Visita esperanzadora

Mexicanos confían que el viaje del Sumo Pontífice sea alivio para males económicos y de seguridad
Visita esperanzadora
Soldados patrullan la zona central de León, lugar que recorrerá el Papa a partir de hoy.
Foto: AP

LEÓN, México.- Una tensa calma se vivió ayer hasta los últimos minutos del día cuando comenzaron a arribar los primeros peregrinos arrastrando maletas o con mochilas al hombro mientras trabajadores marchaban a contrarreloj en colgar mantas, pintar fachadas, colocar vallas metálicas en cuenta regresiva.

El Papa Benedicto XVI arriba este viernes a las 3:30 horas (tiempo de Los Ángeles en su primera visita a México, siete años después de que arrancó su pontificado en 2005 con altas expectativas de que su presencia sirva de amortiguador al clima de violencia que vive el país.”Mensajero de esperanza”, publicitó la iglesia, aunque algunos de los romeros que circundaron por la tarde de ayer alrededor de la Catedral de esta ciudad apuntaron sus peticiones de fe hacia la economía y el empleo por encima de la misma inseguridad relacionada al crimen organizado.

Por tirar el salario mínimo menor de cinco dólares a cambio de una jornada de ocho y “a veces ni eso”, acota un acalorado devoto de 46 años que viajó desde el estado de Colima para ver al Sumo Pontífice sucesor de Juan Pablo II quien en uno de sus viajes al occidente del país le tocó la cabeza.

Entonces era un niño de ocho años, pero hoy se le humedecen los ojos de pensar en que el alemán Benedicto XVI pudiera bendecirlo de igual forma. ¡Bendito Dios! ¡Ay Dios Santo!, expresa al echar al volar su imaginación?

¡Le daría las cartas que me dieron amigos y nada más, con sentirlo cerca me basta!

No piensa en la cura para la epilepsia que padece desde hace casi 40 años a causa de una descarga eléctrica ni en que es un subempleado que busca al vender impresos del itinerario del Papa en las calles del Bajío la forma de sobrevivir para ver en vivo al “representante de Dios en la Tierra”.

La fe que se observa entre los fieles católicos que rondan esta ciudad que junto con Silao y Guanajuato –ubicadas entre 340 y 400 kilómetros de la Ciudad de México- serán las sedes de tres días de paseos de Benedicto XVI, es incondicional, pero también exigente y digna.

“No voy a ir a la misa porque no me dieron boletos para estar dentro del parque Bicentenario”, reprochó María Elena Hernández, una joven veinteañera que criticó el secretismo con que repartió su parroquia los boletos en Silao, el municipio donde se oficiará la única celebración pública que oficiará el Santo Padre. “El Papa debe presionar al gobierno para que la riqueza se reparta mejor”, opinó un plomero que lamentaba su suerte: el patrón no le dio el día libre para irse de religioso; no así su familia que estará en algún sitio de los 62 kilómetros que recorrerá el papamóvil en la región del centro del país.

Las expectativas de lo que puede dejar la visita del máximo jerarca católico son altas: para empezar, los cálculos por la derrama económica se estiman en 80 millones de dólares, amén del impulso de la religión católica que ha caído en los últimos años hasta 83.9% de la población nacional.

El Estado Mayor Presidencial, el Ejército y la Policía Federal mantienen vigilancia constante e incluso prohibieron ya el paso al parque Bicentenario para garantizar la seguridad, pero su presencia es casi vana: el fluir de la gente en las calles en la zona era casi cotidiano.

Los leonenses calculan que los peregrinos de otros estados comenzarán a llegar en grupos mayores hasta este viernes, para ahorrarse una noche de hotel o las incomodidades de una casa de campaña.

Hasta ayer por la noche no había grandes manifestaciones con pancartas, guitarras o vestimentas de danzantes al hombro que hicieran algarabía por el arribo de Benedicto XVI.

En el Distrito Federal, la Central Camionera del Norte, lucía también impasible con el flujo cotidiano de pasajeros.”No hubo ninguna demanda de boletos de preventa”, dijo Melitzin Uva, taquillera de la línea de autobuses ADO, con el mayor número de corridas diarias entre León y la Ciudad de México cada 40 minutos desde las 5:45 de la mañana y hasta la 01: 30 del día siguiente.

Sin embargo en los últimos días el flujo del pasaje incluso ha ido a la baja, de acuerdo con información de los representantes de ventas de los transportistas ETN, la línea de lujo de los transportistas locales con 11 corridas diarias.”Estamos sorprendidos”, dijo una vendedora que pidió anonimato. “Regularmente la venta de fin de semana incrementa, pero ahora no vemos esa situación”.

María del Carmen Rangel, una ama de casa de 50 años, llegó al Bajío al medio día junto con sus tres hijas y esposo a quien acompañaba en asuntos de trabajo y aprovecharán para escaparse a la misa multitudinaria. “Sabemos que es difícil para las familias desplazarse desde la capital porque los niños van a la escuela y los padres tienen trabajo, además de que hay gastos en el transporte comida y hay que hacer un esfuerzo extra como ahora lo hacemos nosotros”.

Benedicto XVI argumentó razones de salud para no visitar la capital mexicana como lo hizo Juan Pablo II. A sus 85 años y con antecedentes de un derrame cerebral, los 2240 metros sobre el nivel del mar no serían favorables.

La apuesta de concentrar poco más de un millón de visitantes es local: vecinos de Querétaro, Michoacán, San Luis Potosí y Jalisco, después de todo, es el rincón más católico del país con 94% de la población declarada y el Papa lo sabe.