Crítica de cine ‘Hugo’: Fascinante aunque no magistral

'Hugo', de Martin Scorsese, es una delicia visual sin emoción

Hugo es una de esas películas que, al terminar, uno desearía amar para siempre.

Pero no lo hace.

Hay mucho de qué disfrutar en esta apuesta familiar del cineasta Martin Scorsese, firmante de títulos tan dispares del género para todos los públicos como Taxi Driver, Raging Bull, Godfellas, Casino, The Departed o Shutter Island.

Para empezar, el empleo de las tres dimensiones en manos del autor de Cape Fear representa una verdadera revolución en el formato: no hay nada como darle un juguete nuevo a un genio veterano para reinventarse a sí mismo.

Scorsese sumerge al espectador, desde esos primeros planos de un París fictício que abren Hugo, en un mundo de ensueño, vibrante, colorista, fascinante… La cámara se pasea por estaciones de trenes, relojes gigantes, pasadizos secretos, cine dentro del cine, con la pasión y sensación de maravilla que solo un genio del cine podría obtener (más o menos como sucede también con Steven Spielberg y su encantadora The Adventures of Tintin: Secret of the Unicorn, que se estrenará en unas semanas también en 3D).

Además, Hugo es un triunfo artístico en departamentos como la fotografía, diseño de producción y editaje, en manos de los colaboradores de Scorsese, Robert Richardson, Dante Ferretti y Thelma Schoonmaker, respectivamente.

No obstante, la adaptación del cuento ilustrado de Brian Selznick, llevada a cabo por John Logan, guionista de The Aviator, también de Scorsese, carece de los elementos enternecedores -indispensables en todo relato familiar, como bien saben los magos de los estudios Pixar (Up, Wall-E, Toy Story)— que podrían haber llevado al espectador a identificarse y emocionarse con las aventuras de Hugo Cabret (extraordinario Asa Butterfield), un niño huérfano que reside en una estación de trenes, donde se encarga de mantener sus relojes… y a incordiar al policía local (Sacha Baron Cohen, el famoso Borat).

En su hogar secreto, Hugo trata de arreglar un muñeco mecánico que le dejó su padre (Jude Law) antes de morir. Al mismo tiempo, Georges (excelente Ben Kingsley), propietario de una tienda de juguetes en la estación, entabla relación con el joven dada sus habilidades como reparador…

Esta es la excusa argumental de Hugo: el hilo narrativo que Martin Scorsese sigue para así poder hacer lo que realmente es su propósito, que no es otra cosa que rendir un apasionado homenaje a los magos que crearon el cine, con Georges Méliès a la cabeza.

Es ese viaje cinéfilo -que se apodera del filme a lo largo de su última media hora- el que finalmente otorga a Hugo el alma de la que carecía antes (sin ir más lejos, la redacción de la muerte del padre de Hugo resulta abrupta y distante).

Hasta ese entonces, hay que agradecerle al director su virtuosismo escénico, a Asa Butterfield (The Boy in the Striped Pajamas) su expresiva sinceridad interpretativa (alejada de, por ejemplo, las trampas actorales de su compañera de reparto, Chloë Grace Moretz, vista en Kick Ass, quien en esta ocasión da vida a la hija de George), a Ben Kingsley su porte entusiasta (en los segmentos cinéfilos) y al compositor Howard Shore (The Lord of the Rings) su maravillosa impronta musical.

Hugo, clasificada PG, podría haber formado parte de la lista de cine familiar indispensable, como lo es, por ejemplo, The Wizard of Oz. Es una lástima que no llegue a esa categoría.

Contenido Patrocinado