Barras argentinas enfrentan por décadas una “violenta” tradición

La pasión y sentido de pertenencia del aficionado argentino hacia un club, se ha visto nublada por un odio a ultranza en contra quienes visten otra camiseta
Barras argentinas enfrentan por décadas una “violenta” tradición
Desde 1922, la pasión por el fútbol en Argentina ha dejado 328 muertes
Foto: EFE

Lo que en Argentina no se ha podido solucionar durante años, era imposible que la Conmebol lo lograra en dos partidos de futbol.

Una final de Copa Libertadores soñada por un país, por un continente y por el resto del mundo que admira la pasión que genera un enfrentamiento entre Boca Juniors con River Plate terminó en desilusión, frustración, violencia y el partido jugándose dos semanas después en otro país.

La pasión y sentido de pertenencia del aficionado argentino hacia un club, se ha visto nublada por un odio a ultranza en contra quienes visten otra camiseta, incluso, con ataques entre ellos mismos que han provocado 328 muertes desde 1922.

En 1891 comenzó, como futbol amateur, la Liga argentina y para 1931 dio inicio el profesionalismo. Pero a partir de 1990 se han registrado el mayor número de muertes -200- según Salvemos al Futbol, una organización no gubernamental argentina que trabaja para erradicar la violencia.

Las agresiones al camión de Boca y los actos vandálicos en una de las avenidas cercanas al Estadio Monumental, fue un reflejo del nulo control y autocontrol de las barras bravas y lo que ocurre cotidianamente en su futbol.

“En la previa a la Final ya el clima estaba enrarecido porque no se sabía si se iba a jugar contra River o no, por el reclamo del Gremio de por medio. Cuando ya se oficializó que se jugaba, la verdad que había mucha ansiedad, expectativa y nerviosismo por parte de aficionados de ambos clubes”, comentó un integrante del Club Boca Juniors que pidió el anonimato.

“Fue un ataque salvaje contra el micro nuestro en los alrededores del estadio, continuó hasta la puerta del estadio e inclusive contra la ambulancia donde trasladaron al jugador nuestro. Fue algo gravísimo”, expresó.

En el 2013, una de las medidas de la AFA para evitar enfrentamientos fue la prohibición en los estadios a las hinchadas visitantes, una regla para todas las categorías.

Dicha medida fue tomada por la muerte de Javier Jerez -aficionado del club Lanús- quien fue asesinado por la policía en el Estadio Único de La Plata, el 10 de junio de 2013.

Cinco años después cedieron al regreso del público visitante, pero con excepción de los grandes equipos Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo.

A pesar de continuar los episodios de violencia, el índice de hinchas que fallecieron a causa de enfrentamientos, disminuyó en los últimos años.

De 18 aficionados que murieron en 2014 en ataques entre barras, la cifra en 2017 fue de 6, y hasta el momento en 2018, una persona perdió la vida. En la última década, suman al rededor de 90 decesos.

“Existe la particularidad de que no haya hinchas visitantes, por ese motivo en la Boca no hubo ningún incidente antes del partido, ni durante. En el estadio de ellos (River) fue muy distinto todo, creo que el operativo de seguridad mostró muchas deficiencias y el comportamiento de la gente no estuvo a la altura”, dijo.

Las barras bravas en Argentina tienen vínculos con políticos, policía y administración de los clubes.

Por lo general los grupos están compuestos por cientos de miembros, su labor principal dentro del estadio es cantar y apoyar a su equipo durante los partidos, pero fuera ganan dinero revendiendo las entradas, estacionando autos y traficando drogas.

La 12, como se le denomina a la barra brava de Boca Juniors, gana más de 70 mil dolares mensuales, de los cuales 15 mil son para el líder del grupo.

“Hay gente que lo vive con pasión, con muchísima expectativa, lo deja todo en la cancha en cuanto a pulmones para alentar a su equipo y termina el partido y se van contentos o tristes a su casa sin hacerle daño a nadie y son la mayoría. El tema es que siempre unos cuantos violentos dan la nota”.

Lo de la barra del River Plate de hace dos semanas fue una pequeña muestra de lo que ocurre frecuentemente en Argentina.