Inmigrante guatemalteco lucha por un futuro mejor

Una escuela no tradicional le da herramientas para completar la secundaria

Inmigrante guatemalteco lucha por un futuro mejor
Israel Hernández, 21, emigró hace cinco años como menor no acompañado y lucha por obtener una educación superior. (Jacqueline García)
Foto: La OPINION

Israel Hernández tenía 16 años cuando decidió emigrar hacia Estados Unidos tras darse cuenta, dice, que en su natal Guatemala no tendría un futuro prometedor.

“La gente se gradúa de las universidades pero no hay oportunidades, no hay empleos”, dice el joven, quien ahora tiene 21 años de edad.

Después de hablar con sus padres y con unos quetzales en la bolsa —lo equivalente a 20 dólares— Hernández se despidió de ellos y embarcó un camino hacia lo desconocido. La meta era llegar con sus hermanos mayores que viven en Los Ángeles.

“Cuando yo decidí venir mi idea era trabajar… Es lo que se piensa cuando uno viene para acá. Yo no pensé que iba a estudiar”, recordó.

Al llegar a México, recuerda que con el temor latente —y debido a que era su única opción— se montó sobre el tren de carga conocido como La Bestia para cruzar el país azteca.

“Tenía miedo porque tenía que subir cuando el tren iba caminando pero sí lo hice”, contó Hernández quien llegó a la frontera México-Estados Unidos en la primavera de 2013 como uno de muchos menores no acompañados.

“Lo peor fue cuando estábamos en el desierto [intentando cruzar] como ocho personas y los de la mafia llegaron para robarnos nuestro dinero y los números de teléfono para llamarles a nuestros familiares y pedirles dinero”, señaló.

Pese a que él no sufrió secuestro, sí quedó abandonado sin dinero y ni comida. Fue entonces que su desesperación lo obligó a entregarse a los agentes de inmigración en Texas.

“Me hicieron preguntas y les conté todo lo que había pasado”, dijo Hernández quien eventualmente fue enviado a un centro de detención en el mismo estado.

Después de 15 días encerrado, fue dejado en libertad para reunirse con sus hermanos y desde Los Ángeles poder pelear su caso migratorio.

Israel Hernández, 21, emigró hace cinco años como menor no acompañado y lucha por obtener una educación superior. (Jacqueline García)

Sueño a punto de desvanecer

Lo que inicialmente se había convertido en una amena reunión con sus tres hermanos eventualmente se tornó en una cruda realidad para Hernández.

Cuando el joven fue dejado en libertad del Centro de Detención de Texas le dijeron que sería inscrito en una escuela inmediatamente.

Al llegar a Los Ángeles sus hermanos lo inscribieron en una secundaria para comenzar el noveno grado; no obstante después de un año le dijeron que ya no podía seguir estudiando porque tenía que ponerse a trabajar.

“Entonces dejé de estudiar por dos años para trabajar… Lo hice en la costura y haciendo cremas en fábricas del centro de Los Ángeles”, contó el joven.

Sin embargo su sueño de continuar sus estudios no habían muerto. Debido a que ya pasaba la mayoría de edad, el guatemalteco ya no era aceptado en una escuela tradicional así que se las ingenió para seguir buscando hasta que encontró la escuela The Education Corps-Saito High School en el área de Pico Union.

“Un amigo me recomendó esta escuela y ya llevó aquí más de un año”, indicó.

“Mis hermanos solo tienen la mentalidad de trabajar y trabajar pero a mí sí me gustaría estudiar para tener un trabajo mejor”, recalcó.

Sin embargo, su lucha por sobresalir no ha sido fácil. Hernández continúa con su estatus de indocumentado y para no tener problemas con sus hermanos trabaja tiempo completo en un restaurante por las tardes después de salir de la escuela.

“A veces sí llego cansado a la casa como 11 u 11:30 de la noche y no quiero hacer la tarea pero [lo hago porque]también quiero salir adelante”, dijo el joven cuya meta es eventualmente convertirse en un agente de la policía.

Israel Hernández recibe orientación del disciplinario Martín Martínez en la escuela Saito High School del área de Pico/Union.

Una segunda oportunidad

La escuela Saito se ha convertido en un segundo hogar para Hernández donde se siente bienvenido pese a ser inmigrante refugiado y tener un inglés limitado.

El disciplinario de Saito, Martín Martínez dijo que el plantel de unos 65 estudiantes —cuyas edades van desde los 17 a 25 años de edad—cuenta con un alto número de estudiantes centroamericanos.

“Arriba del 60% o 70% de inmigrantes”, dijo Martínez.

Los estudiantes que usualmente asisten a esta escuela son aquellos que no pudieron mantener un espacio en una escuela tradicional o estudiantes que ya sobrepasan los 18 años y no han obtenido su diploma de secundaria.

“También si vienen de otros países y tienen educación universitaria aquí les ayudamos para proveer créditos que son válidos”, dijo Martínez.

El currículo de la escuela de Saito permite ofrecer el diploma de secundaria entre 18 a 24 meses.

“Los maestros comprimen las clases y trabajan con los estudiantes ya que sabemos que sus horarios son diferentes por el trabajo o familia”, indicó el director.

Al terminar sus clases los jóvenes tienen acceso a un paquete de graduación que incluye paseos a parques de diversiones, baile de promoción, fotos con toga y birrete y la ceremonia de graduación.

“Creemos que el individuo necesita tener recuerdos para su futuro. Si el padre se gradúa de secundaria es más probable que su hijo también lo haga”, aseveró Martínez.

Todos estos son objetivos que pronto alcanzará Hernández quien está a punto de graduarse en la primavera y planea continuar con su educación superior.

Señala que aunque su estatus de indocumentado le preocupa, eso no lo detiene.
“Creo que todos los obstáculos que tuve en todos los pasos del camino me ayudan para saber que puedo hacerlo”, dijo con seguridad..

Para saber más acerca de la escuela Saito High School y otros planteles de Los Ángeles Education Corps llame al (213) 389-3103 o visite https://www.laedcorps.org/