La violencia doméstica pone a las víctimas a un paso del desamparo

La Iniciativa sobre Vivienda y Personas sin Hogar descubre que al menos el 17% de las personas sin hogar huyeron de sus casas debido a la violencia de pareja

La violencia doméstica lleva a muchas mujeres y a sus hijos a vivir en las calles. (Jeff Grace/La Opinión)

La violencia doméstica lleva a muchas mujeres y a sus hijos a vivir en las calles. (Jeff Grace/La Opinión) Crédito: Jeff Scott Grace/ La Opinion

La violencia de pareja puede precipitar al desamparo, en particular para las víctimas con recursos económicos limitados. 

Un nuevo estudio La Iniciativa sobre Vivienda y Personas sin Hogar publicado el mes pasado por la Universidad de California en San Francisco descubrió que al menos el 17% de las personas sin hogar huyeron de sus casas debido a la violencia de pareja.

Durante la videoconferencia “Violencia doméstica: a un paso de quedar sin hogar”, organizada por Ethnic Media Services, defensores y estudiosos del tema hablaron de cómo la violencia doméstica conduce a menudo la falta de vivienda, pero también expusieron los hallazgos de un nuevo estudio y el aumento de la violencia doméstica en Nueva York y sus vecindarios.

Violencia de pareja y desamparo

La doctora Anita Hargrave, profesora asistente de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), investigadora líder del reporte, precisó que la violencia de pareja comúnmente conocida como violencia doméstica abarca el abuso y las agresiones cometidas por una pareja íntima actual o pasada como un esposo o novio.

“El 40% de los participantes en el estudio reportaron que la violencia de pareja los condujo al desamparo; el 20% indicó que tenían ingresos extremadamente bajos, de menos de $600 que el alquiler medio de una habitación en el estado”.

Dijo que el estudio demostró que la violencia de pareja puede precipitar el desamparo para mucha gente, y es particularmente peligrosa para quienes están en los márgenes económicos.

“Otra conclusión clave es que muchos participantes informaron que cantidades relativamente modestas de apoyo financiero podrían haberles ayudado a evitar la falta de vivienda. 

“Entre los supervivientes que denunciaron violencia de pareja antes de quedarse sin hogar, el 73% creía que un subsidio mensual reducido les habría ayudado a evitar quedarse sin hogar durante al menos dos años; y el 92% consideró que un bono de vivienda le hubiera asegurado un techo durante al menos dos años”.

Pero además el estudio arroja que el 95% de los sobrevivientes de violencia reportaron que el alto costo de la vivienda era una barrera para salir del desamparo.

Incluso el 61% dijo que su pobre historial crediticio y la historia de desalojo que con frecuencia son una consecuencia de la violencia de pareja, es otra barrera para volver a tener una vivienda.

Las víctimas señalaron en el reporte que para lograr sanación y estabilidad en la vivienda requieren acceso a albergues de violencia doméstica, apoyo financiero, servicios especializados para violencia de pareja, y apoyo para encontrar vivienda permanente.

La doctora Hargrave indicó que las recomendaciones del estudio fueron aumentar el acceso a vivienda accesible para las víctimas de violencia de pareja, y a los albergues que sirven a los sobrevivientes en momentos de crisis.

“Debido a que en California el costo de la vivienda es muy alto. Muchos sobrevivientes son forzados a hacer la imposible decisión de permanecer en relaciones abusivas o escapar bajo riesgo de vivir en la calle debido a la falta de vivienda accesible”.

En California, faltan un millón de unidades de viviendas disponibles y accesibles para personas de ingresos extremadamente bajos. Un mecanismo para hacer que las viviendas actuales sean más asequibles son los subsidios de vivienda.

“Necesitamos apoyar a los sobrevivientes con sus necesidades económicas básicas al ofrecer asistencia financiera flexible y vivienda permanente accesible”, dijo la doctora e investigadora de UCSF.

Empoderamiento y educación

Jennifer White-Reid, jefa del equipo y asesora del presidente del Urban Resource Institute (URINYC), una organización no lucrativa que provee servicios a las víctimas de violencia doméstica y personas sin hogar en Nueva York, dijo que son el mayor proveedor de vivienda temporal para los sobrevivientes.

“Estamos comprometidos a terminar los ciclos de violencia y desamparo al ofrecer apoyo para el trauma a las familias. Operamos 23 albergues en la ciudad de Nueva York, incluyendo 15 para las sobrevivientes de violencia doméstica”.

Dijo que además empoderan a las familias a obtener estabilidad económica, y trabajan con jóvenes y en las comunidades para terminar los ciclos de violencia, involucrando a quienes causan el daño.

“Aproximadamente el 40% de las mujeres y niños en los albergues familiares para desamparados en Nueva York, están ahí por la violencia doméstica”.

Hizo ver que entre 2021 y 2022, los homicidios cometidos por la pareja íntima aumentaron 29% en toda la ciudad y fueron aún más pronunciados en los barrios.

“Brooklyn experimentó un aumento de 225% en los homicidios de pareja y el Bronx, un 57% en el mismo periodo”.

Destacó que esta alza en los homicidios impacta de manera desproporcionada a las mujeres afroamericanas e hispanas.

“El desamparo y la violencia doméstica están vinculados. Al prevenir la violencia doméstica, vamos a prevenir el desamparo”.

Dijo que podemos reducir la violencia doméstica y el desamparo al invertir en la comunidad y en soluciones que se centren en la equidad y las voces de los sobrevivientes.

“Las soluciones que la Ciudad de Nueva York y otras agencias de gobierno pueden utilizar para atender la violencia doméstica, y como consecuencia reducir el desamparo, se enfocan en prevención, invertir en educación, ampliar las oportunidades económicas y en mejorar el acceso a albergues y vivienda permanente accesible”.

También dijo que es crucial educar a las jóvenes en las escuelas secundarias e intermedias sobre las relaciones saludables, sobre todo en comunidades de alto riesgo para interrumpir los ciclos que alimentan la violencia doméstica. 

No somos invisibles

Desiree (Dez) Martinez, directora ejecutiva de We Are NOT Invisible, dijo que vivió el desamparo tras experimentar abuso emocional y mental, lo que la llevó a una crisis mental. 

“A pesar de no cumplir con los requisitos para una cama en albergue de violencia doméstica, me encontré en un refugio para desamparados durmiendo en el suelo entre varios individuos”.

Pero las restricciones de género en el albergue, la llevaron a vivir en las calles.

“Preferí eso a regresar al abuso. Aproveché mi tiempo en la calle para usar mis habilidades para la fotografía y documentar las realidades y abogar por un cambio”.

Dijo que descubrió una plataforma para compartir sus experiencias y abogar por otros en situaciones similares.

“Actualmente tengo un lugar permanente donde vivir porque tengo un cupón de vivienda que me ayuda a pagarla, pero estoy nerviosa cada año porque las rentas continúan aumentando y mi cupón no se incrementa, pero tengo esperanzas de que haya cambios mientras continúe la solidaridad con las personas sin hogar”.

Dijo que en la actualidad es una defensora nacional de la vivienda universal, por los derechos civiles para las personas sin hogar, y una trabajadora de intervención en crisis para los campamentos de desamparados.

Y además estableció un sindicato para personas sin hogar, formó una plataforma de redes sociales y una organización sin fines de lucro dedicada a apoyar a la comunidad sin hogar.

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