Explosión Manilow Barry Manilow convenció a sus fans en una noche explosiva en el Hollywood Bowl

Barry Manilow, con 40 años de carrera, sigue fiel a su estilo

El lunes por la noche, Barry Manilow dejó claro por qué su carrera se ha extendido a lo largo de más de 40 años: porque le da a su público, llamado cariñosamente “fanilow”, todo lo que este espera de él.

¿Para qué cambiar cuando algo funciona?

Y lo que funciona en el caso de Manilow -neoyorquino nacido hace 69 años- es su conexión con la audiencia.

Esta, en la primera de las tres actuaciones que el intérprete de Mandy llevó a cabo en el Hollywood Bowl con motivo del Cuatro de Julio (la última es esta noche), no tardó en ponerse a bailar tan pronto como Manilow entró en el escenario, acompañado por su banda y la Filarmónica de Los Ángeles -todos ellos amplificados por un sonido abrumador que probablemente se dejó oír por todo Hollywood, sus alrededores y más allá-.

Durante las primeras canciones —It’s a Miracle, Could It Be Magic, Somewhere in the Night y Looks Like We Made It— Manilow pareció luchar no solo contra ese sonido ensordecedor, sino también contra una voz más débil de lo habitual en él.

Pero su inagotable energía -se mantiene en un estado físico envidiable para su edad- compensó esas deficiencias iniciales que no tardó en hacer olvidar al entonar NYC Rhythm, la romántica Weekend in New Englad o el clásico Memory (donde hizo una extraña referencia a su nariz y a la de la cantante que lo inmortalizó, Barbra Streisand).

Ninguno de estos temas fueron interpretados con sutilidad, ni por parte de él -ya sea cantando o golpeando su piano- o por la banda y orquesta.

Pero eso no es lo que uno le pide a un concierto de Barry Manilow: con Copacabana y, por supuesto, Mandy, la apoteosis sonora que partió del escenario del Bowl se expandió por su platea, ocupada por casi 13,000 espectadores que solo querían más y más de su héroe de la noche.

Pero incluso aquellos que no forman parte del “clan fanilow” tienen que reconocer que Manilow -que a finales de los años 70 logró el récord de colocar cinco de sus álbumes en las listas de los más vendidos- forma parte de la lista de artistas en vías de extinción: genios del espectáculo tradiconal, “showmen”, cuyo poder de convocatoria es paralelo a su evidente carisma e indiscutible convencionalismo.

La velada empezó con la conductora Sarah Hicks dirigiendo la Filarmónica de LA por una serie de temas patrióticos, desde el mediocre Liberty Fanfare de John Williams hasta una suite de West Side Story, de Leonard Bernstein.

Desafortunadamente, la orquesta tardó considerablemente en dejar constancia de sus excelencias, que no alcanzó hasta que interpretó el Sing Sing Sing de Louie Prima.

Hicks regresó a escena tras Barry Manilow para presentar varios clásicos de corte patriótico y militar que fueron acompañados de los inevitables y espectaculares fuegos artificiales requeridos para la ocasión.