Ser inmigrante en EEUU y apoyar a la oposición en México es una contradicción

Recordemos que respaldar al PRIANRD significa respaldar esas políticas y gobiernos que te obligaron a salir del país y a abandonar a tu familia; incluso, no hay que olvidar que esa situación costó la vida de miles de personas

Mexicanos en Los Ángeles. (Jacqueline García/La Opinión)

Mexicanos en Los Ángeles. (Jacqueline García/La Opinión) Crédito: (Jacqueline García/La Opinión) | Impremedia

Creo que si en pleno 2022 no nos hemos dado cuenta que la mayoría de los políticos que ahora se dicen “oposición” en México lo único que hacían era robar y ser cómplices del corporativismo nacional y extranjero para saquear al país, entonces vivimos con los ojos cerrados.

Es verdaderamente triste y contradictorio vivir como exiliados en otro país a causa, en la mayoría de los casos, de las políticas neoliberales a la mexicana que se establecieron desde el sexenio del expresidente Carlos Salinas de Gortari hasta el 2018, y aun así apoyar desde el extranjero a esa misma facción que nos obligó a dejar a nuestras familias y la tierra en que nacimos.

No quiero decir que ya no exista corrupción ni violencia en México actualmente, pero la actual administración ha dado el primer paso para revertir ese sistema poco a poco, esa forma de vivir que nos había hecho creer que todo mexicano prácticamente nace corrupto. La lucha es precisamente contra ese sistema que permitía y casi obligaba a todos ser parte de esa corrupción en todos los niveles y en todos los sectores de la industria privada o pública. Si con ética ibas contra esa corriente, te hacían ver como “tonto”, incluso los más allegados.

La oposición política en México.
Crédito: Archivo | Cortesía

Sí, vivíamos en un México donde todo era corrupción y solamente a través de influencias, con dinero o fraudes se lograban las cosas. Era un México donde el policía, el doctor, el empresario y hasta los barrenderos se las ingeniaban para sacar dinero aprovechándose del otro. No había forma de sacar una licencia sin que existiera “la mordida” para agilizar las cosas, para que te atendieran en los hospitales públicos más rápido o para ganar un contrato en una alcaldía.

Sí, eran los tiempos del lema “el que no transa no avanza”, del “primero yo, después yo y al último yo”; teníamos miedo de hacer una transacción con un abogado porque temíamos que nos fuera a robar y dejarnos en la calle. Es claro por qué las corporaciones nacionales y extranjeras no pagaban impuestos, muchas porque disfrutaban ser parte de esa corrupción que les dejaba millonarias ganancias; pero otras, aunque no estuvieran de acuerdo, decían, “de todas maneras la clase política se lo va a robar”. Por eso se inventaban una organización no lucrativa u otro pretexto para no pagar sus impuestos.

Sí, vivíamos en un periodo en el que los pobres se multiplicaron por todo el país, a algunos los mataron o los obligaron a emigrar, mientras los millonarios se multiplicaron en la revista Forbes. Vivíamos en un México donde para el 2018 el 60% de su tierra ya había sido concesionada al sector corporativo, en la mayoría de los casos extranjero, cuando más de 3,000 industrias públicas se privatizaron dejando a millones de mexicanos en la calle y cuando más de 500 ocasiones se modificó la Constitución para beneficiar a las grandes empresas y no al pueblo mismo.

Uno de los ejemplos fue la concesión del agua en Puebla, por no decir la privatización, pero ahora los poblanos pagan más por ese líquido que no debería de ser un negocio, sino un derecho. Pero esa es la filosofía neoliberal, donde todo es negocio y todo se privatiza, no hay derechos de la gente, ni siquiera en los servicios más vitales como la salud y el agua.

Y así como el agua en Puebla, hay miles de ejemplos que no se han podido eliminar porque los sexenios pasados se lograron blindar con leyes, jueces y políticos que, lejos de representar al pueblo, siguen defendiendo a las corporaciones y ha sido imposible detenerlo en un sexenio.

Recordemos que The Economist, voceros del neoliberalismo y una de las más prestigiosas revistas en Inglaterra, en uno de los artículos de 2021 dijo que “personalmente AMLO no es corrupto”, pero que era un “peligro” para la democracia.

Claro, decían que AMLO era un peligro para la democracia porque esa revista representa y vive del corporativismo internacional, de esas empresas nacionales y extranjeras que se han dedicado a saquear a México; y sí, era un peligro para ellos porque ese sistema se toparía con un presidente nacionalista que implanta ahora mismo un capitalismo con sentido social, pero eso es lo que menos les interesa.

Desafortunadamente el desorden y el recorte del presupuesto en las industrias públicas para que todo salga mal es parte de la estrategia de los neoliberales, hacer que en cualquier industria pública, ya sea en educación, salud, transporte, cultura, etc., las cosas no se hagan bien y de esa forma justifican su entrada.

Es por eso que resulta ilógico que en un país que era productor de maíz, base de su alimentación, lo tenga que importar, al igual que la gasolina, a pesar de que hemos vivido épocas de bonanza petrolera. Pero ese es el neoliberalismo, y desafortunadamente políticos cómplices se prestan a ello, sin importar las terribles consecuencias en la población mexicana.

Enfatizo: no quiere decir que ya no hay corrupción ni que todos en el pasado eran corruptos, pero cuando tenías presidentes que llegaban al poder mediante fraudes y de la mano del sector corporativo, esa era la regla y no la excepción. Hoy tenemos a un presidente que no se ha dejado corromper y ha obligado a pagar impuestos a esas corporaciones que en el pasado no lo hicieron; además que lucha por el autoabasto en los alimentos y la energía para no depender del mercado económico o corporaciones extranjeras. Y a pesar de todo y de la situación que vemos en Europa por la falta de gas, desgraciadamente aún hay políticos de PAN, PRI y PRD que todavía se niegan a aprobar una Reforma Energética. Es vergonzoso que esos políticos que fueron electos  por la ciudadanía, representen más los intereses extranjeros que los de los mexicanos mismos. Es precisamente por eso que se les acusa por traición a la patria.

Sabemos que no todo es perfecto en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y hay que ir limpiando el camino de muchos políticos oportunistas corruptos del pasado que se resisten al cambio. Pero eso será poco a poco. Debemos voltear a ver a la nueva generación de políticos conscientes como Andrea Chávez, Hamlet Almaguer y Clara Brugada Molina, entre muchos otros, que sí quieren hacer las cosas correctamente y siguen los pasos de López Obrador. Habrá muchos políticos que no cambiarán y solo el voto de la ciudadanía los podrá eliminar, pero para eso falta la participación de la gente para que se haga de la corrupción una excepción y no la regla como lo era hasta el 2018.

Recalco que es una contracción ser inmigrante y apoyar a la oposición en México, que el año pasado y este, votaron para eliminar la ayuda económica a las personas de la tercera edad. Eso no es hacer política, es ser inhumano, intentar eliminar los ingresos de las personas en la etapa más vulnerable de la vida. Esa es la oposición que tenemos hoy, pero estoy seguro de que la mayoría de los inmigrantes no quiere ni apoya a ese tipo de políticos.

Por esas razones es mejor reflexionar un poco más, pero sobre todo involucrarse en los procesos políticos de tu vecindario, estado o ciudad. Es importante conocer bien a las personas que elegimos para que se pueda dar el segundo paso en esa democracia en la que todos soñamos, donde se pueda vivir y donde nuestras familias o amistades no tengan que seguir arriesgando la vida en busca de un lugar mejor para vivir.  

Recordemos que apoyar a la oposición de ahora es apoyar esas políticas que te obligaron a abandonar a tu familia y a tu país, y que costó la vida a muchos. Por ello, ser inmigrante y apoyar al PRI, al PAN o al PRD en estos momentos es una contradicción, es querer que ese nefasto pasado regrese. Pero estoy seguro de que, en el fondo, nadie desea eso.

Gracias por leer hasta el final.

Agustín Durán es editor de Metro de La Opinión, el único diario en español impreso en Los Ángeles. Cualquier aclaración o sugerencia me puedes escribir a: agustin.duran@laopinion.com

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