Transgénero y sin hogar: Cómo una latina lograr dejar la vida en las calles

Apple Lazo encontró ayuda en el Centro LGBT de Los Ángeles. / foto: Aurelia Ventura.
Apple Lazo encontró ayuda en el Centro LGBT de Los Ángeles. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Durante el año y medio que Apple Lazo, una transgénero latina vivió en las calles del centro de Long Beach, su mayor preocupación era saber dónde dormiría cada noche.

“Me quedaba en bancas o abajo de los puentes, siempre cuidándome de que no me fueran a atacar. Para protegerme dormía con algún grupo de personas desamparadas como yo”, recuerda.

Ella fue parte de los cientos de personas transgéneros que tienen por hogar la vía pública en el condado de Los Ángeles.

Con el apoyo de amigos que la conectaron al Centro LGBT de Los Ángeles pudo dejar las calles. Hoy vive para ayudar a otras personas transgéneros y en situación de riesgo para que dejen el desamparo y comiencen una nueva vida bajo un techo.

Apple Lazo logró dejar la vida en las calles y ahora trabaja para la organización Safe Place for Youth que apoya a jóvenes desamparados. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Apple nació hace 23 años en El Monte. Abandonó su hogar, agobiada por los conflictos familiares.

“Al principio, vivía con amigos. Me daban oportunidad de quedarme con ellos, pero poco a poco se me fueron cerrando las puertas. Yo decidí ya no quedarme con amigos, cuando empezaba a escuchar que ya no podía quedar, o cuando me decían que a su roomates no les gustaba que yo me quedara”, dice.

Así fue como prácticamente, un día de noviembre de 2017, a los 21 años se vio forzada a convertirse en una más del ejército de desamparados de Los Ángeles.

“Lo más duro de vivir en la calle es no tener un techo donde dormir calientito y no contar con un lugar donde poder hacerte algo de cenar”, dice.

Apple revela que lo único que le daba fuerza en esos días aciagos de desamparo, era rezar. “Yo rezaba mucho pidiendo a Dios por un techo y por no ser abusada o robada”, expresa.

Apple Lazo (L) trabaja como guía de otros jóvenes desamparados o en peligro para ayudarlos a salir del desamparo o evitar que caigan en éste. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Aún con la indigencia a cuestas, Apple nunca dejó de asistir al colegio comunitario a estudiar negocios.

“Es difícil poner atención al maestro cuando no sabes dónde vas a dormir y a comer”, sostiene.

Y afirma que muchas veces se vio en riesgo de ser víctima de abusos y ataques en la calle, pero siempre lograba escapar.

También se siente contenta porque logró vencer la tentación de consumir drogas cuando era una persona sin hogar. “Nunca quise probarlas”, confía.

Cuando vivía a la intemperie, conoció a unas personas que le dijeron que en el Centro LGBT de Los Ángeles podían ayudar a salir del desamparo.

“En febrero de 2018, tomé el camión de Long Beach a Los Ángeles. Inmediatamente recibí ayuda. Ellos me brindaron un techo de emergencia, me dieron terapia, ropa y comida”, explica.

Apple Lazo se siente contento de haber dado un vuelco a su vida. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Apple recuerda que la cama que le asignaron estaba muy lejos de ser la mejor. “Pero cuando me senté, lloré mucho de felicidad porque ya tenía un techo. Estaba cansada de dormir en el piso sobre las piedras”, cuenta emocionada como si reviviera el momento.

Durante una feria de trabajo, Apple encontró empleo como guía de otros jóvenes en la organización no lucrativa Safeplaceforyouth.org en la ciudad de Venice, dedicada a empoderar, inspirar y cuidar a los jóvenes de los 12 a los 25 años que experimentan el desamparo o en situación de riesgo.

Los jóvenes reciben acceso a médicos, psiquiatras, dentistas, ropa, medicina y apoyo para ir a la escuela, encontrar empleo y vivienda.

“Estoy muy feliz porque ayudó a mucha gente joven”, dice.

Por las tardes, Apple trabaja como mesera en un restaurante de comida orgánica.

Apple Lazo quiere estudiar para abogado. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Atrás quedó su vida de desamparo. “Muchas personas trans que viven en la calle se ven obligadas a prostituirse para sobrevivir en ese medio”, se lamenta.

Ella considera que el aumento del desamparo tiene que ver en gran parte con el alto costo del alquiler en Los Ángeles. “La gente no puede pagar esas rentas tan caras. Yo aún con dos empleos, me resulta difícil, y aún estoy recibiendo apoyo del Centro LGBT para la vivienda”, explica.

El sueño de Apple es ir a la universidad. “Quisiera ser abogada porque me gusta romper reglas”, dice. Aunque también le entusiasma trabajar en el negocio de planeación de bodas.

Becky Avila, gerente de becas de Safe Place for Youth dice que Apple ha traído a esta organización, una buena energía y es una defensora real a quien le gustan los desafíos. “Además habla inglés y español”, precisa.

De acuerdo al más reciente conteo de 2019 de la Autoridad de Servicios para los Desamparados de Los Ángeles (LAHSA), en el condado de Los Ángeles se registró un incremento de 12% en el número de personas sin hogar mientras que en la ciudad, el alza fue de 12%.  En el condado de Los Ángeles, hay 58,936 desamparados contra 36,300 de la ciudad de Los Ángeles.

En todo el condado de Los Ángeles, LAHSA reveló que hay 1,059 personas transgéneros desamparados, 932 sin un techo y 127 viven en albergues.

Beatriz Valenzuela de la organización Equality California, dice que de acuerdo al conteo de desamparados de 2019, hay al menos 8,900 personas de entre 24 y 18 años no tienen un hogar en el condado de Los Ángeles.

“El 40% de las personas jóvenes se identifican como LGBTQ”, precisa.