Kelly:  los inmigrantes indocumentados “no se integran bien” a la vida en EEUU

Los comentarios de Kelly reflejaron la xenofobia que aqueja a la Administración, dijeron demócratas y activistas pro-inmigrantes
Kelly:  los inmigrantes indocumentados “no se integran bien” a la vida en EEUU
John Kelly es el jefe de Gabinete del presidente Trump.
Foto: EFE/ Michael Reynolds

WASHINGTON— Al defender la política de “cero tolerancia” en la frontera sur, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, afirmó este viernes que los inmigrantes indocumentados carecen de educación y destrezas laborales y “no se integran” fácilmente a EEUU, desatando críticas de los demócratas y activistas de la comunidad inmigrante.

En una entrevista difundida hoy por la cadena de radio pública “NPR”,  Kelly reiteró los argumentos que ha usado la Administración Trump contra los inmigrantes indocumentados, al asegurar que éstos “optaron” por violar las leyes de inmigración.

“La vasta mayoría de la gente que entra ilegalmente a EEUU no son malas personas, no son criminales, ni de la (pandilla) MS-13… pero tampoco son personas que se asimilarían fácilmente a EEUU, en nuestra sociedad moderna”, dijo Kelly.

A su juicio, la mayoría son “personas del campo”, vienen de países donde llegar a “cuarto, quinto y sexto grado son la norma”, “no hablan inglés” y “no se integran bien” ni tienen las destrezas laborales para un buen desempeño en EEUU.

Kelly aseguró que aunque siente empatía por ellos porque “no son mala gente”, eso no borra el hecho de que “eligieron cruzar ilegalmente” a EEUU y el gobierno tiene que hacer cumplir las leyes.

Los cruces ilegales son “una técnica que nadie espera que sea usada extensamente o por mucho tiempo”, enfatizó Kelly.

Kelly se sumó a las recientes declaraciones han realizado los secretarios de Justicia, Jeff Sessions –éste anunció la política de “cero tolerancia” el mes pasado-, y de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, para justificar el recrudecimiento del combate contra los inmigrantes indocumentados en la frontera sur, aún si tienen casos de asilo legítimos.

Kelly, antiguo secretario de Seguridad Nacional, también aplaudió el desmantelamiento del “Estatus de Protección Temporal” (TPS) para más de 320,000 inmigrantes indocumentados –buena parte de ellos de El Salvador y Honduras-, al insistir en que el Congreso debe resolver el problema mediante una legislación.

Sus palabras, para la oposición demócrata y los grupos pro-inmigrantes, no dejaron dudas del cariz de racismo contra los inmigrantes latinos, al hacer generalizaciones y poner a todos “en un mismo saco”.

La presidenta del Caucus Hispano del Congreso (CHC), Michelle Luján Grisham, condenó los comentarios prejuiciosos de Kelly, y le recordó que sus comentarios y actitudes son similares a los que se usaron contra otros inmigrantes en el pasado y no tienen cabida en EEUU.

“Es triste tener que recordarle a esta Administración de que los inmigrantes fundaron este país y han luchado y caído en cada guerra en la historia estadounidense”, enfatizó.

“Son las historias de los inmigrantes las que dan vida y renuevan el Sueño Americano. Sus comentarios sobre los inmigrantes y la política migratoria traicionan esta historia y nuestros valores”, puntualizó.

Por su parte, Kica Matos, portavoz del Movimiento por una Reforma Migratoria Justa (FIRM), dijo que la entrevista  con NPR solo confirma la “plaga de supremacistas blancos” que aqueja a la Administración, y le da la espalda a quienes buscan refugio en la frontera sur.

Otros grupos pro-inmigrantes emitieron sendos comunicados para denunciar los estereotipos de Kelly.

Kelly pareció contradecir los argumentos de Sessions, y del propio presidente Donald Trump, que han hecho de los inmigrantes indocumentados un sinónimo de “criminales”.

La “criminalización” de los extranjeros es una película que se ha repetido en otros ciclos “nativistas” en la historia de EEUU, en el que grupos anti-inmigrantes ven en los extranjeros a un enemigo y los culpan de todos los males del país.

En el fondo, claro está, estas declaraciones reflejan no tanto el presunto temor a la depresión salarial o el “robo” de empleos sino al pánico de grupos de ultraderecha que ven la creciente diversidad étnica o cultural de EEUU como una amenaza a la mayoría anglosajona.

Pasó con la ola de inmigrantes chinos, japoneses, italianos o irlandeses, y está pasando ahora con los latinos, pese a que la economía estadounidense necesita de la mano obra tanto altamente calificada como la de bajas destrezas.

Los argumentos de la Administración, además, ignoran los numerosos estudios, incluyendo uno del “Migration Policy Institute”, de que los inmigrantes, con o sin papeles, se integran bien a la sociedad estadounidense, cometen menos crímenes que los nacidos en este país, y contribuyen al crecimiento económico.

Nada de eso parece importar a la Administración, que la semana pasada comenzó a instituir el enjuiciamiento de toda persona que cruce ilegalmente el país, mientras continúa la separación de familias.

En declaraciones a este diario, Nielsen dijo esta semana que nadie estará a salvo de la deportación, ni siquiera las mujeres embarazas, a las que aconsejó en una audiencia ante el Senado a que “vayan a los puertos de entrada” legítimos si quieren defender sus casos.