“Termina la pesadilla”, dice madre al reunificarse con su familia tras dos años de separación

Estuvo retenida en México cuando le negaron en Ciudad Juárez, la visa y un perdón provisional

Esmirna Brito con su hija Stephanie al reunirse con su familia tras más de dos años de separación. (Cortesía)
Esmirna Brito con su hija Stephanie al reunirse con su familia tras más de dos años de separación. (Cortesía)
Foto: Cortesía

Después de más de dos años de estar separada de su familia, Esmirna Brito regresó a su hogar en la ciudad de Downey para reunirse con su esposo, hijos y nietos.

“¡Todavía no lo puedo creer! Ya estoy donde debo estar… con mi familia!”, dice Esmirna.

Describe los años de separación como una pesadilla.

“Nos cambió la vida 180 grados. Mi esposo y yo nos deprimimos mucho. Yo me derrumbé mientras que la salud de mi esposo se deterioró, al grado que ya no le importaba nada. A mi regreso, lo encontré con diálisis. Hay que llevarlo a que le hagan la diálisis tres veces a la semana”.

Fue el 30 de mayo de 2019 cuando a Esmirna le negaron la visa para entrar al país en el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, a donde había acudido con un perdón previamente aprobado. La visa le hubiera permitido obtener la residencia permanente.

Esmirna Brito relata el sufrimiento vivido durante la separación de sus hijos. (Cortesía)

“Yo llevaba 35 años viviendo en Estados Unidos cuando traté de ajustar mi estatus migratorio. Mi esposo ya era ciudadano”.

Esmirna es madre de tres hijos y abuela de tres nietos. Nació en Acapulco, México. En 1987, emigró al país para reunirse con su esposo Carlos Brito. Poco después, logró que un familiar le trajera a Diana, la hija mayor, que había dejado en México. Aquí nacieron sus dos hijos menores Charles y Stephanie. 

Hace 30 años, Carlos abrió una cerrajería; y durante la Amnistía de Reagan pudo obtener su residencia; y más tarde se naturalizó estadounidense. En 2014 solicitó la residencia para su esposa Esmirna. Pero cuando ella fue llamada a una cita en el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, dentro del proceso para arreglar su estatus migratorio, las cosas se complicaron.

“La oficial me argumentó que los ingresos de mi marido y los de mi hija por $60,000, eran muy poco para que fueran mis patrocinadores. Cuándo le pregunté, cuánto tenían que ganar, me respondió de muy mal modo que eso lo tendría que investigar”.

Esmirna con uno de sus nietos. (Cortesía)

Luego la oficial de migración le preguntó varias veces cuánto había pagado por traer a su hija a Estados Unidos cuando era niña. “Por tercera vez le digo que yo no pagué nada, que me la trajo un tío”, le repitió.

Desafortunadamente no la dejaron regresar a Estados Unidos, y le exigieron un nuevo perdón.

“Fue algo terrible, pero los de migración no se tocan el corazón para nada. Y me parece bien cuando uno ha violado la ley, pero mi esposo y yo siempre nos dedicamos a trabajar; y no tenemos antecedentes”.

La abogada de migración, Mercedes Castillo de inmediato tramitó un segundo perdón a migración y lo autorizaron en marzo de 2020, pero como estalló la pandemia, un proceso que pudo tomarse unos meses, se alargó por otro año, porque todo se cerró.

Tras la negativa a dejarla regresar al país con su familia, a Esmirna no le quedó otra más que irse a la casa de su madre en Acapulco.

“Fue muy duro porque Acapulco estaba muy peligroso, con mucha violencia, robos, secuestros, asesinatos. Vivía con terror de que supieran que tenía a mi familia en Estados Unidos y me fueran a secuestrar. Casi no salía de la casa”.

Reconoce que Acapulco es un lugar muy bonito, pero la incertidumbre de no saber qué iba a pasar con su vida y la separación de su familia, hacía que no apreciara el regreso a sus raíces y a la tierra que la vio nacer.

Estar cerca de su madre era su única alegría, pero la angustia de estar lejos de los suyos, la aniquilaba.

“Era horrible. Es algo que no se puede describir. En ocasiones, cuando estaba en Acapulco, me imaginaba por momentos que estaba en mi casa en Downey con mi esposo y mis hijos”.

Esmirna Brito junto a su esposo Carlos Brito, el día que él se hizo su ciudadano. (Foto suministrada)

En abril de 2020, viajó a Tijuana para solicitar un permiso humanitario que le permitiera reunirse con su esposo quien se puso muy mal de la diabetes y fue hospitalizado.

“Me lo negaron porque en ese momento mi esposo ya había sido dado de alta del hospital”.

Así que devastada regresó a Acapulco. “Fue muy triste, despedirme de mi hija que había viajado a Tijuana para acompañarme a hacer el trámite. Y cuando abordé el avión de regreso a Acapulco, viví un momento muy difícil viendo como me alejaba de mis seres queridos”.

Esmirna vivió una pesadilla al ser separada de su familia. (Foto suministrada)

Finalmente el 28 de agosto, 6 semanas después de haber ido al consulado de EE UU en México a entregar un nuevo examen médico y de no antecedentes criminales, recibió por paquetería en Acapulco, un sobre que contenía la aprobación de su visa para regresar al país.

“No me importó nada. Ahí mismo en las oficinas de la paquetería, grité de gusto. Tenía que dar gracias a Dios. La amarga racha se había acabado”.

Esmira cruzó por la frontera por Tijuana, acompañada por su hija.

“Fue algo hermoso. Mi hija y yo nos venimos cantando todo el camino en el carro. !El Señor es grande! Ya estoy donde debo estar, con mi familia. Encontré a mis nietos muy grandes. Ya tienen 17, 14 y 10 años”.

Dice que hubo días a su regreso, que despertaba y no podía creer que estuviera en su casa con su esposo y su familia. “Ya empecé mi rutina, y estoy poniéndome al día”.

Una semana después de retornar a Downey, recibió su tarjeta de residencia. “En 3 años planeo solicitar la ciudadanía”, dice.