico debe decidir su futuro político y que si opta por la estadidad, el Congreso debe permitir que se convierta en el estado 51. ¿No nos permiten declararnos en quiebra y nos van a permitir ser el estado más pobre de la Unión con casi 4 millones de hispanoparlantes y votantes de potencial inclinación demócrata?

Rubio no quiso ayudar a Puerto Rico porque algunos de los ejecutivos de los llamados “fondos buitre” que verían reducirse el monto de la deuda que con ellos tiene la Isla, contribuyeron a su fallida campaña presidencial.

El senador olvida que su estado es hogar de puertorriqueños que al llegar a Estados Unidos pueden votar automáticamente y es probable que recuerden que tanto Rubio como Trump no los ayudaron. Florida es vital para ganar la presidencia y el voto puertorriqueño jugará un papel importante, como también lo tendrá si Rubio reconsidera su retiro y decide postularse.

Trump bautizó a Rubio como “el pequeño Marco”, algo que parece no importarle al senador porque ciertamente su enorme ambición política empequeñece sus principios.

Dime con quién andas y te diré quién eres.