Latinos y afroamericanos son el objetivo en la inmunización en Los Ángeles

Miedos infundados han detenido a parte de la población a vacunarse; a pesar de los esfuerzos, en el condado solo 6 de cada 10 angelinos están inmunizados

La gente espera debajo de la sombra de una carpa, luego de ser vacunada en Compton.

La gente espera debajo de la sombra de una carpa, luego de ser vacunada en Compton. Crédito: Jorge Macías | Impremedia

Las tasas de inoculación en el condado de Los Ángeles avanzan a un ritmo lento, aunque de 10.3 millones de residentes, el 66% tienen ya al menos una dosis y el 59% ya están completamente inoculados.

“El reto actual es cerrar la brecha de vacunación en las comunidades afroamericana y latina”, dijo  Mónica Puerta-Hill, portavoz del Departamento de Salud Pública (LACDH).

Durante una presentación virtual Puerta-Hill reportó 28 nuevos fallecimientos por covid-19 para un total de 26,106 en el condado.

El número de contagios adicionales fue 1,535 que elevan el total a 1.459.182 en una región del Sur de California  donde la tasa promedio de casos diarios durante los últimos siete días es de 11.4 por cada 100,000 habitantes.

Datos del LACDH muestran que, por raza, etnia y edad, los porcentajes con una dosis de vacuna son más bajas entre los afroamericanos.

Los menores de 12-15 años afroamericanos representan apenas el 38% de vacunados hasta el 26 de septiembre; 41% de 16-17 años; 38% entre 18-19 años y 51% para aquellos de 30-49 años. Entre todos los grupos raciales étnicos ellos suman apenas el 54% de vacunados.

Entre tanto, los latinos de 12-15 años ya son el 51%; para quienes tienen de 16-17 años, el 58%; un 53% para los de 18-19 años y 60% de 30-49 años. Su total global es del 62%.

En el centro de vacunación habilitado en un gimnasio del Ted Watkins Memorial Park, en Compton, la señora Margarita Miranda estaba emocionada porque su hija Damaris, de 15 años, finalmente venció los temores infundados que tenía sobre la vacuna.

“Había visto noticias que decían que muchos niños se estaban muriendo después de que los vacunaron”, dijo Damaris. “Esa información [falsa] salía en todos lados”.

Damaris escuchó el consejo de una amiga suya y de su mamá y decidió acudir a vacunarse.

“Ella le tenía miedo a sufrir un fuerte  dolor de cabeza y del cuerpo, y pensaba que si enfermaba no podría ir a la escuela”, expresó Margarita Miranda, originaria de Sinaloa. “Pero yo creo que no tenemos necesidad de que nadie nos diga que [la vacuna] es obligatoria”.

En ese mismo sitio de vacunación, ubicado en el 1335 de la calle 103 en Compton, llegó la guatemalteca Vivian Martínez para recibir la primera dosis de la vacuna Pfizer.

La mujer manifestó que no había sentido la  necesidad de vacunarse porque siempre estaba en casa y no salía.

“Pero ahora que mi hijo Mynor (15 años) regresó a la escuela, dejé de pensar que podía morir porque era muy necia”, dijo. “Mi niño se vacunó primero, ¡pero la burra era yo!”.

En las siguientes semanas, en el condado angelino regirán diversos mandatos de vacunación que van encaminados a mejorar los niveles de protección para la población, considerando la evidencia de que las personas que no están vacunadas tienen mayores riesgos para su salud, aumentan sus posibilidades de ser hospitalizadas, su potencial de transmitir el virus y que surjan mutaciones peligrosas del virus y muertes.

“Las reglas no son una forma de coerción”, dijo la doctora Bárbara Ferrer, directora de Salud Pública del condado, quien aclaró que vacunarse no es obligatorio.

Los mandatos de vacunarse abarcan a empleados del condado, que tienen como fecha límite el 1 de octubre; los empleados de la ciudad de Los Ángeles (5 de octubre); participantes de mega eventos al aire libre con más de 10,000 asistentes y bares, cervecerías y destilerías  (10 de octubre); personal del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD / 15 de octubre).

Los estudiantes del LAUD que participen en actividades extracurriculares tienen hasta el 31 de octubre; el 4 de noviembre para quienes acuden a bares o negocios en West Hollywood; el 11 de noviembre deben estar vacunados los estudiantes mayores de 12 años en Culver City; trabajadores federales el 22 de noviembre, por orden del presidente Joe Biden, y  trabajadores de la salud en sitios de atención a largo plazo y cuidado en el hogar, el 30 de noviembre.

“Yo pensaba que me enfermaría más de lo que ya estoy”, dijo Emeterio Macías, un ex trabajador de mantenimiento diabético que tiene 46 años y vive en Los Ángeles.

“Tenía miedo a cualquier reacción adversa a la vacuna, pero más miedo me dio cuando mi hija Martha se contagió, estuvo en el hospital y gracias a Dios solamente la enviaron a pasar la cuarentena en su casa”.

Quien definitivamente no quiere vacunarse es José Carranza, un salvadoreño de  32 años porque dice que es alérgico a todas las medicinas.

“Casi nunca me enfermo…, desde  que nací he crecido con inmunidad a todas las enfermedades”, afirmó.

Es tiempo de reflexionar

El doctor Ilan Shapiro, director médico en AltaMed,  expresó que ahora es el mejor momento para detenerse, tener una conversación seria y poder salvar una vida.

 “Si seguimos con esta tendencia de aumento de contagios, sobre todo entre quienes no están vacunados y se están enfermando, desgraciadamente tendremos unos meses de enero y febrero parecidos al año 2020”, indicó. “La diferencia será que quienes estén en los hospitales serán las personas no vacunadas”.

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