¿Se acordarán de él?

La revocación de Russell Pearce, el anterior presidente de la Cámara estatal de la legislatura de Arizona, representa lo que es la más reciente resistencia contra una actitud maniática y vengativa que busca castigar en vez de reformar.

Ahora, en lo que las cosas van tranquilizándose después de la revocación de Pearce, podrá serles útil a las personas razonables y moderadas evaluar el perjuicio ya realizado.

Pearce es aquel legislador estatal quien estuviera detrás de una medida electoral en el 2007 que requería prueba de residencia legal para poder recibir cualquier servicio estatal. Estuvo a favor de una ley promulgada en el 2007 que les quitaría la licencia empresarial a aquellas empresas que contrataran a inmigrantes indocumentados. Fue el arquitecto de la reprensible ley SB1070 de Arizona, la que pretendía convertir a la policía en agentes de inmigración, hasta que intervino un juez federal.

Este último intento dio pie a que otros estados lo imitaran, más notable entre ellos, Alabama.

A continuación Pearce redactó legislación que requería que las escuelas y el personal médico les hicieran preguntas a los pacientes y a los estudiantes de escuelas públicas de su estado migratorio personal. Y estuvo a favor de quitarle la ciudadanía a los niños de Arizona nacidos de padres migrantes indocumentados, lo que va directamente en contra de la Constitución.

Pareciera que los detalles de la revocación el 8 de noviembre en Arizona se han perdido en el alboroto sobre los resultados de otras campañas que se llevaron la mayor parte de la atención de la nación: el rechazo de una ley en Ohio que limitaba severamente los derechos colectivos de negociación de los trabajadores de servicio público (en contra de los sindicatos) y la medida de la “personería” en Misisipi (la redefinición del momento de la concepción).

La revocación de Russell Pearce cae dentro de la tradición del 2006, cuando resultaron vencidos 10 representantes ante la Cámara baja cuya campaña era en contra del inmigrante en las contiendas para ocupar escaños del Congreso federal. Sin embargo, desde aquel entonces, la oposición se ha refundido con otras quejas amorfas y rabietas que no tienen lógica.

En Washington, el penoso cálculo político malogrado del presidente Obama al deportar a inmigrantes de baja prioridad y dividir a familias sólo a contribuido a empeorar la situación.

Sin embargo, el voto de revocación de Pearce muestra cómo el público se está poniendo las pilas, lo cual hace de Arizona un caso de estudio digno de notar.

Dos días después de la promulgación de SB1070, la gobernadora de Arizona, Janet Brewer, también firmó la HB2281, la que retendría la ayuda financiera para los distritos escolares o escuelas charter que ofrecieran cursos, clases o materiales de instrucción “diseñados primordialmente para los estudiantes de un grupo étnico particular tal como lo determina el Superintendente Estatal de Instrucción”.

Rodolfo F. Acuña, en su magnífico libro, The Making of Chicano/a Studies: In the Trenches of Academe” [La realización de los estudios chicanos/as: En las trincheras de la academia] (Rutgers University Press) refuta aquella política, al llevarnos además por la historia y la realidad práctica del establecimiento de un nuevo programa de estudios cuando y donde se necesita. Está en oposición diametral a lo que intenta suprimir la ley HB2281.

Acuña es el principal académico nacional que estudia este tema, y el más reverenciado por su activismo a favor de los estudios académicos referentes a los latinos, hispanos y chicanos.

Últimamente Acuña ha tenido embelesado al público en línea con ensayos frecuentes sobre el vínculo entre el intento de hacerse con el poder en Arizona, los intereses especiales y los que cabildean a los políticos, el papel que juega la etnia, y la educación de los niños en las escuelas públicas.

Casi en cualquier otra parte, este enfoque se consideraría encomiable y digno de ser premiado en vez de ser suprimido.

Una ley como la de HB2281 tiene tanto sentido como darse de bruces contra el muro. Esa mentalidad ha quedado tan caduca como un arroyo en el desierto. Promociona la noción que es mejor tener a una juventud desmotivada, alienada cursando estudios sin marco personal, en vez de tener a estudiantes con ganas de aprender.

Lo que nos enseña la historia a largo plazo es que los radicales serán los perdedores. Mientras tanto, vamos a ser testigos del desarrollo adrede del subdesarrollo cuyo objetivo es la diversidad cultural.

Esperemos que los votantes se acuerden que la revocación de Pearce ocurrió como consecuencia de ser un funcionario electo quien optó por utilizar la política pública como una especie de matonería. Si lo recuerdan, Pearce no ha de ser el único revocado de su cargo político.