En El Salvador temía por su vida, en EEUU fue encarcelado y víctima de abuso físico

Periodista salvadoreño platica el mal trato que vivió en el centro de detención de Adelanto; ahora sobrevive en Tijuana.

En El Salvador temía por su vida, en EEUU fue encarcelado y víctima de abuso físico
Isaac Pérez, refugiado salvadoreño.
Foto: Manuel Ocaño / Impremedia

El periodista salvadoreño Isaac López dice que el abuso de fuerza con que lo sometieron a él y a otros ocho migrantes en el centro de detenciones de Adelanto, California –como se ve en un video–, fue parte de un maltrato exagerado y continuo que vivió dentro del centro penitenciario.

En el video se ve que una oficial rocía spray pimienta a los ojos a cada uno de los migrantes en una protesta pacífica, mientras que otros celadores los fuerzan a terminar una huelga de hambre.

López recuerda que una supervisora tenía un bote de gas pimiento y otro agente tenía otro, y les vaciaron uno y después el otro.

“Nosotros no podíamos ver nada, ni abrir los ojos por el ardor, y cuando nos llevaban caminando forzados, nos azotaban a cada paso contra paredes y marcos de puertas; nos llevaron a las regaderas y nos metieron al agua hirviendo para que nos ardiera. El agua tan caliente multiplica el ardor”, agrega el reportero de El Salvador.

En una humilde vivienda en un vecindario de bajos recursos de Tijuana, López platica a La Opinión que lo que el público pudo ver en ese video que recorre medios y redes sociales es solo parte de un maltrato continuo de la empresa privada Geo, que obtiene ingresos por cada migrante que mantenga sometido.

El video muestra la ruptura violenta de la huelga de hambre, pero no los motivos por los que el grupo de migrantes se arriesgó a protestar pacíficamente.

El abuso “comienza desde que usted llega ahí, desde que lo obligan a ponerse ropa interior con manchas de que la estuvo usando alguien más”, dice López, quien subraya que las hieleras -celdas- están muy llenas de gente y muy frías; además solo proveen agua dos veces al día y no a todos les toca.

“Y Adelanto queda en el desierto”, enfatiza.

Agrega que “dan desayunos, por ejemplo, de hot cakes, pero necesitaría un martillo para partirlos, comida casi a punto de echarse a perder; un día nos dieron piezas de pollo, que estaban ya descompuestas, y al levantarle la piel encontramos gusanos”.

La única forma de salir de esas condiciones en Adelanto era mediante fianzas que les imponían, a uno por lo general de 50 mil dólares, muy ocasionalmente de 45 mil, pero son sumas que casi ningún migrante ha visto en su vida, comenta.

La lista de irregularidades de Geo en Adelanto que menciona el periodista es más extensa, y llevó a que nueve migrantes decidieran entregar dos cartas con peticiones, una para ejecutivos de Geo y la otra dirigida a la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Los ignoraron por semanas. Así que el 12 de junio del 2017 decidieron comenzar el ayuno, y entonces los reprimieron.

Luego de disolver violentamente la huelga de hambre, dice López, fueron llevados a la celda en solitario; ahí se presentaron agentes del ICE hablando en español, aparentemente para dialogar, pero únicamente los amenazaron con dejarlos indefinidamente en solitario.

“Quedé muy decepcionado de Estados Unidos; para mí, el país significaba libertad”, dice López en su humilde vivienda, lejos de su tierra donde se desenvolvió profesionalmente.

En El Salvador en el 2015, López trabajaba en un programa investigativo de televisión en el que transmitió una serie de reportajes que vincularon a policías locales con pandilleros, por lo que fue amenazado cuando ninguno de los dos grupos pudo sobornarlo.

Huyó, dice, cuando las amenazas de muerte ya eran más directas. Llegó a México y tramitó el asilo, que le concedieron, vivió primero un tiempo en la Ciudad de México y luego en Tijuana, pero de alguna manera desde El Salvador las pandillas habían detectado su ubicación y volvieron a amenazarlo.

“Me voy”, le dijo a un allegado, y le entregó sus documentos mexicanos para que los guardara.

Entonces cruzó la frontera en mayo del 2017 y se entregó a la patrulla fronteriza a la que informó que deseaba pedir asilo. Estuvo en el centro de detenciones de Otay Mesa, cerca de la frontera, unos días y luego fue trasladado a Adelanto, donde el maltrato llevó a la huelga de hambre.

Después de la protesta pacífica e intento de diálogo fallidos, las condiciones para los migrantes que se integraron al ayuno deterioraron aún más. A uno de los nueve lo deportaron a lo inmediato, al resto lo dejaron en solitario, aunque por parejas.

Organizaciones de apoyo a los migrantes de Los Ángeles consiguieron que la fianza para López bajara a menos de un tercio, pero para él era de cualquier forma una fortuna. Le ayudaron a pagar y en libertad condicional podría esperar fuera del centro de detenciones el resultado de su petición de asilo.

Sin embargo, el periodista y ahora refugiado sintió que podrían venir represalias en su caso y decidió regresar a Tijuana. Ha sobrevivido con inestabilidad laboral y en condiciones precarias, pero dice sentirse bien en Tijuana.

Su nombre ahora forma parte de una demanda colectiva que presentó la abogada de derechos humanos Rachel Steinback en Los Ángeles, junto con un equipo de abogadas, a nombre de los ocho migrantes que permanecen en la región.

“Los demandantes fueron forzados a soportar condiciones inhumanas”, dice la abogada Stenback en la demanda contra la corporación multimillonaria, Geo, en la ciudad de Adelanto, California por permitir atrocidades en su perímetro, y contra oficiales específicos.

La demanda, presentada a mediados de agosto del año pasado en la corte federal, menciona daños claros, como una nariz rota con un instrumento con que golpearon celadores para anular la huelga de hambre, detalles que eso no se pudo apreciar en el video.