¿Una liga élite?

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Según la Federación Internacional de Historia y Estadística del Futbol (IFFHS) la Liga Mexicana es considerada la décima en la clasificación de las más fuertes del mundo y se me hace un lugar merecido.

El balompié mexicano ha logrado situarse en esta posición gracias a sus avances no solamente a nivel de cancha sino en varias partes de su infraestructura, pero cabe señalar que aún queda mucho por mejorar.

Es cierto que el mercado de jugadores en México es uno de los más estables del mundo porque algunos jugadores gozan de lucrativos contratos. Sin embargo, en tierras mexicanas aún existe el draft, que trata los jugadores como mercancía y no como seres humanos con derechos. Existen equipos como Puebla que no les pagan a sus jugadores puntualmente y promotores que parecen ser los dueños y amos de un circo injusto.

También es cierto que los equipos tienen acuerdos con televisoras y patrocinadores que los ayudan económicamente. Pero la multipropiedad, que va en contra de los reglamentos de FIFA, sigue existiendo y no se ve para cuando esto pueda cambiar. El dueño del América es dueño de otros equipos en Primera División y a nadie le importa cambiarlo, ni al mismo presidente de la FIFA, Sepp Blatter, que se hace de la vista gorda.

Los aficionados en la mayoría de los estadios de México siguen registrando buenas entradas pero todavía existe violencia en las tribunas y es necesario seguir implementando mejores medidas de seguridad para garantizar el espectáculo.

El nivel ha mejorado pero lamentablemente el arbitraje no ha evolucionado lo suficiente para mantener el paso y si esto no se soluciona pronto el futbol va a sufrir. Tiene que haber una mejor capacitación para los silbantes y quizás es tiempo de analizar si es necesario cambiar a las personas que están a la cabeza del arbitraje mexicano.

México se encuentra entre las mejores 10 ligas de futbol del mundo y eso merece un reconocimiento y no cabe duda de que puede seguir escalando en esta clasificación. Pero primero se tienen que corregir las cosas que se están haciendo mal y que son tan evidentes.