Cierre fronterizo impide a inmigrantes ver a sus familias

Aunque algunos sienten tristeza, indican que la medida es por el bien común y para evitar la propagación del COVID-19

Decenas de agricultores tienen familiares en México. /   fotos: David Rodríguez
Decenas de agricultores tienen familiares en México. / fotos: David Rodríguez
Foto: Impremedia

Con el cierre de la frontera sur de EEUU debido a la pandemia, muchos mexicanos y mexicoamericanos en California están físicamente aislados de su hogar o familia. Otros enfrentan la interrupción indefinida de sus casos de deportación o de residencia.

Brenda Martínez, estudiante del Hartnell College de 19 años y que planea estudiar enfermería, dijo que si el cierre de la frontera se llegara a extender por meses, no podrá ver a su madre y hermanos este año.

Martínez se mudó al condado de Monterey desde México para vivir con su padre hace cuatro años, después de que él y su madre se divorciaron. Ve a su madre, hermano y hermana cada seis meses.

Estaba pensando reservar un vuelo a México para quedarse con su madre por unos meses más, ya que sus clases se imparten en línea y sus turnos laborales en la tienda Ross Dress For Less de Sand City, California, han sido cancelados debido a la orden de confinamiento.

‘Si estoy vivo, está bien’

Como se sabe, el 19 de marzo, el presidente Donald Trump anunció que la frontera entre Estados Unidos y México se cerrará a cruces no esenciales, con el objetivo de ayudar a detener la propagación del coronavirus.

Se considera viajes esenciales los de fines médicos, asistir a instituciones educativas, respuesta a emergencias o con fines de salud pública, así como el comercio legal entre ambas naciones.

Para este viernes 3 de abril, había más de 1,500 casos de coronavirus en México, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

El 31 de enero eran 1,000, y el 25 de marzo, poco más de 400 casos.

Según la abogada en inmigración en Salinas, Blanca Zarazúa, dijo que la pandemia de COVID-19 ha aterrorizado a las personas que están en el proceso de apelar una orden de deportación o de obtener visas de residencia o ciudadanía.

Ese proceso, aunque lento, no se ha detenido, recalcó.

“Es terrible”, comentó Zarazúa. “Un cliente llamó a mi asistente 12 veces, luego volvió a llamar. Le envié un correo electrónico. Le escribí: ‘Por favor, tenga fe en mí. No tiene que presentarse, los tribunales van a estar cerrados’. Es que la gente está en un nivel muy elevado de miedo”.

Para aquellos que no están detenidos, sus audiencias de deportación se han pospuesto, mientras que los casos de los detenidos aún avanzan a través de videoconferencias.

“Una audiencia sobre asilo fue postergada hasta noviembre de 2021”, dijo Zarazúa. “Está bien, si es que estoy viva. El atraso en los casos es una locura”.

Cruz Santiago dice que el cierre es triste pero necesario.

«Sofocante, como triste»

La reacción al cierre de la frontera es mixta.

Zenaida Flores es copropietaria de la tienda de ropa Jiménez Fashions en Seaside. Aunque tiene familia en México, el cierre de la frontera no le afecta, dijo.

“No pensamos ir de momento”, indicó, no tengo planes de visitarlos.

A un lado se encuentra Lupita’s Bakery, una panadería de productos mexicanos en Seaside, que olía a pan y fruta. La banda sonora de “Coco” se escuchaba en los altavoces.

Un letrero en la puerta pedía que solo seis clientes entraran a la vez. Ingresando, había una gran botella de desinfectante para manos.

Alan Morales, el dueño, dijo que su padre había viajado a México durante el invierno y regresado a California pocas semanas antes de que Trump anunciara el cierre.

Estaba contento de que su padre no estuviera atrapado en el otro lado del cruce.

Para el salvadoreño Edwin Joel Pérez, quien ha cosechado fresas en Salinas durante dos años, el cierre de la frontera es “sofocante, como triste”. No puede regresar a El Salvador a ver a su familia.

“Nadie puede entrar a El Salvador”, dijo Pérez. “Si quieren pasar las detienen en la frontera”.

Por el bien mayor

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador ha alentado a sus ciudadanos a “vivir la vida con normalidad”.

México recién ha comenzado a implementar medidas, y a medias, informó Associated Press. Obrador y su gobierno aplazaron cerrar el país hasta fines de marzo, diciendo que dañaría desproporcionadamente a las personas pobres y sería un peso psicológico para todos los mexicanos.

López Obrador continuó asistiendo a manifestaciones públicas masivas, estrechando manos y besando a los bebés. Y cuando se le preguntó cómo iba a proteger a México, sacó dos amuletos de su billetera y los mostró con orgullo.

“El escudo protector es ‘Quítate de encima, Satanás’”, dijo López Obrador, leyendo la inscripción en el amuleto, y ‘Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

En los seis días subsiguientes, el número de casos positivos de coronavirus en México se duplicó con creces.

México tiene solo 5,000 camas de emergencia y alrededor de 1,500 salas de cuidados intensivos, para una población de más de 125 millones.

Cruz Santiago, el agricultor de Salinas, dijo que era triste que tanta gente no pudiera ver a sus familias, especialmente durante la pandemia.

Pero, dijo, es por el bien común, incluso si es molesto.

“Con todo lo que está pasando, es también para el bien de los demás, sí, aunque está triste”, dijo.

David Rodríguez, USA Today y Associated Press contribuyeron a este artículo.

Kate Cimini es periodista de The Californian. Este artículo es parte de The California Divide, una colaboración entre las salas de redacción que examina la desigualdad de ingresos y la supervivencia económica en California.