Pacquiao… una duda, una deuda

La urgencia de una gran victoria sobre Bradley pone presión a Pacquiao

Guía de Regalos

Pacquiao… una duda, una deuda
Manny Pacquiao presume que está listo.
Foto: Chris Farina / Top Rank

Manny Pacquiao siente que debe una, pero no lo acepta. Sabe que la pregunta recurrente sobre si está obligado a un triunfo categórico sobre Timothy Bradley tiene todo que ver con su victoria apagada, discutida y sin brillo, ante Juan Manuel Márquez en el cierre del calendario del 2011.

Luego también la exigencia de una gran victoria podría estar en conexión directa con el nivel de su rival del próximo 9 de junio en Las Vegas.

“[Timothy] Bradley es un gran peleador. Es muy rápido. Nadie le ha ganado y vamos a darle a la gente un gran espectáculo”, es la primera frase concreta de Pacquiao después de un desfile de monosílabos.

Un día en Hollywood para ver al Pacquiao más apático en por lo menos 10 años. No brilla como antes en lo previo a su combate ante el imbatido Bradley, porque Manny no tiene la chispa de antes. O si lo prefiere, Pacquiao está así de opaco porque la cartelera que tiene al frente no le sube la motivación como en otras batallas.

No tiene pinta de guerra la Pacquiao-Bradley, y al ocho veces campeón mundial se le nota.

Entre él y su entrenador Freddie Roach dicen tantas cosas sobre lo bueno que es su rival que ya terminaron por enviar un mensaje.

“Vean la pelea, vale la pena”.

¿Hay distracciones en este punto de su carrera?

“No. Estoy enfocado. Mi trabajo en el Congreso de Filipinas no es problema. Todos los boxeadores entrenamos de una manera y eso no cambia, ahora lo hago acá, lejos de mi país”.

En eso es claro. También en la necesidad de fortalecer la espiritualidad de cada uno leyendo la Biblia. Incluso reparten un DVD sobe el tema.

El mismo hombre bueno de siempre. El guerrero comprometido, pero ante un rival que no prende la hoguera de los antagonismos de rigor en estos años del deporte por millones.

“Tim le dará una gran batalla a Pacquiao”, vaticina Bob Arum, esta vez desde temprano frente a todos los medios.

Tras su pelea ante Márquez ¿está obligado a una gran victoria para rescatar su reputación de boxeador espectacular?

“La pelea ante Márquez no daña mi reputación. Así boxea Márquez y así se dio el combate. Yo di lo mejor de mí”.

Sabe qué esperar de Bradley, aunque el argumento central sea su velocidad y el hecho de que no ha perdido.

Está imbatido porque ha peleado básicamente en las 135 y 140 libras, pero aún no presentó un examen serio en las 147, que es el peso en el que lo ha citado Pacquiao para poner en juego su título de la OMB.

¿Tiene en su agenda a ‘Canelo’ Álvarez?

‘”¿Canelo’? Es posible.

Lacónico. Sin recorrido y como si dijera: próxima pregunta.

Y otra vez el tema de que “Bradley es bueno”. Como si alguien le negara algo.

Es un buen boxeador pero… ¿con sólo 12 nocáuts en 28 peleas debe ser un día fácil para usted?

“¿Fácil? No creo. Es muy rápido, lleva mucho ritmo a los combates. No es necesario ser un ‘heavy puncher’ para ser un campeón”.

No se detiene para analizar si llevar a un peso ligero y superligero a welter es una ventaja indebida, y con toda razón esta vez, porque si alguien dio ventajas en libras en toda su carrera fue Pacquiao, y así construyó una carrera colosal.

“Siempre me dicen algo. Si le ganó a De la Hoya, Margarito o Cotto, es porque son muy lentos ya que son muy grandes, y si le gano a Márquez o a Bradley, será porque son muy chicos”, dice y regala algo del gesto travieso de otro tiempo.

Ya en el ring, entre la transpiración y el rigor que le impone Roach, vemos algo del Manny de siempre. Tira sus series 1-2, 1-2 a gran velocidad. Pap, pap, pap. Pum! Pum! Y otra vez. Pap, pap, pap. Pum! Pum!

El viejo (¿viejo?) fusil de repetición.

Ya en su elemento, aun este Manny opaco levanta emociones, pero luego recae.

“Peleo dos veces más después de ésta y me voy del boxeo“, lo más rotundo de la jornada en un día de dos Pacquiaos.

El que apenas puede vender una pelea sin brillo, y el multicampeón que admite, sin dramas, a los 33 años, que hasta los eternos tienen su límite.