Los días más oscuros de Michael Phelps: drogas, alcohol y cárcel

El mejor nadador de la historia volvió a brillar en los Juegos Olímpicos a los 31 años; sin embargo, entre Londres 2012 y Río 2016 vivió situaciones muy difíciles
Los días más oscuros de Michael Phelps: drogas, alcohol y cárcel
Michael Phelps acumula un total de 25 medallas olímpicas.
Foto: EFE

Baltimore, Estados Unidos. El reloj marca la una de la madrugada del último lunes de septiembre de 2014. A Michael Phelps se le duplica la vista. Con una mano sostiene el volante de su Range Rover y con la otra intenta tomar el teléfono celular, en un objetivo que, por el momento y su estado, parece más difícil que lo que significó haber conquistado 18 medallas doradas en los Juegos Olímpicos. Lo agarra en un segundo de lucidez y marca el teléfono de su novia, Nicole Johnson, con quien se acaba de reconciliar luego de una separación de dos años y que se encuentra en la otra costa del país. Estuvieron juntos los días anteriores en California, a donde fueron por una boda. Pero él regresó no bien pudo.

La imagen lde Michael Phelps que le dio la vuelta al mundo
La imagen lde Michael Phelps que le dio la vuelta al mundo

Phelps está fatigado, confundido. Se las ingenia para lograr contarle que estuvo en el Horseshoe Casino, en una noche de copas y póker, y ahora está manejando rumbo a su casa. Ella le pregunta si está en condiciones de manejar. Está preocupada “por la fatiga tras un fin de semana frenético que, combinado con su largo viaje, podían agravar los efectos del alcohol en su sistema“, cuenta el diario The New York Times en un artículo en el que detallan los días oscuros del nadador más famoso del mundo y en el que se basan estas líneas. Pocos minutos después de la charla, él le envió un mensaje: “Hay un patrullero detrás de mí”. La Policía comenzó a perseguirlo cuando advirtieron que circulaba en zigzag y a 135km/h en una zona de 70. Recién volverá a comunicarse desde la cárcel.

Ese día Phelps perdió su exquisito estilo de nado al ras del agua y tocó fondo. Ese día el atleta más premiado de la historia de los Juegos Olímpicos fue vencido por sus adicciones. Alcohol, drogas. No importa cuál, ambas lo acompañaron durante sus momentos más oscuros. Pero ese día, también, Phelps volvió a nacer. O, mejor dicho, se impuso con fuerza en busca de la superficie. No lo entendió de inmediato. Incluso, estuvo tres días encerrado en su casa sin hablar con nadie y hasta le envió un alarmante mensaje a su agente: “Ya no quiero estar vivo“. Este episodio se sumaba al escándalo que había vivido cuando fue detenido por tenencia de marihuana.

Phelps saluda a su esposa e hijo
Phelps saluda a su esposa e hijo

El primer envión para salir de lo profundo fue recibir el consejo de su círculo íntimo: internarse en una clínica de rehabilitación. Su entrenador, Bob Bowman, no quería saber nada con eso: “Yo pensé que iría a algún lugar en Malibú a sentarse en la playa durante seis semanas y que regresaría igual que se había ido. No pensé que pudiera cambiar”, recuerda en diálogo con NYT. Pero reconoce que era necesario: “No tenía idea qué quería hacer con el resto de su vida. Me hizo sentir fatal. Recuerdo que un día le dije; ‘Michael, tienes todo el dinero que cualquier persona de tu edad quiere y necesita, tienes una profunda influencia en el mundo exterior, tienes tiempo libre y a pesar de eso eres la persona más infeliz que conozco’”.

Con más dudas que certezas, Phelps aceptó internarse en el centro de rehabilitación The Meadows. “Tenía mucho miedo al entrar. No estaba listo para ser vulnerable. Después de un par de días me dije a mí mismo: la pared se derrumbó. Entremos ahí y veamos”.

El segundo envión llegó a las dos semanas de su ingreso. Así lo cuenta NYT: «En su segunda semana de rehabilitación el círculo de hombres al que él pertenecía le otorgó el bastón saguaro, un símbolo de poder que circula cada semana entre los pacientes a los que se les atribuyen cualidades de liderazgo. Phelps dijo que estaba más orgulloso de eso que de cualquiera de sus medallas olímpicas».

Phelps durante su participacion en Rio 2016
Michael Phelps durante su participación en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

¿Y el tercer y último gran impulso? La lectura. El nadador más famoso de la historia dejó de ser un simple pasador de revistas para volcarse de lleno a los libros, que hasta podía leer con frecuencia en voz alta durante las reuniones grupales. Su obra de cabecera fue El hombre en busca de sentido, de Víktor E. Frankl, un psiquiatra sobreviviente del Holocausto. Luego, llegaron El poder de la mente subconsciente y Vivir la vida con sentido.

Cuando tomó aire en la superficie, apareció un hombre nuevo. O al menos dejó ver su lado más humano. Los récords y los triunfos dejaron de ser su obsesión. La competencia pasó a ocupar otro plano en su día, perdió por varios cuerpos contra sus nuevos ejes: la familia y los amigos.

//platform.twitter.com/widgets.js

Un tramo del perfil que tomamos como eje de este artículo resume a la perfección el cambio del máximo ganador de medallas de oro en los Juegos Olímpico (hoy con 21): «A Bowman le costó trabajo asociar al nadador que usaba audífonos antes del clavado para abstraerse del mundo exterior, esa persona que estaba tan absorta en sí misma que no se sabía los nombres de sus compañeros de equipo en los juegos olímpicos de 2004 y 2008, con la persona parada frente a él ofreciendo pequeñas biografías de los personajes que pasaban. Decía cosas como: “Ese tipo de allá, es dueño de su propia compañía“, dijo Bowman. “Tenía una pequeña historia sobre todos. Nunca lo había visto así. Lo miré como diciendo: ‘¿Quién eres?’”».

¿Quién es? Michael Phelps, un número uno.