La gran mentira alrededor del mito de la pirámide de Chichén Itzá

Arquélogos estudian el fenómeno que ocurre en este lugar durante el equinoccio de primavera y hay algo que a ellos no les checa
La gran mentira alrededor del mito de la pirámide de Chichén Itzá
El fenómeno de luz y sombra que ocurre en el lugar durante el inicio de la primavera está siendo cuestionado.
Foto: Shutterstock

Muchos turistas, tanto de México como de distintas partes del mundo, se dan cita durante el llamado equinoccio de primavera en Chichén Itzá, uno de los principales sitios arqueológicos de México, el cual se localiza en el estado de Yucatán.

Una de las principales atracciones de dicho lugar en ese día del año es que la leyenda cuenta que el dios Kukulkán, representado como una serpiente emplumada, desciende por la principal pirámide del lugar conocida como El Castillo en el inicio de la primavera, un fenómeno que muchos científicos explican como un juego de luces y sombras que se da por la posición del Sol.

Durante cientos de años se ha tenido la creencia que los mayas, la civilización que habitó esta región hace miles de años, estaban tan avanzados en astronomía, planearon que ocurriera este hecho mientras construían la pirámide, una teoría que hoy ha sido desechada por los arqueólogos  Ivan Šprajc y Pedro Francisco Sánchez Nava.

Ambos consideran que este juego de sombras es más un hecho casual y no algo planificado; esto se prueba porque puede apreciarse durante todo un mes, desde el 10 de marzo hasta mediados de abril, y no en un solo día como la mayoría de la gente cree.

También consideran que las cabezas de serpiente que están en la basa de la escalinata norte fueron colocadas ahí no por el efecto de la luz, sino porque era la escalera principal.

Los arqueólogos también han concluido que esta pirámide y otras construcciones tienen una orientación específica para simbolizar el orden ideal del cosmos y no por querer registrar fenómenos, como los que suceden durante los equinoccios.

A esto también habría que agregarle que hasta ahora, no existe evidencia alguna de que para los pueblos mesoamericanos tuvieran un significado especial los equinoccios, es más, se cree que no tenían dicho concepto.

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