¡Sincronía plateada!

Las clavadistas Paola Espinosa y Alejandra Orozco brindan segunda alegría a México

LONDRES (EFE).- Después de la segunda ronda en la final de saltos sincronizados desde 10 metros, Paola Espinosa recordó que era la persona mayor de la dupla mexicana.

Entonces miró los ojos de la niña Alejandra Orozco y le recordó: “Ahora viene lo bueno”.

Fue para las mexicanas el momento clave en la competencia olímpica de Londres 2012 en la que ganaron ayer la medalla de plata con con un total de 343.32 unidades, mientras que el oro se lo llevaron las chinas Hao Wang y Ruolin Chen con 368.40 puntos, y el podio lo completó la dupla canadiense de Filion Roseline y Meaghan Benfeito al totalizar 337.62.

La mala ejecución de las británicas y las malayas en el tercer salto, abrió la puerta a las mexicanas para remontar posiciones en la fosa de clavados del Aquatics Centre de Londres 2012.

Luego que en los primeros dos clavados marchaban en séptima posición.

La tapatía Orozco se convirtió con 15 años en la deportista nacional más joven en conseguir una medalla, la marca anterior era de Felipe Muñoz con 17 años en los Olímpicos de México 1968.

Paola, que ayer cumplió 26 años, y Alejandra, que con 15 aún no tiene credencial de elector en México, ocupaban entonces el séptimo lugar, pero lucieron tan confiadas como los alfareros que lo embarran todo antes de construir una obra de arte.

“Aparecer entre las últimas después de los dos primeros saltos estaba previsto porque nunca nos salen bien, entonces asumimos que venía la oportunidad de marcar diferencia con nuestros saltos de gran dificultad”, explicó Paola poco después de recibir la presea.

Si bien los mexicanos sabían que la pareja podía pelear las medallas, los directivos de la delegación asumieron la competencia con reserva por la interrogante de cómo reaccionaría una niña de 15 años en un instante de tanta presión.

La incertidumbre duro poco.

Mientras otras saltadoras se veían tensas en la ceremonia de presentación, Alejandra soltó una media carcajada al escuchar su nombre y relajada le platicó algo a Paola, un pez gordo del circuito mundial que ayer también debió servir de guía a su compatriota adolescente.

“Yo sólo quiero darle gracias a Ale por darme la oportunidad de subirme a la plataforma y hacer un gran trabajo, esta medalla es mi mejor regalo de cumpleaños”, dijo Paola, que ayer se confirmó como una de las más grandes deportistas latinoamericanas de todos los tiempos, de las pocas con un título mundial y dos preseas olímpicas.

Pero más que eso, ayer la gran campeona habló quizás por primera vez como adulta, con una pose madura alejada a la de la niña bonita de 18 años concursante en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 con su papá y su mamá al tanto en el graderío.

Quizás fue porque debió crecer un tramo entre el segundo salto y el quinto para guiar a su compañera o por el sentimiento de ganar medalla el día de su cumpleaños, pero ayer la gran saltadora apareció ante los medios con un toque de indefensión.

“Los Juegos Olímpicos se me empiezan a volver nostálgicos”, dijo mientras volvió a referirse a la niña de al lado con el nombre acortado, mientras “Ale” casi la trataba de usted y prometió entrenarse duro para un día ser como ella.

Ayer Paola Espinosa estuvo muy feliz, pero también lució menos egoísta, diferente a la saltadora aplastante que se ha pasado el ciclo olímpico con triunfos para ella misma en la plataforma individual en la que fue campeona del mundo en 2009.

No fue una ilusión, hasta el propio presidente de México, Felipe Calderón se dio cuenta.

“Me llamó por teléfono para decirme que se notaba mi experiencia y cómo llevaba a Ale”, explicó Paola con un tono parecido al que usan las mamás con sus hijas.

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