Hijos de inmigrantes, la nueva generación de productores de fresas de California

Escogen ir a la universidad para prepararse y crear sus propias empresas agrícolas

Mayra Paniagua, creadora de Golden State Farms. (Cortesía Robert Durell)
Mayra Paniagua, creadora de Golden State Farms. (Cortesía Robert Durell)
Foto: Robert Durell / Cortesía

De no ser por las fresas, es muy probable que Mayra Paniagua no hubiera nacido. Sus padres Manuel y Silvia Paniagua se conocieron en el cultivo de la fresa, ella creció ayudando en la pisca, y desde hace ya casi 8 años, formó su propia empresa agrícola enfocada en la producción de esta exquisita fruta.

“La fresa lo es todo para mí. Las amo, y las de California son las mejores. A diferencia de otros cultivos en los que se puede usar maquinaria, con la fresa todo se hace manual. Se piscan una por una. Detrás de cada fresa, hay una historia de amor y sacrificio. Así que cada vez que se vayan a comer una fresa, den gracias a la persona que la cultiva y la cosecha”.

La historia de Mayra en video. (Cortesía Comisión de Fresas de California)

Mayra nació en Ventura, pero creció en Santa María, una ciudad en la costa central de California, junto a sus cuatro hermanas y un hermano. Sus padres Manuel y Silvia Paniagua nacieron en Michoacán, pero emigraron por separado a finales de los 70 y a principios de los 80.

“Se conocieron en un campo de fresa en Pomona. Cuando mi mamá se embarazó de mí, siguió piscando casi hasta los últimos días de que se alivió. Nací entre las fresas”.

Su padre – dice – se encargaba del mantenimiento y el riego de un campo.

Mayra Paniagua con sus familia en su campo de fresas en Santa María, California.(Cortesía Robert Durell)

El mayor consejo que siempre les daban sus padres, era que se enfocaran en la escuela, y le echaran ganas.

“Los veranos y durante los fines de semana, nos llevaban al campo para que los ayudáramos a piscar, y enseñarnos el valor y la importancia del trabajo y la responsabilidad”.

Cuando su papá enfermó, dejaron de sembrar fresa, pero ya para entonces Mayra se había graduado de Azusa Pacific University en la carrera de contabilidad y administración de empresas.

“Cuando me gradué y regresé a Santa María, decidí retomar el negocio de cultivo de fresas que mis padres ya habían dejado,  y poner en práctica todo lo que estudié en la universidad. Me puse a buscar terrenos donde sembrar, financiamiento y contratos; y me encontré con muchas personas dispuestas a ayudar”.

Así fue como nació la empresa de cultivo y producción de fresas Golden State Farms. “

Mayra Paniagua quiere animar a otras niñas a dedicarse a la agricultura. (Cortesía Robert Durell)

Este mes cumplimos 8 años, que han sido de mucho aprendizaje, bendiciones y mucho trabajo”.

Dice que comenzaron con cuatro acres, y hoy en día, por temporada siembran entre 20 y 25 acres.

“Nuestro enfoque ha sido crecer, pero a un paso firme, con el apoyo de nuestra familia, y los trabajadores. Es una responsabilidad y un bendición trabajar con un promedio de 25 familias”.

Mayra platica que comenzaron rentando terrenos para la fresa, pero el año pasado, surgió la oportunidad de comprar un campo propio que les permitirá diversificar sus cultivos.

“No ha sido siempre fácil. La agricultura es un trabajo riesgoso porque trabajamos mano a mano con la Madre Naturaleza, pero es una profesión muy satisfactoria. Ayudas a otras familias y provees una fruta que nunca te enfadas de comer”.

Mayra con su madre. (Cortesía Robert Durell)

Dice que se ve a sí misma en un futuro cultivando fresas y ampliando su campo hacia otros cultivos como el limón, pero también sirviendo de mentora a otras mujeres para motivarlas a incursionar en la agricultura.

“Esta es una actividad dominada por los hombres, pero como he crecido en este ambiente, he aprendido a estar rodeada de ellos, y hay muchos apoyos para las mujeres agricultoras”.

Cada día de trabajo en el campo, es diferente para Mayra.

“Mi alarma suena a las 5:30 de la mañana; y a las 6, ya estoy en el campo acomodando órdenes. Me hago cargo de la parte administrativa y a veces ando hasta de troquera”.

Las fresas que produce Mayra se venden en California, se van a la costa este; y a veces se exportan.

De niño indocumentado a productor de fresas

Desde que Uriel Hernández vivía en el ejido Buena Vista de Michoacán, México, donde nació, se sintió atraído hacia las actividades del campo, y siendo un niño, trabajaba con su padre en la siembra.

Lo que nunca imaginó es que al emigrar a Estados Unidos, se convertiría en productor de fresas y dueño de su propia empresa en Oxnard, California, a la que bautizó como Seacliff Farms.

“Mis padres me trajeron a este país cuando yo tenía 13 años, en 1993. Mi padre Crescenciano Hernández había emigrado antes como bracero. Fue trabajador del campo en Texas, luego vino a California. Llegamos a un pueblito al noroeste de Fresno. Mi mamá Angelita Cisneros también trabajaba en la pisca de algodón y tomate.

Apenas emigró a Estados Unidos, Uriel entró a la escuela intermedia, donde la mayoría de los niños eran anglosajones, hijos de los rancheros; y solo había uno que otro mexicano como él.

“Llegué sin hablar inglés, y empezaron las burlas; y a la vez que sufría bullying, veía a mis padres trabajar en el campo”.

Fue ese acoso escolar, lo que motivó a ponerle horas extras al aprendizaje del inglés.

“Después de las clases, me quedaba en la biblioteca aprendiendo nuevas palabras. Tenía muchas ganas de aprender  y sobresalir”. 

Uriel Hernández es un verdadero ejemplo de persistencia y determinación. (Cortesía)

La secundaria (preparatoria en México) la hizo en Dos Palos High School, donde tuvo la oportunidad de entrar al programa Future Farmers of America (Agricultores del Futuro de Estados Unidos), donde consiguió destacar.

“Yo ya sabía hacer muchas cosas comparado con otros niños. Sabía matar un puerco, engordar las puercas, darles de comer a las gallinas, limpiar los chiqueros, arreglar a un tractor y la experiencia de sembrar ajonjolí, maíz, calabazas y camotes con mi papá en Michoacán”.

Pero también en ese programa aprendió a voltear la tierra, a fertilizar y regar. Hasta le dieron un premio porque todo lo que sembraba en la escuela, pegaba.

Cuando consiguió un permiso de la escuela para trabajar en el campo con su mamá, conoció las injusticias de primera mano.

“Ahí me di cuenta de lo que sufren los trabajadores. En esa época comenzaba la lucha porque les diera agua y sombra. Mi mamá tenía que sobornar un poco al mayordomo para que no le quitaran el trabajo. Ella era muy buena para la cocina y le llevaba burritos para que comiera”.

Una vida de lucha la de Uriel Hernández. (Video Cortesía Comisión de Fresas de California)

Al ver los abusos en el campo, tomó conciencia de que no había otro camino más que el estudio para superarse.

Sin embargo, ir a la universidad no sería fácil, ya que no tenía papeles. “Yo ya lo sabía, y no le había dado importancia, hasta ese momento”

Pero fue un consejero de Fresno State University quien le cambió la perspectiva y le prometió ayudarlo a conseguir ayuda financiera para la universidad, a través de los programas EOPS (Extended Opportunity Program and Services) y Migrant Services.

“Tenía buenas calificaciones y fui aceptado para estudiar ciencias y economía agrícola en Fresno State; y fue en el segundo año de la universidad, cuando menos lo esperaba, que me llegó la residencia. Más o menos 5 años después de que mi mamá hiciera una petición en 1993”.

Ser residente de Estados Unidos le cambió la vida. Hizo posible que se fuera a hacer un internado a la Casa Blanca y viajará a diferentes estados a conocer otras experiencias agrícolas en Iowa, North Dakota, Des Moines y Minnesota.

“Me tocó hasta hablar en Washington contra la proposición 209 de Pete Wilson que quería negar la educación y servicios de salud a los trabajadores indocumentados”.

Y seis años después de entrar a Fresno State, Uriel se graduó, fue el primero en ir a la universidad y el primero en graduarse dentro su numerosa familia de 11 hermanos.

“Junto con mi mamá y papá, éramos 13. Fuimos una familia muy unida, donde nunca faltó la comida y el amor”.

Su primer trabajo fue en la siembra de zacate para los jardines de las casas; y un año después entró a trabajar en un programa de investigación de la Universidad de California en Davis, en un programa de insectos benéficos para el control de plagas.

Cada vez más hijos de inmigrantes e inmigrantes abren sus propios negocios de fresas. (Cortesía Comisión de Fresas de California)

Ese empleo le abrió las puertas para trabajar en una compañía de fresas en el sur de California.

“Trabajaba en San Clemente, donde la Patrulla Fronteriza hace sus inspecciones. Quién iba a decir que yo de ser indocumentado, iba a ir a trabajar ya con papeles, en un lugar tan expuesto a la migración”.

La compañía Sun Rises para la que trabajaba lo mandó después a trabajar a Oxnard, pero dos años más tarde, Uriel tomó la decisión de ser un agricultor independiente de fresa.

Emprendí mi propia historia en 2007. Ya tengo como 15 años como productor agrícola. Siembro cilantro, calabacitas, tomates, pero lo mío, lo fuerte, es la fresa”.

Confiesa que se siente muy contento de lo que ha logrado con el apoyo y la influencia de sus padres. 

“Cuando llegué en el 93, no tenía ninguna noción del sueño americano, solo sabía que quería hacer mi propio negocio, y siempre me gustó la agricultura”.

Los inmigrantes y sus hijos pasan de ser trabajadores a propietarios de sus empresas productoras de fresas. (Cortesía Robert Durell)

Su padre falleció en 2016, pero alcanzó a ver parte de sus logros. “Él siempre me decía que le echara ganas. Mi madre está muy orgullosa. Todos mis hermanos viven en Fresno, pero a mis sobrinos me los traigo a trabajar en el verano”.

Uriel da empleo a entre 20 y 30 trabajadores en alrededor de 40 acres en Oxnard.

Y aunque – dice – han sido un puñado de factores los que llevaron a ser agricultor de fresas, no le cabe duda que el consejero que le facilitó el camino para ir a la universidad, ha sido la persona que más lo ha influido en la vida.

“No lo hubiera podido lograr sin su impulso. Esa persona, 10 años después, fue alcalde de Firebaugh”. 

Lo que más lo llena de satisfacción, después de haber sido un niño sin papeles, es ser parte de la industria de la fresa que solo en Oxnard genera 350 millones de dólares.

“Yo soy parte de esa economía. La cosa nunca es darse por vencido, ser persistente”.

Uriel Hernández ha iniciado también un proyecto de siembra de fresas en Baja California. (Cortesía)

Mayra y Uriel son parte de la Comisión de Fresas de California que representa a más de 300 agricultores, transportistas y procesadores de fresas, que cultivan el 90% de todas las fresas que se producen en Estados Unidos. En conjunto, son creadores de 70,000 empleos.

Muchos de ellos como Mayra y Uriel son hijos de inmigrantes, o vinieron como inmigrantes.

Para más información sobre Fresas de California, visita www.californiastrawberries.com

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