Carta abierta a latinos que piensan votar por Trump

Después de votar, no hay excusas. No podemos decir, como algunos alemanes dijeron, que no sabíamos lo que iba a ocurrir.

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Carta abierta a latinos que piensan votar por Trump
Foto: Isaac Brekken / Getty Images

Uno de los interrogantes de esta elección que más me intriga es cómo es posible que haya alrededor de 20% de latinos que consideran votar por el señor Donald Trump. ¿Es que vivimos en universos políticos diferentes?

Mis cuatro años como prisionero político en las cárceles de la dictadura militar argentina de la década de 1970, me dio cierta experiencia con el totalitarismo. Ocasionalmente busco visitar lugares o asistir a eventos que me reconecten emocionalmente con esos días fundamentales de mi vida. En septiembre pasé un par de horas en el Museo de la Tolerancia en Washington, DC, y fue allí donde, de pronto, pude conectar las piezas de ese rompecabezas que es Donald Trump.

Apenas uno entra, se ve una foto grisácea inmensa que parecen pedazos de madera retorcidas. Pero cuando uno se concentra en los detalles, lentamente descubre la fisonomía de restos de cuerpos humanos semicarbonizados y, en el fondo, una docena de soldados estadounidenses estupefactos que no pueden creer lo que han descubierto al liberar el campo de concentración de Ohrdruf. La sorpresa y la intensidad de la temática me hizo brotar lágrimas y me quedé allí mirando sin saber qué decir. ¿Cómo era posible que eso hubiese acontecido en la Alemania de Wagner, de Einstein, de Schopenhauer? ¿Cómo era posible en la sociedad occidental más avanzada intelectual, tecnológica y militarmente? La respuesta no requiere ningún análisis profundo. Adolfo Hitler llegó al poder simplemente porque el pueblo lo votó. Un 44% del electorado, en una elección democrática. Coincidentemente, un porcentaje similar al electorado estadounidense que apoya a Donald Trump.

No cabe duda que Alemania estaba en crisis: los Tratados de Versalles la habían humillado, la hiperinflación devastaba la economía, la posibilidad de una revolución comunista generaba temor en las clases medias. El candidato Adolfo Hitler, en discursos electrificantes que eran transmitido por radio a todo el país, prometía que transformaría a Alemania en una gran potencia, atacaba a la corrupta República de Weimar y apuntaba el dedo acusatorio a los judíos a quienes adjudicaba todos los crímenes habidos y por haber de este mundo.

¿Suena familiar este escenario político? “Vamos a hacer América grande de nuevo”, proclama Donald Trump en sus discursos de alto contenido populista, cuyos pasajes principales son inmediatamente reproducidos en Twitter y Facebook. Repite estadísticas engañosas que sugieren que la economía es un desastre (a pesar que se han creado 9 millones de empleos y el desempleo está en 5%), afirma que el gobierno es corrupto y las elecciones están ´arregladas´, denuncia que los mexicanos son criminales y violadores, que los indocumentados nos roban los trabajos. Habla de muros, deportaciones masivas, exalta valores nacionalistas extremos, promueve el proteccionismo económico, la violencia, ataca a las mujeres, a los incapacitados.

¿Cómo es posible, repito, que latinos apoyen a este señor apocalíptico, respaldado nada menos que por el Ku Klux Klan, que conducirá al ocaso de nuestras instituciones democráticas y al surgimiento de una noche orwelliana? Después de votar, no hay excusas. No podemos decir, como algunos alemanes dijeron, que no sabíamos lo que iba a ocurrir.


Néstor Fantini, de Argentina, enseña sociología en Rio Hondo College, Whittier, California

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