‘Urge un cambio de la mentalidad que prevalece en muchos policías’

Joven que salió a ejercer su derecho constitucional hace unos días, una bala de goma disparada por las autoridades le transformó la vida.
‘Urge un cambio de la mentalidad que prevalece en muchos policías’
Protestas en LA.
Foto: Agustín Durán / Impremedia

Su trabajo de afanadora en un Hotel  le duró lo suficiente para vivir y mantener a su pequeña hija durante varios años. Todo cambió a principios del 2020 cuando los turistas que acostumbraban llegar en las mismas fechas cancelaron sus reservaciones, hasta quedarse el hotel con muchos cuartos vacíos. Los despidos masivos fueron inevitables, Marisa Baltasar fue una de las que se quedó sin trabajo. Semanas después, en una manifestación pacífica que se volvió violenta, Marisa perdió la mitad de un dedo de su mano derecha a consecuencia de un proyectil disparado por la policía de Long Beach.

Marisa afirma que fue la primera vez que participaba en una manifestación. ¨Yo nunca había ido a ninguna protesta. Lo hice porque quise apoyar el movimiento de Black Lives Matter (BLM).

 

Marisa, joven que perdió un dedo a causa de una bala de goma. (Suministrada)

El viernes 31 de mayo, Marisa llegó al lugar de la reunión y se unió en una caminata pacífica, junto con cientos de personas. No llevaba ningún letrero o camiseta alusiva a ningún movimiento, lo único que enarbolaba en su mano derecha era su teléfono celular en un intento por captar las imágenes que la rodeaban. Los agentes de policía a poca distancia vigilaban a los manifestantes. Sus planes eran quedarse lo suficiente para grabar y después regresar a casa donde la esperaba su hija.

En un intento por enfocar mejor las imágenes, acercó el teléfono a su mejilla.  En ese momento un dolor punzante en la mano derecha la paralizó. Miró cómo de pronto  la sangre fluía de entre sus dedos. No entendía que le pasaba.  En ese momento ignoraba que una de las balas de goma disparadas por un policía a corta distancia se había impactado en el dedo medio de su mano derecha. Confusa y con el dolor que iba en aumento, se sujetó la mano y pidió auxilio. Varias personas se acercaron a ayudarla. La llevaron de prisa a la sala de emergencias del hospital más cercano.

Marisa recuerda la escena como una pesadilla, como algo que le estaba pasando a otra persona, no a ella que busca trabajo y vive para su pequeña hija que a esa hora debía de estar preocupada por su tardanza. Esa noche Marisa fue dada de alta del hospital, llegó a su casa pálida, temerosa ya no era la misma persona, había perdido la mitad de su dedo y con eso la posibilidad de ser contratada como afanadora en ninguna parte.

“Mi vida cambió completamente a partir de ese día”, afirma. “Yo hago todo mi trabajo de limpieza con la mano derecha. Cocino, escribo y lo que más me duele es que ya no puedo ayudar a mi hija con sus tareas y sus actividades como antes.  Ahora tengo que aprender hacer todo con mi mano izquierda. Este  ha sido el peor trauma que he sufrido en mi vida”.

Sin dinero para pagar su cuenta de hospital, ni recursos para contratar un abogado, Marisa recurrió a una organización defensora de derechos civiles Ollin Law, integrada por un grupo de  abogados jóvenes que tienen como objetivo crear un movimiento de sanación y transformación de los Departamentos de Policía en todo el país.

“Tenemos que cambiar la mentalidad que tienen muchos agentes de la ley de: nosotros contra ellos”,  afirma Pascual Torres, miembro fundador  de la organización. “El caso de Marisa es el de una joven que por primera vez ejerce su derecho constitucional de participar en una manifestación y un policía le dispara una bala de goma, que si le hubiera pegado en el ojo, lo más seguro es que lo pierde”.

Antonio Gallo, otro de los abogados, quien también la defiende, señala que su motivación de representar a Marisa es porque considera que urge un cambio en la mentalidad que prevalece en muchos policías, “se ven como si fueramos ellos contra nosotros. Usan su poder contra nuestra comunidad, yo lo viví en Boyle Heights donde crecí. Recuerdo como se llevaban a mis amigos a las bodegas -de almacenes- y los golpeaban, todo por su apariencia, por estar platicando en una esquina. A mí también me llegaron a golpear varias veces. A esa edad comprendí que ellos no estaban para ayudarnos y eso debe cambiar”.

Gallo subraya que su función es “que la  gente humilde como Marisa sepa que este país tiene derechos y no están solos.  Que no les de miedo reportar los abusos de la policía, que deben ser valientes para que las cosas cambien, para bien de sus hijos y de sus nietos”, concluyó el representante legal.

Alicia Alarcón es una periodista con más de 30 años trabajando en Los Ángeles.