La filantropía de EE.UU. llega a México a través de los repatriados

Tan solo en 2013, EE.UU. deportó a México alrededor de 18,000 connacionales cada mes y muchos de ellos en condiciones precarias por falta de ahorros, el desconocimiento del país y sus instituciones

Beneficiados con comida en Casa Tochán

Beneficiados con comida en Casa Tochán. Crédito: Cortesía New Comienzos. | Cortesía

MÉXICO- La vida es un ciclo, un vaivén de subes y bajas. Bien lo sabe Cirio Herández y los integrantes de la organización de repatriados New Comienzos: un día todos estaban en Estados Unidos, con su vida hecha allá, con sus trabajos y sueños; al siguiente estaban en México sin entender cómo funciona el país, con una mano adelante y otra atrás.

Y así a lo largo de los días, los meses y los años en los que han entendido que, según el lugar en el que se encuentren coyunturalmente deben ayudarse los unos con los otros. Ahora, con algunos en la Ciudad de México y otros en Arizona idearon la manera de obtener recursos de subsidios de Estados Unidos (Grants) para apoyar situaciones de vulnerabilidad en México.

“Estamos siendo un puente para que la comunidad (de repatriados) que está en México adquieran subvenciones”, informó Ana Estrada, directora de voluntariado de New Comienzos que opera binacionalmente desde hace un par de años cuando su fundador, Israel Concha, pudo regresar tras una deportación.

El primer proyecto de este nivel lo encabeza Cirio Hernández, embajador de la organización, quien regresó a México hace 10 años por infringir la ley y desde entonces ha pasado por todas las etapas: de no encontrar trabajo a pasar hambre; de los abusos laborales en algunas empresas a integrarse con otros como él para laborar en equipo.

A Hernández lo llevaron sus padres a Estados Unidos cuando tenía cuatro años y allá vivió hasta los 25 años, en San Fernando, Indiana, y en San Antonio, hasta que su madre murió y sintió que su vida se tambaleó, empezó a tomar alcohol y consumir drogas y fue arrestado. Como no tenía antecedentes penales le aconsejaron pelear su caso.

Él prefirió firmar su deportación voluntaria. No lo pensó mucho. Se le hizo fácil y cuando llegó supo que se había metido en tremendo lío. “No me sentía ni de aquí ni de allá y era muy complicado tener un trabajo que valiera la pena”.

¿Qué haces aquí si sabes inglés?, le dijo la mujer que se convertiría en su esposa cuando lo conoció en una fábrica de la Ciudad de México, como obrero de ocho horas con un solo día de descanso a la semana. 

Ella lo puso a pensar con ese comentario y decidió irse a probar suerte en los call centers, en atención a clientes, en monitoreo de transporte con salarios muy bajos que no le alcanzaba para mucho.

EL VOLUNTARIADO

De esos primeros años, le quedó la experiencia para trabajar actualmente en Work Force, organización paralela de New Comienzos para proyectos productivos entre México y Estados Unidos. También la consciencia de que si no se ayudan unos con otros el infierno migrante puede ser más violento.

Tan solo en 2013, EE.UU. deportó a México alrededor de 18,000 connacionales cada mes y muchos de ellos en condiciones precarias por falta de ahorros, el desconocimiento del país y sus instituciones.

Cirio Hernández, por ejemplo, no tenía acta de nacimiento porque sus padres nunca lo presentaron en el Registro Civil. “Tenía solamente mi fe de bautizo”, recuerda sobre el peregrinar para que pudiera ser persona, tener un acta, una credencial de identificación, una Clave Única de Registro de Población (CURP)…

Con ese precedente burocrático hizo voluntariado en la organización para orientar a muchos migrantes y en el camino descubrió que no solo los retornados la pasan mal, sino todo tipo de  personas vulnerables en un país con altos índices de pobreza y de precarización de las instituciones. 

“Me di cuenta que en los hospitales públicos no permitan que los familiares estén con los pacientes enfermos y ni siquiera en una sala de espera, los dejan en la calle a esperar con el frío, sin dinero, ni comida, mucha gente viene de provincia y no tiene para el hotel y ni siquiera para una torta y fuimos a llevar comida allá”.

De eso hace ya dos años. New Comienzos, mientras tanto, empezó a operar como organización Non Profit (sin fines de lucro) en Las Vegas tras el retorno a Estados Unidos de Israel Concha, su fundador. “Descubrimos que aquí hay muchas formas de obtener ayuda, mucho más que en México y de manera más sistematizada y que podía ser canalizada a nuestra gente”, detalla. 

En tiempos recientes, Ciro Hernández se enfoca en la migración de paso. El día de thanksgiving llevaron comida a Casa Tochán, un refugio para transmigrantes que en tiempos recientes se enfoca en la atención de venezolanos y colombianos quienes forman la gran masa de migrantes a Estados Unidos después de la pandemia. 

En 2023, México ha deportado a casi medio millón de indocumentados.

“Es muy impactante”, reconoce Cirio. “A veces lo poquito que tenemos quisieran tenerlo otros, como los mexicanos que estamos cerca de EU y no tenemos que cruzar más que un solo río, un solo desierto”.

Aquel día de Acción de Gracias en Casa Tochan, Cirio Hernández se encontró con un niño pequeño de 13 años cuyos padres venezolanos dejaban ahí mientras salían a trabajar en espera de la cita del CBP One para pedir asilo. “Nos contaba que vio muchos muertos que se llevaba el río en el cruce peligroso del Darién y yo pensaba que un niño no debería estar sufriendo eso”. 

FILANTROPÍA BINACIONAL

El gasto de alimentación que New Comienzos canailza de los subsidios de EE.UU. a México beneficia a 100 personas cada 30 días, pero la idea es que el proyecto crezca, detalla Ana Estrada. “Estamos logrando que nos den alrededor de mil dólares cada mes y nosotros gastamos entre 100 y 200 pesos por paquete, entonces podríamos ayudar a 1,000 personas”.

Una vez que se obtiene el recurso, se canaliza al proyecto individual de Cirio Hernández y él hace toda la logística: el contacto con los albergues y la comunidad de voluntarios para que se presenten a entregarlos. 

El esquema ha funcionado de manera efectiva. Para enero de 2024, la organización dará un curso de capacitación para entrenar a los repatriados y que éstos puedan obtener los recursos de Estados Unidos y enfocarse en las causas de filantropía en la comunidad en México que el otro país expulsó. Nada se pierde, todo se transforma. 

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