El temor de los trabajadores de un segundo contagio del COVID-19

‘El virus sigue allí’, dicen empleados de la empresa de carne de cerdo Farmer John.

Rina Chavarria aparece con sus hijos.
Rina Chavarria aparece con sus hijos.
Foto: Bertha Rodríguez / Cortesía

El temor de contagiarse por segunda vez, sobre lo que los científicos aun no se han pronunciado con claridad, lo tuvo que enfrentar este martes la guatemalteca Rina Chavarria.

La inmigrante regresó el martes a trabajar tras recuperarse de la enfermedad, cuyos primeros síntomas los sintió el pasado 21 de abril mientras trabajaba.

“Hay mucho miedo. No estamos seguros, y por eso hay mucha gente que está dejando de venir a trabajar”, sostuvo la guatemalteca de 52 años.

“Esta mañana –el martes- cuando llegué a trabajar el parking estaba vacío, yo creo que faltaron como unas 300 personas”, calculó.

José Guzmán teme ser contagiado nuevamente.

El virus continúa allí

Sin haber superado totalmente la COVID-19, José Guzmán dice que su mayor temor es regresar a su puesto en la procesadora industrial de carne Farmer John porque teme contagiarse de nuevo. No cree que el brote se haya eliminado de las instalaciones ubicadas en Vernon, California.

“Desgraciadamente el virus todavía está allí”, dijo Guzmán a través del teléfono desde su hogar, convaleciente y aun recuperándose del COVID-19 aunque ya  pasó lo peor.

El inmigrante mexicano, de 62 años y oriundo de Jalisco, estuvo en Cuidados Intensivos en un hospital luchando por su vida, tras contagiarse a mediados de abril con el nuevo coronavirus SARS-Cov-2.

No cerraron a tiempo

Guzmán cree que la negativa de la compañía de cerrar las instalaciones temporalmente para hacer una limpieza profunda cuando se dieron los primeros casos llevó a que la enfermedad se extendiera.

El brote, que comenzó con unos pocos empleados, ya alcanzó a 153 de los 1,837 trabajadores que tiene esta procesadora de cerdo.

El de esta planta se ha convertido en el mayor brote de COVID-19 en una empresa ubicada en el Condado de Los Ángeles, donde está ubicada la pequeña ciudad de Vernon y que acoge un gran número de procesadoras industriales de alimentos, en las que trabajan centenares de latinos.

“No han querido cerrar y están arriesgando mucho”, explica con voz cansada el mexicano, que está lidiando con las secuelas que la COVID-19 dejó en sus pulmones.

“Yo todavía no le salgo a esta situación. Pensar en regresar a trabajar ya es un problema por el temor de enfermarme de nuevo”, agregó.

Pagos y beneficios

Empleados como Chavarría y Guzmán se han unido para pedir el cierre temporal de la planta y para que se le haga una limpieza profunda. Piden que en ese lapso la compañía les mantenga su pago y sus beneficios como “trabajadores esenciales que han arriesgado todo por ayudar a llevar comida a los hogares estadounidenses”.

“Esa es la única solución a este problema, las condiciones en las que trabajamos son muy difíciles, y es muy complicado estar aislados, por eso hay que matar el virus, explicó la trabajadora.

Chavarria pide la intervención de la División de Seguridad y Salud Ocupacional de California (Cal/OSHA), que está actualmente investigando a la planta, para que junto a la compañía trabajen en este proceso de desinfección.

“Aquí hay muchas personas mayores, con problemas de salud, diabéticos, hay que pensar en ellos”, pidió la madre de familia, que tuvo que aislarse para no contagiar a sus hijas, ni a su esposo.

Smithfield Foods, firma dueña de la planta, dijo este domingo que ha implementado protocolos de salud más estrictos para proteger a los trabajadores.

La compañía, con sede en Virginia, ha aumentado el suministro de máscaras y protectores faciales, instaló barreras de plexiglás en el piso de producción y en las áreas de descanso, e implementó un sistema para revisar la temperatura de los trabajadores, según informó en un comunicado.

Sin embargo, el Local 770 del Sindicato de Trabajadores de la Industria de Alimentos y el Comercio (UFCW), que representa a unos 1,300 empleados de la planta, no está convencido de que las medidas establecidas sean suficientes y exigieron el cierre de la planta.

“Aún están trabajando muy cerca uno de otro, en la sala de descanso, los baños. Smithfield no ha proporcionado información completa sobre lo que realmente está sucediendo dentro de la planta de Vernon, entonces estamos pidiendo todo los informes y el cierre temporal”, dijo Kathy Finn, secretaria-tesorera del Local 770 del UFCW.

Finn recalcó que las condiciones de trabajo dentro de la planta de Vernon, ubicada a pocas millas del centro de Los Ángeles, “son similares a lo que estamos viendo en todo el país en las plantas de Smithfield”, una de las procesadoras de carne más grandes del país y que ha confirmado otros brotes de coronavirus en sus instalaciones.

Enfermedad que se lleva a casa

El brote de coronavirus en Vernon también tiene preocupadas a las autoridades de salud del condado de Los Ángeles, por el riesgo de que los trabajadores estén llevando el virus a sus hogares y comunidades, como ocurrió en el caso de Guzmán, quién infectó a su esposa.

“Ella no tuvo que ser hospitalizada pero que pasaría una segunda vez”, se preguntó el hispano.

Barbara Ferrer, directora de salud pública del condado de Los Ángeles, dijo en una conferencia de prensa que están vigilando de cerca los brotes dentro de las instalaciones en la ciudad de Vernon, donde además de Farmer John hay otras ocho empresas que reportan contagiados, y todas en un radio de dos cuadras a la redonda.

Parte del miedo de Guzmán es que cuando contrajo el COVID-19 gozaba de buena salud, pero, ahora con sus pulmones debilitados, la idea de volver a la planta no le resulta alentador.

“Tengo que trabajar para pagar mi casa, la comida, pero no quiero vivir con el temor de que me voy a contagiar de nuevo, y traerle el virus a mi esposa”, confesó.