“A los 12 años entré a la MS-13”: Mujer habla de su “vida loca” como pandillera de la Mara

Rosa, quien entró a la Mara Salvatrucha a los 12 años después de recibir una brutal golpiza, dijo que encontró en el barrio lo que no tenía en su casa

Mara Salvatrucha

Desde los 10 años Rosa se acercó a los Maras, pero hasta los 12 fue recibida. Crédito: ORLANDO SIERRA | AFP / Getty Images

Centroamérica es una región azotada por la pobreza y la violencia, si bien la mayoría de los habitantes quedan vulnerables ante esta situación, los adolescentes son quienes más expuestos están a ser víctimas o victimarios. La Mara Salvatrucha o MS-13 es una pandilla que ha dominado los países de aquella parte del continente, pero que se ha extendido como un cáncer a otras partes, incluyendo Estados Unidos

Entrar a esa pandilla no es fácil, salir lo es aún menos, pero lo que se vive allí es realmente terrible. Una mujer dio su testimonio a Univision Noticias sobre lo que ha vivido como pandillera. “Rosa” -nombre dado para proteger su identidad- narró que entró a la Mara a los 12 años, después de recibir una brutal golpiza para probar que “era digna”. Tras superar la prueba, ha estado más de dos décadas en ella. 

Algo que resulta contradictorio, es que muchas personas se unen a las filas de la pandilla para escapar de la violencia, pero llegan justo a un sitio donde la hay en abundancia e incluso ellas deben ejercerla. Rosa llegó a la MS-13 buscando cobijo para el maltrato que vivía a manos de su padrastro. Desde los 10 años se acercó a los Maras, pero hasta los 12 fue recibida.

Y es que tener niñas en sus filas es algo benéfico para los pandilleros, debido a que ellas no llaman la atención y es más fácil que cometan ilícitos sin que sean vistas o investigadas. Rosa explicó que entre las tareas de las menores están llevar drogas, visitar a los que caen presos y ser el nexo de comunicación con el exterior, también cobran extorsiones a los negocios, participan en los secuestros y asesinatos.

No solo se pierde la inocencia, también los sueños, ella tenía el de cualquier niña, casarse, formar una familia y su futuro hubiera podido ser brillante, era la mejor de su clase, pero la violencia en el núcleo familiar no le permitió seguir el camino que deseaba. En la pandilla encontró protección, su padrastro fue amenazado y jamás volvió a tocarla. Además tenía un lugar a donde ir.

“Encontré en el barrio lo que no tenía en mi casa. Porque de alguna manera dejé de recibir golpes”, expresó.

Pero la familia real que formó con los años se deshizo y todo por la vida criminal que llevó. En 2017 se despidió de sus hijos y fue a llevar droga de Los Ángeles, California a Texas, pero en el camino una patrulla la detuvo. Fue puesta bajo custodia del ICE y deportada a su país, ha intentado cruzar dos veces, mismas en las que ha sido descubierta por la Patrulla Fronteriza.

Ha sido la guerra más dura, más difícil, más larga de toda mi vida. El hecho de tener la esperanza y luchar por poder volver a verlos”, lamentó.

Rosa vio y pasó varias cosas en su “vida loca de pandillera”, pero no culpa a la MS-13, pues asegura que ella tomó la decisión, no la obligaron. Aunque es tajante al responder que no permitiría que su hija o alguien de su familia se uniera a las filas de la Mara.

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