Las pérdidas de impuestos son vidas perdidas

Tenemos que impedir que la riqueza termine en los paraísos fiscales

Las pérdidas de impuestos son vidas perdidas
Los impuestos pagan por los servicios públicos.
Foto: Scott Olson / Getty Images

Las escenas de euforia son tan raras en 2020 que nadie puede permitirse el lujo de no aprovecharlas. Y es esta alegría la que vimos en las calles americanas cuando, al anunciar la victoria de Joe Biden, miles de personas aclamaron a los trabajadores postales por su papel crucial en la entrega de las papeletas de voto por correo.

Aplaudir a los trabajadores está de moda. Desde el brote de la pandemia de Covid-19, millones de personas se han acostumbrado a celebrar a los trabajadores de la salud desde sus ventanas. Sin embargo, las unidades de cuidados intensivos siguen desbordadas, careciendo de personal y equipo suficiente. Los aplausos no bastan. Ha llegado el momento de que la población pida cuentas a quienes han aplicado políticas de austeridad y privatización, alegando la falta de recursos.

En realidad, hay dinero más que suficiente. Pero ha sido redirigido lejos de nuestros servicios públicos y hacía las cuentas bancarias offshore de las multinacionales y los mega-ricos. Es asi que el mundo pierde más de 427.000 millones de dólares en impuestos al año, según el informe sobre el “Estado de la Justicia Fiscal 2020”. Las pérdidas anuales de los Estados Unidos representan el 5,82% de lo que el país gasta en salud, lo que permitiría pagar el salario anual de más de 1,15 millones de enfermeras.

Cuando una sociedad tolera estos abusos por parte de las empresas y los individuos ricos, nuestros servicios públicos se ven socavados. Los recortes presupuestarios hacen ilusorio que sean universales, accesibles, sostenibles y que mantengan su calidad. En última instancia, justifican la privatización.

Sin embargo, nada de esto es inevitable. El coronavirus ha recordado a todos los gobiernos, incluso a los conservadores, lo esenciales que son los servicios públicos. Y revalorizarlos no sólo es posible, sino que también es muy popular. Desde el año 2000, más de 2.400 ciudades en 58 países han vuelto a poner los servicios bajo control público.

La única manera de financiar la respuesta al Covid-19 es cambiar las reglas del juego para que todos paguen su justa parte por servicios públicos de calidad. Necesitamos una tasa mínima global de impuesto corporativo. Las multinacionales deben ser obligadas a declarar sus beneficios (y a pagar los impuestos correspondientes) en los países donde operan, y no en los paraísos fiscales que les proporcionan direcciones convenientes.

Mientras tanto, los países pueden avanzar unilateralmente, introduciendo impuestos sobre los beneficios excesivos a las empresas que obtienen enormes beneficios de la pandemia, incluidos los gigantes tecnológicos y farmacéuticos, pero también impuestos sobre el patrimonio. La riqueza existe para mantener nuestras sociedades prósperas y proteger a los vulnerables: sólo tenemos que impedir que fluya hacia los paraísos fiscales.