Qué quedó de Montreal 1976: una ruta por su legado olímpico 50 años después
Del Museo McCord Stewart a las islas del San Lorenzo, una ruta muestra qué hizo Montreal con los escenarios y las cuentas de sus Juegos de 1976
El Festival Fierté Montréal ocupa la explanada del Parque Olímpico, una muestra de cómo los espacios construidos para los Juegos de 1976 forman parte de la vida cultural de la ciudad. Foto: Tourisme Montréal. Crédito: Eva Blue | Cortesía
Montreal suele venderse sola en verano. Después de los meses de frío regresan las terrazas y las calles peatonales. El calendario de festivales cambia cada semana. La bicicleta se vuelve una forma práctica de recorrer los barrios. Los mercados se llenan de producto de temporada y hasta los días calurosos encuentran remedio en un spa instalado sobre el río San Lorenzo.
En 2026 hay una razón menos obvia para elegirla. Se cumplen cincuenta años de los Juegos Olímpicos y la ciudad decidió pasar el verano revisando lo que ocurrió en 1976. La programación del aniversario incluye exposiciones y recorridos especiales por el Estadio Olímpico; las instalaciones que todavía existen también recuperaron parte de su historia. Nadia Comaneci, que aquí firmó el primer 10 perfecto de la gimnasia olímpica, vuelve a la ciudad para el acto central de la conmemoración. En septiembre, el Campeonato Mundial de Ciclismo en Ruta llevará de nuevo una competencia internacional a sus calles.
Para un viajero procedente de Los Ángeles, la coincidencia tiene un atractivo adicional. LA recibirá los Juegos en 2028 por tercera vez y sostiene que puede organizarlos sin construir recintos deportivos permanentes. Montreal tomó otro camino: levantó un estadio concebido como emblema y llegó a la inauguración con la obra incompleta. Terminó de pagar la deuda asociada con el complejo en 2006.
Durante décadas, la cuenta dominó la memoria de Montreal 1976. El aniversario amplía la mirada hacia lo que ocurrió desde entonces y hacia la forma en que la ciudad conserva aquel verano. Mi entrada a esa historia estuvo en el Museo McCord Stewart.
El aniversario empieza en el Museo McCord Stewart

La exposición Montreal 1976: An Olympic Feat abre con la imagen que la ciudad quiso proyectar al mundo. Los carteles y los pictogramas de señalización conservan una modernidad que no esperaba encontrar en materiales de hace medio siglo. El comité organizador creó un lenguaje visual capaz de orientar a miles de visitantes y mantener la misma identidad desde una entrada hasta el uniforme de miles de empleados y voluntarios.
La historia deportiva aparece enseguida. El 18 de julio de 1976, Nadia Comăneci tenía 14 años cuando obtuvo el primer 10 perfecto de la gimnasia olímpica en las barras asimétricas. El marcador del Montreal Forum no estaba preparado para mostrar esa calificación y encendió un desconcertante “1.00”. La rumana repitió la puntuación perfecta otras seis veces y salió de la ciudad con cinco medallas, tres de oro.

Para los canadienses, otra gran imagen llegó bajo la lluvia. Greg Joy superó los 2.23 metros en la final de salto de altura y ganó la medalla de plata. Las historias de los atletas abren el camino hacia la parte menos celebratoria del recorrido.
La exposición se concentra en las personas que construyeron la cara pública de los Juegos. En el museo están los dibujos que prometieron el edificio y las caricaturas que se burlaron de él. La inflación coincidió con huelgas prolongadas. Los cambios de diseño aumentaron todavía más los costos. El Estadio Olímpico abrió con la torre y el techo pendientes.
El Comité Olímpico Internacional calcula que Montreal 1976 obtuvo 606 millones de dólares canadienses en ingresos y tuvo 383 millones en gastos de operación. El gasto de capital llegó a 1,210 millones. Esa diferencia importa: las competencias pudieron operar con ingresos superiores a sus gastos, pero la construcción de las instalaciones dejó una cuenta que tardó treinta años en cerrarse.

Los documentos más incómodos explican otra parte del costo. La retrospectiva aborda la llamada “limpieza olímpica” promovida por el alcalde Jean Drapeau, que incluyó hostigamiento a comunidades homosexuales y arrestos de personas sin hogar. La campaña retiró además carteles del espacio público. Corridart, una intervención artística instalada sobre la calle Sherbrooke como parte del programa cultural, fue desmantelada por orden municipal durante la noche del 13 de julio, cuatro días antes de la inauguración.
Ese material impide que el aniversario se vuelva una celebración complaciente. También permite apreciar mejor la identidad gráfica y el efecto que tuvieron los atletas sobre varias generaciones. El McCord deja que las dos versiones compartan el mismo espacio.
El recorrido me tomó cerca de dos horas. Conviene reservar tiempo porque el museo presenta además On the Menu, una exposición sobre la historia de los restaurantes de Montreal. Llegué a ella después de varios días en mercados y cocinas de la ciudad, y funcionó como el índice de todo lo que ya había comido. Conté esa ruta gastronómica por separado, desde el maíz tlaxcalteca de Bar Luz hasta los puestos de Jean-Talon.
La exposición olímpica estará abierta hasta el 13 de septiembre. Durante el verano, el aniversario se extendió a otros museos mediante un “maratón cultural”. El Museo de Bellas Artes incorporó obras relacionadas con el deporte y el MEM reunió historias y recuerdos de 1976. De esa forma, alguien interesado en arte puede seguir el tema sin pasar todo el viaje alrededor de una pista.
Del museo al Estadio Olímpico

Después del McCord, el siguiente paso lógico está en el este de la ciudad. El trayecto se hace en metro y permite dedicar medio día al Parque Olímpico. En 2026 se estrenó una visita guiada de 75 minutos que estará disponible hasta el 27 de septiembre.
Las obras mantienen cerrados el interior del estadio y la Torre de Montreal, así que el recorrido no funciona como una visita convencional a las gradas. La ruta entra a sectores que normalmente permanecen fuera de alcance, incluido el antiguo vestidor de los Expos de Montreal, el equipo de béisbol que jugó ahí durante veintiocho temporadas. Es importante revisar horarios y condiciones antes de ir porque el acceso puede cambiar conforme avance la renovación.
El contraste con el McCord justifica el desplazamiento. En el museo están los planos y las promesas. En el Parque Olímpico está el edificio que tuvo que vivir con todas ellas. La torre inclinada se terminó más de una década después de los Juegos y los problemas del techo se convirtieron en una constante. Actualmente se encuentra en marcha otra sustitución de la cubierta.
Al lado está el ejemplo más claro de una segunda vida. El velódromo que recibió el ciclismo de pista y el judo se convirtió en 1992 en el Biodôme, un museo de ciencias naturales donde se reproducen cinco ecosistemas de América. La estructura conserva su perfil curvo, pero la experiencia interior ya no tiene relación con la competencia para la que fue diseñada. Con niños, es la parada que sostiene mejor una mañana entera.
El cincuentenario añadió una muestra gratuita en la rotonda del estadio y fotografías históricas al aire libre. También llevó conciertos a la explanada. Para el 1 de agosto, cincuenta años después de la clausura, el programa reservó su celebración principal: el espectáculo Feu sacré, con artistas de Quebec y un homenaje a Nadia Comaneci. Su participación conecta a la adolescente que obligó a reinterpretar un “1.00” con el rostro más reconocible de aquellos Juegos.

El verano sale a la calle
Este recorrido funciona mejor en verano. Entre junio y septiembre las temperaturas pueden rondar los 80 grados Fahrenheit. Las tardes se alargan y buena parte de la programación cultural sale a la calle. Hay festivales de jazz, circo, arte urbano y música africana. Piknic Électronik ocupa Parc Jean-Drapeau durante los meses cálidos.
Una mañana recogí una bicicleta eléctrica en Ça Roule Montréal, cerca del Viejo Puerto, y seguí el canal de Lachine hacia el suroeste junto con Octavio Amaro, de Tourisme Montréal. El recorrido pasó por Griffintown, Little Burgundy y Saint-Henri. Son barrios unidos por un corredor que durante el siglo XIX ayudó a convertir Montreal en un centro industrial. Los antiguos almacenes y fábricas conviven ahora con viviendas, talleres, restaurantes y negocios que se instalaron alrededor del agua.
La vía es plana y se presta para avanzar sin prisa. En unas dos horas se puede recorrer una parte considerable, detenerse junto al canal y llegar al mercado Atwater. El edificio art déco funciona desde 1933 y sigue siendo una parada útil para comprar algo de comer. Desde ahí se puede volver al centro o continuar hacia Lachine; la ruta completa alcanza entre 35 y 40 kilómetros ida y vuelta.

Para quien no quiera hacer el recorrido largo, Tourisme Montréal calcula que el canal se encuentra a unos 15 o 20 minutos en bicicleta del centro. BIXI permite tomar y dejar bicicletas en distintos puntos, mientras las tiendas de alquiler ofrecen modelos convencionales y eléctricos. Vale la pena comprobar qué incluye la renta y llevar una botella de agua en los días más calurosos.
Ese trayecto me explicó Montreal mejor que ninguna otra cosa que hice en el viaje. La bicicleta sirve para llegar a los lugares y deja ver lo que sucede entre ellos. En el camino me crucé con personas que paseaban y corredores que usaban la misma vía. Cerca del agua, varias familias pasaban la tarde. El paseo mantiene interés incluso cuando no hay una atracción enfrente.
El canal ha sumado además un corredor cultural de 3.6 kilómetros que conecta el Viejo Montreal con el suroeste mediante galerías y edificios patrimoniales convertidos en espacios de arte. Es una opción para quien quiera incorporar cultura contemporánea a la ruta sin encerrarse otra tarde completa en un museo.
Después de pedalear, Montreal ofrece buenas razones para bajar el ritmo. Por ejemplo, el spa Bota Bota que ocupa un antiguo ferry anclado en el Viejo Puerto y permite pasar por saunas, baños de vapor, piscinas y áreas de descanso con vista al río. El 15 de julio abrió el Pavillon, una segunda embarcación con un sauna Aufguss de mayor tamaño y cuatro baños fríos individuales. La ubicación facilita combinar el circuito de agua con el Viejo Montreal o con una cena en el centro.
La comida merece una planeación propia. Montreal entró en la primera selección de la Guía Michelin para Quebec en 2025, y la edición de 2026 amplió la conversación alrededor de sus restaurantes. Durante mi visita encontré una escena que se apoya en el producto de temporada y en las comunidades migrantes que han construido negocios en distintos barrios. Jean-Talon luce especialmente bien en una mañana soleada; Bar Luz y Hélicoptère mostraron dos maneras muy distintas de trabajar con ingredientes de Quebec. Aquí conviene reservar y dejar que la guía de los diez bocados haga el trabajo más detallado.
Una tarde de música sobre la historia olímpica
Piknic Électronik me llevó a Parc Jean-Drapeau un domingo de mayo. Desde el centro, la Línea Amarilla cruza el río y deja a los asistentes cerca del recinto. Ese día la música empezó por la tarde y el público aprovechó uno de los primeros fines de semana soleados de la temporada.
La visita puede ocupar mucho más que las horas del festival. La Biosphère conserva la estructura del pabellón de Estados Unidos de Expo 67 y opera como museo dedicado al medio ambiente. Los senderos permiten recorrer Île Sainte-Hélène y cruzar hacia Île Notre-Dame, donde se encuentran el circuito Gilles-Villeneuve y la cuenca olímpica.

Las islas fueron ampliadas y modificadas para Expo 67. Nueve años más tarde, la cuenca recibió las competencias de remo y canotaje de los Juegos. Sigue recibiendo competencias y entrenamientos de alto rendimiento. Durante el cincuentenario, Parc Jean-Drapeau agregó un recorrido interpretativo gratuito de 45 minutos por Île Notre-Dame y actividades con atletas que volvieron a la instalación.
UN gran plan para el fin de semana es visitar la Biosphère y recorrer el parque en bicicleta. Con el calendario a favor, puede terminar la tarde frente a un escenario. Las instalaciones de 1967 y 1976 forman el paisaje donde Montreal organiza parte de su vida cultural actual.
La programación cambia con frecuencia y los grandes acontecimientos pueden modificar los accesos. Conviene revisar el calendario antes de elegir el día, en especial durante la Fórmula 1 y los festivales más concurridos. En una jornada normal, el metro evita depender del automóvil y simplifica el regreso al centro después de un concierto.
La historia que Montreal comparte con Los Ángeles
LA28 se apoya en la reputación que Los Ángeles construyó en 1984. El comité organizador afirma que será la primera edición en ochenta años sin nuevos recintos permanentes construidos específicamente para los Juegos. El Coliseum y SoFi Stadium encabezan una red de instalaciones existentes distribuida por el sur de California.
El reto está también en la distancia entre las sedes. LA Metro calcula hasta un millón de viajes adicionales cada día y prepara un sistema suplementario para espectadores, con carriles para autobuses y mejores conexiones a pie o en bicicleta. La agencia presenta esas inversiones como beneficios duraderos para los barrios, una promesa que deberá medirse después de la clausura. La transformación cotidiana de Metro ya forma parte de la conversación en Los Ángeles.
Montreal no ofrece una fórmula para Los Ángeles. Las dos ciudades tienen escalas distintas y buena parte de lo que disfruta el viajero en Quebec nació fuera del proyecto olímpico. El aniversario, sin embargo, permite visitar esta ciudad en la región francófona de Canadá con una mirada que puede resultar muy interesante.
En 1970, Los Ángeles perdió esta sede en la votación de Ámsterdam. Catorce años más tarde recibió la suya sin rivales, porque lo ocurrido en Montreal había espantado al resto de las candidatas. En 2028 vuelve con un plan diseñado para no repetir aquello. La exposición del McCord cierra el 13 de septiembre y las visitas guiadas al Parque Olímpico el 27: quedan seis semanas para venir a ver qué fue exactamente lo que nadie quiso repetir.
Transparencia: el viaje fue organizado con apoyo de Tourisme Montréal, que cubrió transporte, alojamiento y algunas de las experiencias mencionadas. Las decisiones y opiniones editoriales pertenecen al autor.