Remesas más allá de las familias 3: El dinero que desde EE.UU. salva negocios en México

Conoce la historia del mexicoamericano el mexicoamericano Charles Bowshier, que se mueve en el ramo de las bienes raíces

Remesas más allá de las familias 3: El dinero que desde EE.UU. salva negocios en México
Carlos Bowshier, es un donador constante para negocios mexicanos.
Foto: Cortesía / Cortesía

MÉXICO – Durante 25 años, el mexicoamericano Charles Bowshier ha sido agente de bienes raíces. Sabe de vacas gordas y flacas en el mercado inmobiliario y más aún, en Las Vegas, donde se mueve como pez en el agua. Por eso le sorprendió que, en plena pandemia, a la gente le haya dado por vender y comprar para bien de su bolsillo y de sus amigos emprendedores mexicanos.

— Apoyo con dinero a restaurantes, tienditas y todos esos negocios que conocí en mi infancia y a lo largo de los años de ir y  venir entre Estados Unidos y México — cuenta en entrevista con este diario. —Mensualmente envío entre $1,500 y $2,000 dólares que se reparten entre pequeños negocios,  para que sobrevivan y, más aún en estos tiempos  de problemas financieros

Charles Bowshier es hijo de estadounidense y mexicana. Sus padres se conocieron aquí, se fueron a vivir allá, pero tres meses después del nacimiento de su primogénito, decidieron separarse. La mamá regresó a vivir a la Ciudad de México y a Puebla y en ambos sitios creció el joven Carlos, como lo llaman del lado sur del Río Bravo.

“Mi ciudadanía es gringa, pero mi corazón está aquí”, cuenta durante su más reciente visita a la capital mexicana. Vino a ver a amigos, a sus beneficiarios (incluyendo la organización de repatriados New Comienzos y sus  múltiples proyectos de cooperativas), a su madre y… ¡hasta el dentista!

Como una persona totalmente binacional sabe que los asuntos médicos se arreglan aquí porque los costos son infinitamente más bajos; los financieros, allá porque los  ingresos son más grandes; el trabajo, en EE.UU.; la necesidad más grande, en México.

De los dólares que se ahorra en tratamientos médicos, una parte se transfiere, por medio de un administrador. A Luis, el tendero de la colonia Santa María la Rivera donde Charles Bowshier nació, a la  panadería La Flor, en la capital poblana y así sucesivamente mientras él trabaja como parte del equipo de ventas de Century 21 Nevada.

Charles Bowshier hace sus aportaciones de remesas para apuntalar negocios de manera individual. Es parte del 30% de envíos de divisas a México que no están destinados a la alimentación y el vestido, sino a la salud y los proyectos productivos que cada día se hacen más personales ante la falta de participación del Estado.

Actualmente sólo los estados de Zacatecas, Jalisco, Guanajuato y  Guerrero dan cuotas proporcionales a las aportaciones de migrantes para negocios. A nivel federal, el presidente Andrés Manuel López Obrador borró del presupuesto al programa 3X1 que, en algunos casos, financiaba pequeñas compañías binacionales con apoyo de los clubes y federaciones de oriundos en la Unión Americana.

El valor de la solidaridad

Las remesas se convirtieron este año en un salvavidas en México con récord de envíos en el primer semestre, según datos del Banco de México. Tan sólo en el mes de junio, se recibieron 3,537 millones de dólares un 11.1% más que en junio de 2019.

Mientras tanto el turismo, considerado un brazo de la economía mexicana, acogió en junio un 74.8 % menos de turistas internacionales que en el mismo mes de 2019, al pasar de 3.9 millones a unos 981,000 viajeros por la pandemia  y pese a que en ese mes comenzó la reapertura económica del país.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía informó que el principal descenso —de un 92.1%—, se dio en los turistas llegados por vía aérea, que en junio del año pasado representaron algo más 1.7 millones de personas y este año fueron apenas unos 135,000.

Quien recibió  uno de esos golpes  fue Patrick Dimond, un empresario y orador motivacional angelino que se mudó a la Ciudad de México para montar una empresa que compraba y remodelaba espacios para después rentar a turistas Airbnb.

Patrick Diamond quería hacer negocios en México desde que fue indigente en Skid Row, en una época oscura que lo llevó a perder todo su  patrimonio y empezar de cero.  Cuando, al fin se levantó de sus problemas se dio cuenta que muchos de quienes no le dieron la espalda eran mexicanos y se mudó.

Patrick Diamond y Jesús Ríos en la terraza de uno de los departamentos remodelados en equipo.
Patrick Diamond y Jesús Ríos en la terraza de uno de los departamentos remodelados en equipo

En asociación con inversionistas en EE.UU .y mano de obra de repatriados todo iba viento en popa hasta que llegó el coronavirus para imponer el pánico en la población mundial y las decenas de reservaciones que tenía se vinieron abajo.

—A mediados de marzo nos cancelaron todo: nos quedamos sin un solo huésped en los cuatro departamentos de la Ciudad de México—  precisa Patrick Diamond en entrevista con este diario.

El concepto de hospedaje que tenían para sus clientes era más personalizado, cortés y querendón. “Que llegaran como desconocidos y  se fueran como amigos”.

El dueño quería demostrar a sus compatriotas que el discurso del presidente Donald Trump está lejos de la realidad, que México no es un país de delincuentes sino de gente hospitalaria y que trabaja tanto y a tal punto como lo han demostrado muchos deportados de ambos países.

Así que Patrick Diamond se sintió en confianza para preguntar entre antiguos huéspedes y otros empresarios amigos. ¿Qué harían si de pronto se quedan sin un centavo de ingresos y no quieren despedir a los trabajadores que, en su mayoría se trata de repatriados?

Hubo muchas opiniones y muchas coincidieron en que lo mejor era lanzar una campaña virtual de donaciones para salvar “Casa Florencia” con una meta de 5,000 dólares y evitar la quiebra por la pandemia, el despeñadero del que no se salvó ni la mismísima compañía Airbnb: en mayo pasado, tuvo que despedir a 1,900 empleados alrededor del mundo.

A la fecha les faltan 1,235 dólares para saldar el objetivo en la donadora. En promedio, se recibieron 30 dólares con algunas excepciones de 100 y 200. Todo desde Estados Unidos.

Ryan Luchessi, de Ontario, California, donó un centenar. Sabe que el coronavirus complicó las cosas y, apenas supo de la petición de Patrick, no dudó en hacer el envío. “Acostumbro hacer donaciones a causas que  considero importantes y evitar que un negocio se derrumbe lo considero algo muy necesario y más cuando se trata de empresas pequeñas”, dice en entrevista con este diario.

El dinero recopilado sirvió para sostener la nómina de cuatro personas en estos meses. Patrick Diamond dice que usó sus ahorros para mantenerse a sí mismo y así presionarse a buscar estrategias de supervivencia.

Hace poco se asoció con otra empresa para asesorar apequeños hoteles y casas que quieran rentar al estilo Airbnb. Se trata de que logren sus certificaciones sanitarias en tiempos de COVID-19 y puedan operar mientras llega una vacuna o algo que quite el papel de villano favorito a la pandemia. “Estamos bien y creemos que ira mejor”, dice Patrick.

Confianza ante todo 

Aunque el Tratado de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) arrancó en julio pasado con altas expectativas para las exportaciones agrícolas, lo cierto es que diversas organizaciones de campesinos exportadores se quejan de que el comercio internacional se complicó hasta una reducción del 50% en  algunas zonas como Acatzingo, Puebla.

“Pasamos de exportar a Texas, Nueva York, Canadá  a regalar nuestras cosechas”, dijo Eli Barrales a la prensa local en el mes de mayo.

Ante esta situación que se replica en diversas regiones exportadoras, el Consejo de Desarrollo Binacional, un grupo de organizaciones en México y EE.UU. que buscan mejorar el mercado hispano, ideó un esquema de pago anticipado para  productores de alimentos y agroindustria en México.

Aunque por ahora se limita a 60 agricultores de  Guanajuato y  Jalisco que siembran cebollas, cilantro y calabazas y ya tienen las certificaciones para enviar los productos a EEUU, la idea es extender los financiamientos a todo el país.

“Lamentablemente en México no hay fuentes de financiamiento con  tazas preferentes y lo que nosotros hacemos es enviar el dinero por anticipado con un contrato y directamente a sus cuentas bancarias: es otro tipo de remesas”, dijo Juan Carlos Guerrero, presidente del consejo.

Es una manera de ayudar y se basa en eso: en la confianza entre personas de ambos lados de la frontera.