Olor a miedo en Las Vegas

LAS VEGAS.- El primer examen mediático de sonido, gritos, musicalidad y color, dejó un fallo unánime a favor de los seguidores filipinos que gritaban por Pacquiao.

Sólo que esta vez no fue de manera tan aplastante como cada vez que el zurdo, ocho veces campeón del mundo, se asoma al desierto de Nevada para divertir a la gente y facturar millones.

Se sintió el grito de México y sonó el “No me sé rajar”.

“¡Qué Márquez no se raja!”, pero de todos modos, los filipinos y sus amigos, y los que no son ni lo uno ni lo otro, pero siguen a “Pacman”, dejaron el rastro de su poder en esa primera medición de sensaciones.

Sensación de miedo.

“No. No es miedo”, es la respuesta corriente de los fans que llevan la bandera tricolor.

Sensación de nervios.

“Sí”. Y cómo no, si la trifulca es contra el mejor boxeador del mundo.

Conocedores, como pocos del mundo del box, saben que no se pueden confiar con actos de patriotismo frente a un hombre que ya tuvo 13 combates contra mexicanos: Ganó 11. Empató una y perdió una.

“Let’s be realistic!”, dice un periodista chicano de aquellos que apenas pueden con el idioma de Cervantes.

“La pelea es desigual porque Pacquiao hizo subir a Márquez a un peso [144 libras] en el que tiene muchas ventajas”, señalan.

Sí. Y a Margarito lo hizo bajar a 147 para que llegara sin fuerzas y darle la metralla que le dio.

Sensación de poder.

Poder para escoger los enemigos. Poder para decidir en qué peso los quieren.

Poder para decidir cuánto les pagan.

La conversación fluye entre sentimientos encontrados de apoyo, nervios, desconfianza y un realismo francamente crudo.

¡Sensaciones!, eso es.

Sensación de confianza.

“Ya pelearon 24 asaltos y Pacquiao no fue superior”, dice otro aficionado.

“¡Es verdad! Aquél Pacquiao no fue superior, pero esta pelea es contra ‘otro’ Pacquiao”.

“Sí. Entendido. Es contra el mero mero de ahora, el que se ching… a De la Hoya, Margarito, Cotto y otros de 147 y 154 libras”.

Obvio. Contra Márquez peleó un Pacquiao de 128 y después de 132.

Los pasillos ya están atestados y la medición de fans a grito abierto vuelve a ser para los filipinos.

A las 5:00 p.m. los revendedores quieren 1,200 dólares por un boleto de 400… Y como el aforo de 16,800 espectadores está vendido a tope, la disyuntiva es simple para el hombre que llegó desde Mazatlán con su familia: o lo toma o lo ve por televisión.

Lo piensa. Ajusta su sombrero mitad asombro mitad resignación. Mejor lo piensa otra vez. Sensación de angustia.

Las casas de apuestas señalan una referencia como para pensárselo. Pagan 7-1 por el triunfo, que creen previsible, de Pacquiao.

“No voy a apostar esta vez, aunque el corazón me dice que va a ganar Márquez”.

“Entonces, ¿cuál es el miedo?.

Palabra prohibida en el boxeo. Si tuviera miedo sería astrólogo. Cosmetólogo. Estilista. Algo así.

No hay miedo, hay realismo en los pasillos.

¿Por qué aceptó Márquez esta pelea?

Obvio, porque la quería para cerrar su carrera con un cheque gordo… La buscó por el dinero que le reporta.

Son cinco millones y un 2.5% del PPV.

Un dineral para un boxeador de 38 años.

¿No que la quería para desquitarse de las dos que le robaron y noquear esta vez a Pacman?“.

“¡Pos sí!”.

Ya pelean los antesalistas y José Benavidez Jr. se tomó tiempo para ganarle a Sammy Santana; también Fernando Lumacad le ganó a Joseph Ríos.

Sensación de fe.

El sonido atronador llena el coliseo. Hay gente desde temprano y allí, -inevitables, invencibles- están los seguidores del guerrero azteca. Son minoría pero no son menos.

“No importa que Pacquiao sea favorito. Yo le voy a Márquez. En el boxeo primero hay que pelear”, sentencian.

Eso sonó bien.

Es en medio de las dificultades y a contrapelo de la lógica que se escriben las hazañas en el deporte. Es una cita con la historia y la historia se escribe todos los días.

Sí, suena bien.

Casi las 6:00 p.m. y empieza una desbandada de periodistas hacia la Arena del MGM.

A muchos de ellos -los de multimedia- los sacaron del ring side y los reubicaron tan lejos, que había amago de motín por carecer de internet.

Y de ahí se desató una sensación de nervios.

Todos, todos a la espera del gran combate, del combate del año… que enfrentaría a dos de los mejores púgiles del momento.

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