Cristina Vázquez, la activista asesinada que pone el foco en la inseguridad de la CDMX

El comité vecinal asegura que se trató de una venganza

Cristina Vázquez, la activista asesinada que pone el foco en la inseguridad de la CDMX
Al frente, de playera blanca, Cristina Vazquez, en una reunión de trabajo contra construcciones irregularidades.
Foto: Cortesía del Comité Nacional Hipódromo 2. / Cortesía del Comité Nacional Hipódromo 2.

MEXICO – Bajo los días de sol de la primavera de la Ciudad de México y aún en los torrenciales días de lluvias que le suceden, se veía a la activista Cristina Vázquez Chavarría recogiendo la basura, borrando graffiti y otros agravios del Parque Amistad México-Japón hasta el día en que la estrangularon.

No era cualquier cosa ese espacio verde ubicado en la colonia Condesa, una de las de mayor plusvalía en la capital mexicana: se había salvado de desaparecer en 2016. Las autoridades locales, encabezadas por el hoy senador Ricardo Monreal, querían que el actor Bruno Bichir montara un teatro, el foro Shakespeare.

Cristina, quien vivía enfrente, peleó junto con el Comité Vecinal para que no se construyera ese espacio porque, además de acabar con un espacio de oxígeno, era muy pequeño y debilitaría el suelo tanto como lo hacía en ese momento la empresa Ghetto.

Gheto compró una casa tipo art decó de dos niveles para construir en su lugar un edificio largo y grotesco que violó el reglamento inmobiliario y en lugar montar siete pisos, sumó 15, justo a lado del departamento de Cristina. Para tener bases fuertes que soportaran la alargada mole, los constructores tuvieron que sacar miles de litros de agua y eso debilitó a los alrededores

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“Estaba dañando la estructura del edificio de Cristina y ella estaba muy preocupada: por eso comenzó a movilizarse: pidió ayuda a la diputada Margarita Martínez Fisher, quien la orientó cómo hacer la denuncia y como no le hicieron caso fue a la alcaldía y tampoco. Al final se acercó a nosotros”, recuerda Quetzal Castro, directiva de la organización de vecinos.

A base de golpes legales, los vecinos lograron frenar la obra. Las autoridades ordenaron la demolición de los pisos sobrantes pero el dueño de Ghetro, Moises Bejar, utilizó un recurso legal conocido como “amparo” (para casos de abusos de autoridad) y así ganó tiempo.

La obra quedó a medias, con una tarima de madera sobre la calle que servía originalmente para recibir escombros que caían, pero, tras el abandono de la obra, se convirtió en trampolín de malandrines parea ingresar y guardar artículos robados y droga y también alcanzar el edificio de Cristina, donde murió estrangulada el 27 de junio pasado.

Los vecinos escucharon gritos y reportaron a la policía, pero nunca llegó. Rafael Guarneros, también del Comité Vecinal cree que posiblemente se trató de un acto de venganza contra la activista, de 50 años, quien vivía sola, y aparentemente no tenía ninguna relación sentimental, aunque la investigación judicial apunta a un asunto pasional.

La hipótesis principal de la policía de la Ciudad de México apunta a que un novio a quien habría conocido recientemente habría ingresado con el permiso de ella por lo cual podría tratarse de un feminicidio. “Lo que queremos es que se esclarezca porque Cristina no era una pieza cualquiera de las cifras de delincuencia”, insiste Guarneros.

La capital mexicana está pasando por una mala rancha de inseguridad y crímenes de alto impacto en últimos tiempos. La oposición la achaca a las malas decisiones de la alcalde Claudia Sheimbaum, el empoderamiento de los cárteles y a que el nuevo sistema de justicia penal ha dejado libres a unos 12,000 presos que bien que mal se encontraban detenidos.

El resultado, de acuerdo, con datos oficiales de la procuraduría de justicia local, son cuatro asesinatos al día. Esto es exactamente el doble de los casos que reconocía la ciudad y peor aún: el 95% de los crímenes sigue en la impunidad