La lucha justa continua

Las condiciones de los trabajadores agrícolas han mejorado en grandes proporciones gracias a los 50 años de lucha del Sindicato de Trabajadores del Campo (UFW) en defensa de los campesinos.

Este fin de semana se celebró en Bakersfield el medio siglo de existencia de una institución que paso a paso y huelga a huelga conquistó protecciones básicas para los trabajadores que laboran en una de las industrias más poderosas económicamente de nuestro estado.

César Chávez, Dolores Huerta y otros líderes lograron una organización que le dio a los campesinos el derecho a negociar, a obtener condiciones más humanas de trabajo, una unión de crédito, pensión para los retirados y eliminó pesticidas dañinos a la salud y el uso de herramientas peligrosas, entre los numerosos logros obtenidos.

Son 50 años de triunfos y derrota, de avances y retrocesos de una lucha que continúa hasta el día de hoy en numerosos frentes.

A nivel federal, en abril la Administración Obama archivó una serie de regulaciones sobre el tráfico infantil agrícola para proteger a los menores de las labores peligrosas. La presión del sector agrícola fue más fuerte.

Mientras que en California, todavía continúa la batalla por proteger a los campesinos del calor, dándoles agua y sombra. La ley aprobada en el 2005 no detuvo los fallecimientos en los campos y las autoridades estatales tampoco están sancionando todas la infracciones sobre el calor. Ahora el UFW está detrás de la Ley para la Seguridad del Trabajador Agrícola (AB2346) que le daría al campesino básicamente el derecho de protegerse a sí mismo demandando al empleador si este no cumple la ley.

La labor de estos trabajadores no suele ser reconocida como lo que es: un trabajo especializado que exige destreza, rapidez, resistencia y voluntad. Los campesinos siempre han sido menospreciados a menos que estén escasos como ocurre en Georgia y otros estados del sur del país. Las medidas estatales antiinmigrantes atemorizaron a los trabajadores indocumentados, creando dificultades para las cosechas y causando pérdidas millonarias.

Los campesinos son una parte vital de un sector de la economía californiana con ingresos de 37,500 millones de dólares en 2010. Ellos merecen las protecciones laborales estatales que se les provee a todos los trabajadores. Esa es la lucha justa del UFW.