Familia de solicitantes de asilo necesitan una vivienda para no terminar en la calle

Están recién llegados a Los Ángeles y están urgidos de un techo

Madre e hija, inmigrantes de Colombia, necesitan de la ayuda de la comunidad. (Araceli Martínez/La Opinión)
Madre e hija, inmigrantes de Colombia, necesitan de la ayuda de la comunidad. (Araceli Martínez/La Opinión)
Foto: Araceli Martínez Ortega / Impremedia

Una familia de inmigrantes colombianos recién llegados a Los Ángeles hicieron un llamado desesperado de ayuda a la comunidad angelina, ya que necesitan con urgencia una vivienda para no terminar viviendo en la calle.

El último día que tienen pagado en el modesto hotel donde se están quedando es este jueves 11 de agosto, y no tienen idea de dónde van a dormir la siguiente noche.

“Lo más urgente que necesitamos es un techo porque mientras no lo tengamos, no podemos trabajar ni hacer nada”, dijo Claribel Mancera. “Todo lo que requerimos es una ayuda temporal”.

Claribel, su esposo José Albeiro Rubio Murcia y su hija Evelin Rubio de 15 años llegaron hace 8 días a Los Ángeles. 

“Tenemos un hijo que se vino hace unos pocos meses, y él nos encontró este hotel donde estamos, pero ya no puede seguir pagándolo, y no sabemos a dónde vamos a ir”, dice Claribel.

La familia Rubio Mancera salió de Bogotá, Colombia el 23 de julio. En su país, dejaron a su hijo mayor de 26 años.

Madre Claribel Mancera e hija Evelin Rubio se dan ánimos y se apoyan. (Araceli Martínez/La Opinión

Volaron de Bogotá a la ciudad de México, de ahí a Hermosillo en el norte de México, donde abordaron un autobús que los llevó a la frontera con Arizona.

“Nos entregamos a las autoridades de migración en Yuma, Arizona, donde solicitamos asilo político, y de ahí nos llevaron a Tucson”.

Después de tres días de encierro y preguntas por parte de las autoridades de migración, la familia fue dejada en libertad, y de Tucson viajaron a Los Ángeles para reunirse con otro de sus hijos que había emigrado meses atrás.

“Tenemos corte para el 17 de febrero de 2023; mientras tanto mi esposo, quien quedó como jefe de hogar, tiene que estar reportándose a migración en un teléfono que le dieron; y cada martes, debe tomarse una foto y mandárselas”.

La razón por la que salieron de Bogotá tiene que ver con su seguridad.

“Mi esposo trabajó muchos años en las minas de esmeraldas. Tiene una certificación oficial para trasladarlas de un lugar a otro. Pero muchos años después, cuando él y yo, ya nos dedicábamos a las ventas de equipo de seguridad, se le acercaron unas personas a proponerle montar un negocio de esmeraldas, que en realidad era lavado de plata”.

Claribel dice que empezaron a tener problemas cuando su esposo rechazó la oferta. 

“Nosotros somos personas de bien, siempre hemos trabajado honestamente, y no nos íbamos a exponer porque tenemos hijos”.

Cuenta que al comienzo, los delincuentes dan plata, pero luego para hacerlos callar o si hacen algo no les gusta, matan a la gente.

Cuando la presión para obligarlo a trabajar con ellos subió de tono, y le dijeron que tenía que colaborarles en el negocio de esmeraldas por las buenas o las malas, los Rubio Mancera tomaron la decisión de dejar Colombia y venir a Estados Unidos.

“Vendimos todo lo que teníamos y nos venimos para acá”.

Relata que desafortunadamente en uno de los retenes de migración por los que pasaron en México, les quitaron el dinero que traían, lo que agravó aún más su precaria situación.

“Me siento muy mal porque dejé a mi hermano mayor”, dice Evelin.

Pero comenta que más mal se siente de ver todos los afanes que hacen sus padres en su lucha por conseguir una vivienda en Los Ángeles.

“Todas las noches se preocupan por ver dónde vamos a dormir, dónde vamos a comer. Mi hermano no puede tenernos con él. Él vive con su esposa y su cuñada en una habitación”.

Aunque sus padres la prepararon mentalmente y le advirtieron que los primeros meses serían difíciles, también le hablaron de que la vida en Estados Unidos es mucho mejor que en Colombia, y que éste es el país de las oportunidades. Pero al menos en estos primeros días, las oportunidades han brillado por su ausencia.

“En Colombia teníamos una vida promedio, ni mucho ni poco. Mis papás se mataban por darme estudio, uniformes, útiles. Llegamos aquí y no tenemos nada, ni siquiera un techo”.

Durante el día, su padre sale a buscar una vivienda o un albergue donde se puedan quedar.

“Yo me quedo con mi mamá en el cuarto, y hacemos llamadas tratando de encontrar dónde quedarnos. La ayudó con la traducción con el poquito de inglés que sé, o me ayudo con el traductor”.

A veces, dice, su madre se desespera y se pone a llorar porque ya no saben qué hacer.

Con la voz entrecortada y una expresión triste, Claribel confiesa que se siente deprimida por su situación. Llevan 8 días viviendo en un muy humilde hotel en la ciudad de South Gate, al sur de Los Ángeles. Cada noche, padre, madre e hija se acomodan para dormir juntos en la única cama que hay en el hotelito.

“Tuvimos que salir de Colombia y dejar todo botado. Ha sido muy fuerte. Y llega uno aquí, y no tiene un techo”.

Dice que ellos no piden que les regalen nada. “Nosotros trabajamos, sabemos luchar. Pero me preocupa no encontrar una vivienda. Mi esposo y yo podemos dormir en un andén, donde sea, pero a mi hija no la podemos echar a la calle”.

Evelin Rubio trata de ayudar a su madre Claribel lo más que puede. (Araceli Martínez/La Opinión)

Junto a la urgencia de localizar un lugar o un albergue donde vivir, se añade la preocupación de no encontrar atención médica para su esposo.

“Está enfermo de gota. Hemos ido a muchos hospitales y clínicas, y en todas partes nos dicen que no lo pueden ayudar por no tener papeles”.

Claribel dice que que su sueño es progresar en Estados Unidos.

“Quiero que mi hija se prepare y estudie. Yo sé que aquí hay mucho trabajo, y que trabajando y ‘guerreando’, podremos salir adelante”.

En los escasos días que llevan en Los Ángeles, madre e hija dicen que muchas personas los han ayudado, y les han regalado comida.

“Desayunamos cereal, y a las 3 de la tarde, hacemos el almuerzo y la comida al mismo tiempo. Vamos a las hamburguesas porque es la comida más barata”, dice Evelin, a quien su madre describe como una muchacha muy educada, que estudiaba el décimo grado de la secundaria en Colombia.

“No la he inscrito a la escuela, hasta que no sepamos a dónde vamos a vivir”.

Evelin tiene grandes sueños.

“Mi sueño es llegar a trabajar en la NASA. Quiero ser ingeniera aeronáutica o aeroespacial. Sueño con construir aviones y cohetes”.

Sus materias favoritas – dice – son matemáticas, física y química. 

“Siempre estaba entre los primeros tres lugares en mi escuela”.

Pero para que la familia pueda lograr todos sus anhelos, lo primero que necesitan es poner un techo sobre sus cabezas.

“Le pido a la comunidad su colaboración para encontrar un lugar donde vivir. La vivienda nos tiene amarrados, sin poder dormir. No podemos ir a trabajar y dejar a mi hija en la calle”, dice Claribel. 

Esta familia colombiana también necesita ropa.

“Solo tenemos dos mudas de ropa. Traíamos como cuatro, pero en migración nos la quitaron”.