Quería regresar a México, pero ya no le alcanzó el tiempo

Ahora la familia se debate en cumplir el sueño de su madre, pero sin recursos y sin seguro para solventer los gastos; casi el 70% de las personas no estan preparados al momento de morir.

Quería regresar a México, pero ya no le alcanzó el tiempo
Beatriz Martínez (d) antes de viajar a Estados Unidos.
Foto: Familia Martínez / Cortesía

A principios del 2020, Beatriz Martínez, de 65 años, tenía decidido regresar a México. Su estatus de indocumentada en Estados Unidos no le permitiría jubilarse con alguna pensión y estaba lista para volver después de más de 20 años de haber trabajado en este país.

Ella regresaría a vivir con una hija en su natal San José, en el estado de Morelos; pero lo más importante, es que finalmente conocería a sus dos nietos. Estaba emocionada.

Pero Beatriz no pudo culminar su deseo ya que la pandemia del COVID-19 le obligó a retrasar su viaje y no le quedó otra más que esperar. Unos meses después, en agosto,  mientras se bañaba se cayó y se golpeó la cabeza. Ella quedó en coma. Tras casi medio año de luchar, finalmente perdió la batalla el pasado miércoles, alrededor de las 3 de la tarde.

Sin seguro y sin dinero

Anel Martínez, hija mayor de Beatriz, cuenta que cuando su madre fue internada en el hospital, sus enfrentaron el problema de cómo costear su tratamiento. Su madre no tenía documentos y no contaba con un seguro médico.

Beatriz vivió en Estados Unidos por 23 años. (Suministrada)

Eventualmente, Anel se enteró del programa Prucol (Permanently Residing Under Color of Law). Bajo este estatus, los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) saben que el inmigrante vive en el país, pero no han decidido tomar medidas para deportarla.

“Es importante notar que Prucol no es un estatus migratorio, es una categoría de beneficios”, indicó Angie Gil, portavoz de Mental Health Advocacy Services.

Gil explicó que el programa incluye a personas que han presentado una solicitud para ajustar su estado, pero que aún no han recibido su tarjeta de residencia como los beneficiarios de la Accion Diferida (DACA), Estatus de Protección Temporal (TPS), solicitantes de Visa U y Visa T, por nombrar algunos.

Una vez que Beatriz fue aprobada para Prucol, ella logró obtener un seguro de salud el cual le ayudó a cubrir todos los gastos médicos, mientras su familia esperaba que se mejorara.

No obstante, con el tiempo, la salud de Beatriz decaía y los doctores recomendaron a Anel que tomara la decisión de desconectar a su madre. Ella se negó rotundamente afirmando que no quería que la vida de su madre estuviera en sus manos.

“Si fallece por su cuenta esta bien, pero yo ya les dije a los doctores que no voy a dar la orden para que la desconecten”, dijo Anel poco antes de que su madre falleciera.

Ella tenía la esperanza de que ocurriera un milagro y dejo la salud de su madre en las manos de Dios.

Prepararse para lo inesperado

AARP, el sitio de ayuda para personas mayores de 55 años, estima que el costo promedio de un funeral tradicional oscila alrededor de $7,500. Es por eso que recomiendan planificar con tiempo como se planifica cualquier otro gasto grande e inevitable.

The Conversation Project, una organización que trabaja para promover una mayor discusión sobre los cuidados en la etapa final de la vida, reveló en una encuesta que el 92% de las personas creen que es importante hablar de los deseos para el final de la vida con sus seres queridos, pero solo un 32% lo hace.

Mientras que la organización Kaiser Family Foundation encontró que el 96% de las personas de 65 años o más consideran importante poner por escrito sus deseos de recibir atención médica en caso de enfermedad grave, pero solo una cuarta parte ha compartido ese documento con un médico.

Adicionalmente, una gran mayoría de las personas dicen que quieren morir en casa, pero el 60% mueren en hospitales o instituciones como fue el caso de Beatriz.

AARP indica que muchas pólizas de seguro de vida pueden pagar una suma global al beneficiario de la persona asegurada una vez que fallezca. El dinero puede cubrir el costo del funeral o cualquier otra necesidad financiera que tengan los familiares sobrevivientes.

También hay un seguro de gastos funerarios, cuya póliza está diseñada para pagar los costos asociados con el fallecimiento, y un seguro anticipado, diseñado para cubrir un monto predeterminado para un funeral.

Otra opción es la cuenta pagadera al fallecer (POD, por sus siglas en inglés), la cual es una cuenta bancaria que permite separar dinero para el funeral y designar a alguien para que tenga acceso al dinero cuando la persona fallezca. La persona designada presenta el certificado de defunción al banco y recibe el dinero en el momento.

Algunas otras opciones incluyen préstamos, servicios prepagos en alguna funeraria u opciones de bajo costo como cremar el cuerpo del fallecido o donarlo para alguna facultad de medicina.

Los veteranos de las fuerzas armadas también tienen opciones dependiendo de su caso de fallecimiento y el lugar donde quieran ser enterrados.

Opciones

Anel dijo a La Opinión que el hospital Loma Linda de San Bernardino, donde se encuentra el cuerpo de su madre, le dijo que pueden tener el cuerpo por hasta dos semanas en lo que ella busca la mejor opción para la ultima morada de su madre.

Anel pidió que se le haga un autopsia para revelar la razón de su muerte —ella estima que fue por fallo del corazón o pulmones—, la cual tomará siete días.

La hija de Beatriz espera que para entonces ya pueda tener una solución para la sepultura. Esta viendo si podrá mandar el cuerpo de su madre a México, como ella quería, o si deberá incinerarla de inmediato.

“En la funeraria me dijeron que si escojo la cremación ellos se encargan de recoger el cuerpo, pero yo no la voy a poder verla por lo del covid”, dijo Anel. “Ya solo me entregarían las cenizas”.

La familia ha establecido una cuenta de GoFundMe con el nombre ‘Beatriz necesita ayuda’,  para personas que quieran donar para su funeral:

https://www.gofundme.com/f/Beatriz-necesita-tu-ayuda