El drama de Joaquín Luna

La falta de una estabilidad migratoria es motivo de preocupación y angustia para millones de personas que viven al borde de la deportación y no ven delante de ellos un futuro en Estados Unidos. Mucho peor es cuando no conocen otra tierra más que ésta, a la que pertenecen aunque no posean papeles.

Ese parece ser uno de los motivos del suicidio de Joaquín Luna, que se quitó la vida el viernes después del Día de Acción de Gracias. El joven, de 18 años de Mission, Texas, dejó una carta que, según sus familiares, expresaba la angustia por su situación de indocumentado y manifestaba su frustración por el fracaso en aprobarse el DREAM Act en el Congreso. Según sus hermanos, Luna ya había manifestado un pesimismo ante un futuro laboral incierto por carecer de documentos.

Siempre es una tragedia cuando un joven se quita la vida. Es usual que sea una combinación de motivos lo que conducen a esa terrible acción. La familia de Luna dice que la cuestión migratoria fue un detonante. Uno de sus hermanos habló de depresión, mientras que el otro asegura que fue para “la causa” del DREAM Act, y para “mostrarle a los políticos”.

Respetamos el sentir de la familia en esta hora dramática, aunque todavía no nos atrevemos a darle la interpretación que se le quiere dar. No creemos que el suicidio sea una forma de protesta aceptable, además, la depresión es una enfermedad mental tratable.

No obstante, muchas de las acciones del Congreso tienen un impacto directo en los individuos y supuestamente el agrio debate sobre el DREAM Act tuvo su efecto sobre Luna, quien seguía atentamente los desarrollos noticiosos en el área de la inmigración.

El rechazo de la propuesta legislativa que permitía regularizar la condición migratoria para una categoría de jóvenes permitiéndoles estudiar o ingresar a las fuerzas armadas seguramente fue como un portazo que dejó afuera las esperanzas de Luna de ser un ingeniero exitoso.

Joaquín, como muchos en su condición migratoria, se habrán preguntado porque hablan en el Congreso de amnistía si él nunca cometió delito alguno. En cambio, era estudioso, asistía a la iglesia y tenía toda la aparencia de ser un joven ejemplar preocupado por los demás.

El triunfo del resentimiento en el DREAM Act no fue una victoria retórica de palabras altisonantes, sino que fue una puñalada a las aspiraciones de miles de jóvenes que tienen mucho que aportar a Estados Unidos. Fue un acto ciego de sabotaje a nuestro país al no aprovechar el talento que ayudó a formar con la educación básica.

Es imposible especular si Joaquín Luna estaría hoy vivo de haberse aprobado el DREAM Act. Aunque sí puede decirse que de haber sido promulgado, el joven podría haber visto una luz en medio de su depresión. Esa oportunidad que da una ley razonable que incorpora a la sociedad a quien -en una edad difícil- tiene el idealismo de progresar y tener éxito.