“Somos un pueblo de campesinos, no cerveceros”

Conoce la situación en la que se encuentran los ejidatarios del Valle de Mexicali
“Somos un pueblo de campesinos, no cerveceros”
Foto: Iván Mejía / EFE/Archivo

MÉXICO.- Después de intentar bloquear a la cervecera Constellation Brands, dueña de las marcas del Grupo Modelo; después de demandarla ante el Departamento de Justicia estadounidense y ante Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República en México; después de marchar por caminos y carreteras de la Ciudad de México y Baja California, los campesinos de la fronteriza ciudad de Mexicali temen lo peor.

“Que pierdan la batalla, las tierras se sequen, y las familias rurales que por siglos han sobrevivido más allá de la industria tengan que emigrar”, resume Rigoberto Campos, integrante de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y representante de los ejidatarios del Valle de Mexicali, en entrevista con este diario.

En pocas palabras: que la industria se impongan al campo justo en el momento en que por primera vez después de la Revolución Industrial la agricultura se perfila como el negocio del futuro por la crisis alimentaria mundial prevista. “Es una falta de visión”, según el activista Campos.

En enero de 2016, Constellation Brands informó que construiría una nueva planta cervecera para satisfacer su mercado californiano desde Mexicali, donde adquirió 300 hectáreas: 100 vendidas por el gobierno y el resto por ejidatarios de la comunidad de San Felipe.

Pero el problema inició cuando los campesinos se enteraron del número de litros cúbicos de agua que la empresa utilizaría para su construcción y posteriormente para su operación en una región desértica donde cada gota cuenta como cuencas de oro.

“Cada año el gobierno activa de seis a siete veces los pozos para abastecernos de agua por dos o tres días. Eso es suficiente para lo que cultivamos y las temporadas, pero no si queremos sembrar más”.

Baja California es un fuerte productor de cereales como trigo, cebada, avena y sorgo; hortalizas de exportación, del chile al espárrago, lechugas, brócolis, betabel, coliflor y frutas como melón y sandía. Aún con estos datos, el gobierno estatal –afirma Campos- no ha hecho más que “minimizar” a los agricultores que representan el 11% de la población económicamente activa estatal.

En 2007, en el municipio de Nezahualcoyotl, la empresa mexicana Zahorí con permisos de las autoridades pavimentó cientos de terrenos para construir industrias y tapó una parte de los acueductos que suministran agua al ejido. “El pavimento no dejó que se filtrara el agua a los campos y así empezaron a secarse, los cultivos se terminaron y, por lo tanto, el ganado. Ahora ese ejido ya no sirve para el campo y ha sido ocupado por más empresas que compran y construyen”.

Luego vino la desgracia social. “Las familias campesinas tuvieron que migrar al centro de la ciudad a conseguir empleo, pero su única alternativa son las maquiladoras, en las que ganan muy poco”, detalla sobre las causas de los cinturones de miseria local. “Se van poco a poco, primero se va el hijo y ya no regresa, luego los hermanos, el nieto, el papá, el abuelo”.

Desde otra perspectiva Carlo Humberto Bonafante, secretario de desarrollo económico de Baja California, observó que Constellation Brand (cuya inversión se calculó en 1,400 millones de dólares) generará 740 empleos directos y 1, 500 indirectos y salarios superiores a la media además de que el agua que utilizará después de la construcción equivale a la misma cantidad de las 173 hectáreas de riego de la zona en conflicto, o sea, el 0.08%.

Campos dice que hoy por hoy  siembran menos–a pesar del potencial- porque el gobierno ha dejado poco a poco de apoyarlos: anteriormente les daba alrededor de 40 dólares mensuales (en su equivalente en pesos) y ahora sólo nueve. “Su inversión está en otra parte”.