Identificación de muertos es muy lenta

Autoridades hondureñas aún no saben la causa del fatal incendio

Familiares siguen esperando la identificación y entrega de sus  seres queridos, fallecidos en la cárcel de Comayagua.
Familiares siguen esperando la identificación y entrega de sus seres queridos, fallecidos en la cárcel de Comayagua.
Foto: AP

TEGUCIGALPA, Honduras (EFE).- La identificación de los fallecidos en el incendio de la cárcel de Comayagua, en el centro de Honduras, que se elevaron a 359, transcurre a paso lento cumplidos cinco días después del siniestro, sin que además se conozcan aún las causas que lo originaron.

Este domingo falleció en el Hospital Escuela de Tegucigalpa Wilson Recarte, de 30 años, informó a Efe el portavoz del Ministerio Público, Melvin Duarte, lo que elevó a 359 las víctimas del siniestro, el peor en la historia carcelaria del país centroamericano.

Recarte es el sexto reo que muere en ese hospital desde el miércoles, cuando ingresó a la institución pública una decena de presos heridos en el incendio de la Granja Penal de Comayagua.

El Ministerio Público difundió este domingo un comunicado en el que reiteró que entre los muertos en la cárcel estaba una mujer que visitaba a su marido, y que hasta el momento habían sido identificados 38 cadáveres y practicadas 103 autopsias.

De los 38 cadáveres identificados, al menos 19 habían sido entregados a sus familiares hasta primeras horas de este domingo, según el comunicado del organismo judicial.

Las autopsias están avanzando gracias a la incorporación, a partir del jueves, de forenses de Chile, El Salvador, Guatemala, México y Perú, más un equipo de la Cruz Roja Internacional, dijo a Efe el portavoz del Ministerio Público, Melvin Duarte.

También un equipo de expertos estadounidenses se sumó el viernes a las investigaciones para determinar las causas del siniestro, en atención a una petición del Gobierno del presidente hondureño, Porfirio Lobo.

Las autoridades locales manejan varias hipótesis, como manos criminales, un cortocircuito o la quema de un colchón, aparte de otras versiones, ninguna confirmada, que circulan en ciertos medios locales atribuidas a supuestos reos prófugos no identificados.

Los informes de la Secretaría de Seguridad y el Ministerio Público no registran ningún preso fugado de los 852 en nómina hasta el martes, cuando ocurrió el siniestro.

Los equipos forenses trabajan en largas jornadas en una veintena de mesas en las que practican autopsias e identifican a los fallecidos para entregarlos lo más rápido posible a sus familiares.

Duarte manifestó que la tarea de identificación es ardua debido a que decenas de cadáveres presentan un alto grado de calcinación, que incluso obligaría a recurrir a pruebas de ADN como “último camino”.

Otra fuente del Ministerio Público indicó este sábado que de los 359 cadáveres, solamente unos 80 serían identificados por sus huellas dactilares, mientras que el resto requerirá de técnicas más sofisticadas, que tomarán más tiempo, porque sus cuerpos sufrieron mayores daños por el fuego.

El drama y el dolor de centenares de familiares de las víctimas continúa en los alrededores de la sede de Medicina Forense, en Tegucigalpa, donde esperan que les entreguen a su pariente fallecido en la peor tragedia que ha sufrido el precario sistema penitenciario de Honduras.

Algunos de ellos que han llegado del interior del país se rotan porque tienen que regresar a sus hogares a atender otras responsabilidades, según sus propios relatos.

Otros prefieren dormir en los mismos predios a utilizar un campamento con colchonetas y otras atenciones de emergencia que les ha instalado la estatal Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) en la sede del Instituto de Formación Profesional (Infop).

El sacerdote de la archidiócesis de Tegucigalpa, Carlos Magno, llamó este sábado al pueblo hondureño a la “reflexión” ante la tragedia de Comayagua y otro voraz incendio que el sábado consumió tres mercados de Tegucigalpa, sin pérdidas humanas aunque sí una docena de afectados y heridos.

“Estos acontecimientos deben hacernos reflexionar y permitir que Dios haga algo nuevo en nosotros”, dijo Magno en la homilía dominical oficiada en la catedral de Tegucigalpa.

“Pidámosle a Dios que sane a Honduras de estas heridas, que se apiade de nosotros y que nos conduzca por el camino de la salvación”, subrayó el párroco.