Indignante, el maltrato a migrantes en México

En México, los atropellos contra los migrantes han sido especialmente brutales contra los haitianos

Autoridades mexicanas disolvieron una caravana migrante.
Autoridades mexicanas disolvieron una caravana migrante.
Foto: Juan Manuel Blanco / EFE

Rabia, impotencia y, sobre todo, vergüenza. Todo eso sentí al escuchar en un noticiero de México el desgarrador testimonio de una pequeñita haitiana en Tapachula, quien ha sufrido en carne propia lo que es el racismo, la discriminación y la xenofobia. “[Pido]que me disculpen, ya no voy a estar en su país, solo quiero que me dejen pasar porque no sé que les hacen los haitianos porque no quieren ver a los haitianos”, le dijo en forma clara y contundente al reportero que la entrevistó.

La niña, de unos 7 años, dueña de unos hermosos ojos negros y de una elocuencia sorprendente, forma parte de un contingente de migrantes haitianos y centroamericanos que intenta cruzar por la frontera sur de México para llegar a Estados Unidos en busca de asilo. Pero lejos de ser tratados con dignidad y respeto, los agentes de migración y la Guardia Nacional de México les cierran el paso a punta de insultos y golpes. 

Al ver las imágenes transmitidas por la televisión sobre los operativos que se llevan a cabo en la frontera entre México y Guatemala para contener a los migrantes, uno se pregunta dónde está la Comisión Nacional de Derechos Humanos y dónde ha quedado el discurso de solidaridad hacia los centroamericanos con el que inició su gobierno Andrés Manuel López Obrador. Hoy esa retórica ha sido sustituida por una política migratoria inhumana que resulta más cruel que la de Estados Unidos.

En México, los atropellos contra los migrantes han sido especialmente brutales contra los haitianos. Muchos llegan de Brasil o Chile y se han visto forzados a dejar esos países por las condiciones económicas adversas y por el racismo. Esta situación debería ser suficiente para que se les concediera el derecho al asilo, como lo reconoce Andrés Ramírez, coordinador de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Pero debido a que esta institución tiene un presupuesto muy limitado para tramitar las 120 mil solicitudes que se estima recibirá este año, a los haitianos se les expulsa de manera violenta o se les obliga a esperar por meses en Tapachula, donde son víctimas de todo tipo de abusos. Muchos de ellos han sido encarcelados incluso con bebés.

Ante esta terrible situación, López Obrador está obligado a actuar de inmediato. Para empezar, debe destinar más recursos a la COMAR y entrenar a los agentes migratorios y a la Guardia Nacional para que traten debidamente a los solicitantes de asilo, tal como lo exigen los tratados internacionales de los que es signatario. 

Por otro lado, está bien que México haya iniciado un diálogo con Washington para encontrar salidas dignas a este complejo problema. Hay que resaltar que Estados Unidos tiene una economía lo suficientemente fuerte para absorber a miles de migrantes. Y, si se aprueba el ambicioso plan de infraestructura propuesto por Biden, se necesitará mucha mano de obra.  Finalmente, no hay que quitar el dedo del renglón: tanto los gobiernos de Centroamérica como de México están obligados a combatir la violencia y la corrupción que son las principales causas de la migración forzada. Solo así podrán fructificar los planes de invertir en esa región para crear los empleos que tanto se necesitan.

(*) María Luisa Arredondo es una periodista mexicana radicada en Estados Unidos.