Y ahora… ¿Quién salva a los bomberos del condado de Los Ángeles?

Obsoletos sistemas de comunicaciones afectan la eficacia de los 'apagafuegos' que diariamente asisten y salvan vidas de los residentes.

Los “apagafuegos” de la Estación 26 de Bomberos del Condado de Los Ángeles.
Los “apagafuegos” de la Estación 26 de Bomberos del Condado de Los Ángeles.
Foto: Jorge Macías / Impremedia

Por inaudito que parezca en pleno siglo XXI, trabajadores de la estación 26 de bomberos en la ciudad de La Puente buscan las direcciones de emergencia en mapas enlaminados de plástico. Sus computadoras añejas no tienen instalado un Sistema de Posicionamiento Global o GPS.

Por si fuera poco, el sistema de despacho asistido por computadora que utilizan para responder a una emergencia es realmente obsoleto.

“Este sistema de computación ya estaba instalado desde hace muchos años”, dice el bombero José Marroquín. “A veces se pierde la señal; se tiene que renovar, pero nosotros no tenemos el dinero para actualizarlo”.

Cuando el superior de Marroquín, el capitán Michael Reyes era paramédico, sus reportes tenía que hacerlos a mano.

El capitán Michael Reyes de la Estación 26 de Bomberos del Condado de Los Ángeles.

Ahora, Reyes usa una máquina para hacer sus anotaciones de los pacientes que atiende. El problema es que solamente puede hacer un reporte a la vez. El software del aparato no le da opción para escribir dos o tres reportes al mismo tiempo.

“Si vamos a ayudar a un paciente, no hay problema”, dijo Reyes. “Pero cuando son más, yo solamente puedo abrir una pantalla a la vez; muchas veces hacemos el reporte en una libreta”.

Reyes expresó que trabajar en dichas circunstancias resulta frustrante, pero sabe que hay departamentos de bomberos que tienen equipos más sofisticados y pueden realizar mejor su trabajo.

“Ellos no tiene problemas de conexión con la señal de internet, porque hay áreas donde pierdes comunicación”, dijo. “Y en este trabajo, un segundo que llegues tarde puede significar una vida”.

Bomberos y paramédicos asisten a una residente de LA.

En la era de la informática, los bomberos se están quedando rezagados.

“Necesitamos con urgencia un nuevo software de mayor velocidad para poder navegar con efectividad en la red”, dijo Reyes.

En la estación de La Puente, Reyes está al mando de seis bomberos y paramédicos: José Marroquín, Jonathan Lu, Taylor Child, Jonathan Ramírez y Steve Yoder. En total, allí son 18 bomberos asignados: seis por cada turno.

“Somos afortunados de tener dos paramédicos”, dijo. Ellos son Lu y Marroquín.

Por tradición, paramédicos como Lu y Marroquín son los primeros en llegar a la escena de una emergencia cuando alguien llama al 911.

Ellos están autorizados por el estado y pueden administrar varios tratamientos médicos, como Resucitación Cardiopulmonar (RCP), primeros auxilios e intubaciones. Sus decisiones rápidas y su cuidado son a menudo la diferencia entre la vida y la muerte.

Los paramédicos Jonathan Lu y José Marroquín muestran los artículos de primeros auxilios que usan para salvar vidas.

“Esto es algo que yo siempre quise hacer”, dijo Marroquín. “Cuando miraba pasar las trocas y escuchaba la sirena yo le decía a mi mama que, de grande, quería ser bombero para salvar vidas”.

Vidas como las que el capitán Reyes recuerda haber salvado.

“Recuerdo que, en 2013, en un solo día acudimos a tres emergencias; tuvimos que aplicar CPR tres veces, logramos recuperar el pulso de las personas y pudimos llevarlas al hospital”, dijo Reyes. “Recuerdo a un infante que no podía respirar, lo cargué en brazos y un paramédico lo revivió y recuperó el pulso”.

En ese instante aparecen lágrimas en este hombre.

“Me sentí bien aquella vez…Yo tengo mis hijos y me sentí orgulloso de lo que hice”, manifestó.

Un día de tantos…

La mañana del sábado 25 de enero parecía ser “tranquila” hasta que sonó la llamada de emergencia en la estación de bomberos 26, ubicada en el 15336 E. Elliot Ave, en la ciudad de La Puente, California.

Una madre fue golpeada por su hijo bipolar y drogadicto, y una familia con un pequeño de aproximadamente tres años salvaron milagrosamente la vida cuando una conductora imprudente se cruzó un semáforo en rojo y causó una tremenda colisión vehicular.

“¿Vienes con nosotros?”, preguntó el capitán Reyes al reportero.

“Por supuesto. Para eso vine. Quiero ver como hacen su trabajo y en qué condiciones lo hacen”, fue la respuesta.

Eran casi las 11 a.m. La sirena del camión es encendida. El bombero Jonathan Ramírez va al volante, se dirige hacia Hacienda Boulevard y dobla a la izquierda. El capitán Reyes ocupa el asiento delantero derecho; detrás de él, un bombero recién graduado, Taylor Child.

Por increíble que parezca, en un tramo menor a dos millas de distancia de la estación, numerosos conductores no saben qué hacer al paso del camión de bomberos.

Unos frenan de improviso; otros se orillan a la izquierda.  Es evidente que muchos han olvidado las reglas de manejo.

El camión cruza peligrosamente por el frente de varios automóviles en la esquina de Hacienda Boulevard y Amar Road. Era urgente llegar a un humilde hogar donde se requería su ayuda.

Hacen un alto. Alguaciles del condado tienen arrestado en la calle a un individuo. Se trata del joven bipolar que había lesionado a su madre. Pero la víctima no estaba allí.

Metros adelante, sentada en una cama, una mujer hispana lloraba. Se quejaba de dolor. Su hijo la había golpeado. ¿El motivo? Quería drogas.

Su hermano mayor, un individuo que sufre de esquizofrenia -también drogadicto- declara al reportero. “Se enojó porque no le quise dar “crack”.

El pleito entre hijos por droga provocó la ira de uno de ellos. Y la madre sufrió las consecuencias.

“Nunca me había pegado”, dijo la mujer. Ella se quejaba de dolor en el brazo derecho. Los paramédicos que llegaron al sitio no intervinieron. Solamente el bombero Taylor Child: quien le tomó el pulso y comprobó que ella estaba bien. La mujer declinó ser transportada a un hospital.

El camión se dirigía de regreso a la estación. No obstante, tuvo que hacer una parada más.

En la intersección sur de las avenidas Larke Ellen y Francisquito sucedió un choque espectacular. Las primeras investigaciones apuntaron a que una mujer de origen asiático manejaba a exceso de velocidad y se cruzó el semáforo en rojo.

El impacto entre la camioneta RAV4 y un BMW negro fue tan fuerte que el pequeño carro quedó incrustado entre un poste de luz y una barda de cemento. En ambos automóviles las bolsas de aire se activaron y salvaron la vida de todos los involucrados en el accidente.

Sentados en la acera, una pareja hispana contaba al capitán Michael Reyes y a los bomberos que estaban bien. El nerviosismo en ellos era evidente. Su hijo pequeño lloraba desconsolado. Estaba aterrado.

El bombero Taylor Child conversaba con el niño. Le ofrecía pegatinas de colores. Buscaba consolarlo. Lo tomó del brazo y lo subió al camión de bomberos y le explicó brevemente los instrumentos que llevan adentro.

Taylor tiene 29 años y es soltero. No tiene hijos todavía, pero con aquel niño procedió como un padre. O como un psicólogo.

“Necesitaba asegurarme que él estuviera bien”, comentó después en la estación. “Nosotros también podemos sentir el dolor de ellos. Somos humanos”.

 ¿Viene la ayuda en camino?

Con el respaldo de la Junta de Supervisores, el Departamento de Bomberos del Condado de Los Ángeles (LACFD) ha propuesto la medida FD que estará en la boleta electoral del 3 de marzo. Se trata de un impuesto de 6 centavos a las parcelas por pie cuadro que podría generar 134 millones de dólares al año para mejorar las herramientas de trabajo de los socorristas y el equipo que usan para satisfacer las demandas actuales en emergencias e incendios.

La Medida FD requerirá la aprobación de 2/3 de los votantes locales y exime a las personas mayores con ingresos limitados.