A ‘Lawless’ le falta garra (video)

Crítica de cine: Lawless, con Shia LaBeouf, Tom Hardy, Jessica Chastain y Guy Pearce, sumerge al espectador en el violento mundo de la Prohibición de los años 30.

Shia LaBeouf en Lawless.
Shia LaBeouf en Lawless.
Foto: Suministrada

Hay mucha voluntad en Lawless, clasificada R: voluntad en contar una historia inspirada en unos fascinantes hechos reales; en conseguir de su reparto actuaciones —y acentos— lo más realistas posibles; en retratar un mundo, en plena era de la Prohibición, donde la violencia campaba a sus anchas; en mostrar los ambientes más deprimentes de la Depresión…

El problema es que el guión del músico Nick Cave duda. Y mucho.

No sabe en qué centrarse: el filme sigue a tres hermanos, un villano, un par de mujeres (con sus sendas historias de amor), una amistad juvenil… Si se tratara de un filme épico, con ínfulas de grandeza cinematográfica, quizás tanto argumento paralelo podría haber dado mucho más de sí.

Pero en Lawless, que no supera las dos horas de duración —ni cuenta con el presupuesto para inyectar épica en su puesta en escena—, no hay interés alguno en ir más allá de una historia de venganza.

Ésta cuenta en su eje central con los hermanos Bondurant, Jake (Shia LaBeouf), Forrest (Tom Hardy) y Howard (Jason Clarke), residentes del condado Franklyn, en Virginia, justo después de la Depresión y en plena era de la Prohibición, momento que aprovechan para crear un notable negocio de tráfico ilegal de alcohol —el mejor del área gracias a los conocimientos químicos del joven Cricket Pate (Dane DeHaan), amigo de infancia de Jake—, que las autoridades locales ignoran a cambio de pagos recurrentes.

Pero su éxito pronto llega a los oídos de Chicago, tanto de las agencias gubernamentales como de la Mafia.

Así, el perturbador agente Charlie Rakes (Guy Pearce), exige una sumisión completa por parte de los hermanos que no tarda en crear una guerra abierta entre ellos, mientras que Jake termina creando su propia red de distribución con el beneplácito del mafioso Floyd Banner (Gary Oldman).

En medio de todo ello, las mujeres de la función, la muy atractiva y sofisticada Maggie Beauford (Jessica Chastain), que se refugia en el local de los Bondurant, huyendo de un pasado que no desea revelar, y Bertha Minnix (Mia Wasikowska), la hija del predicador local, de la que se enamora Jake.

El director John Hillcoat, que ha colaborado con Cave en un par de ocasiones previas (Ghosts… of the Civil Dead, en 1988, y The Proposition, en 2005), tiene un don peculiar a la hora de mostrar violencia en su forma más primaria e impactante (algo que también demostró en la excelente The Road).

La paliza que el agente Rakes le da a Jake es brutal, así como el intento de asesinato que un par de criminales llevan a cabo contra Forrest.

Son esos instantes de crudeza fulgurante —casi siempre liderados por un exquisitamente terrorífico Guy Pearce— los que inyectan vida y energía a una historia, inspirada en el libro de Matt Bondurant, el nieto de Jake Bondurant, que se pierde en relaciones escasamente desarrolladas —pero no por ello poco interesantes: como la que existe entre este y Cricket—.

Todo ello para terminar en un simple duelo que los hermanos conducen contra Rakes.

El crescendo narrativo que Hillcoat y Cave tratan de hacer creer que existe se queda, así, a mitad de camino.