El partido de la paralización

El problema central que acontece en Washington hoy en día es la facción obstruccionista que existe dentro del Partido Republicano

Inmigración

Muchas veces he sido calificado como centrista. Y creo libremente que ninguna de las partes del espectro político ejerce un monopolio de sabiduría o virtud. Sin embargo, hay veces en que la realidad apunta firmemente en una sola dirección. Al observar las manipulaciones llevadas a cabo en Washington en las últimas dos semanas, ahora resulta imposible hablar acerca de cómo ambos partidos políticos son acusados por la paralización del país.

Consideremos lo que ha acontecido ahora mismo con la inmigración, una cuestión que está a punto de ser resuelta. La mayoría de los estadounidenses (precisamente un 81%, según la encuesta más reciente de la CNN) está a favor de otorgar la ciudadanía a los inmigrantes ilegales que reúnan ciertas cualidades, así como también de aumentar los controles en la frontera. Los dirigentes del Partido Republicano, en ambas cámaras del Congreso, hablaron sobre un paquete de reforma exhaustivo que crearía un extenso período de espera para obtener la ciudadanía (13 años), y lo asociaría con un control más duro. La mayoría de los demócratas estaban dispuestos a aceptar este compromiso.

Sin embargo, para los dirigentes del Partido Republicano resultó claro que incluso esto sería inaceptable para muchos republicanos del Tea Party. De esta manera, el 30 de enero, los líderes del partido dieron a conocer una nueva propuesta que descartó cualquier posibilidad de un camino especial hacia una ciudadanía para los inmigrantes ilegales, sin importar cuánto tuviesen que esperar. En lugar de esto, se les concedería a estas personas los documentos legales que les permitan trabajar y pagar los impuestos. Esto fue una gran concesión para los activistas del Tea Party y parecía poco probable llegar a algún acuerdo. Los demócratas se habían opuesto firmemente al concepto de un estatus de segunda clase en forma permanente para los inmigrantes ilegales, al igual que una importante mayoría de la ciudadanía.

Pero luego de unos días, el presidente Obama sacó provecho de una entrevista que mantuvo con Jake Tapper de la CNN para decir que estaba “animado” por la propuesta. “Opino genuinamente que el speaker Boehner y algunos miembros de la Cámara de Republicanos, tales como Paul Ryan, realmente quieren obtener una ley de reforma inmigratoria”, explicó. “No voy a prejuzgar lo que llega a mi oficina” agregó, con el fin de aclarar que no estaba descartando la propuesta.

Cada miembro del Partido Demócrata con quien hablé odió esta idea, tanto por razones morales como políticas. La mayoría estaban sorprendidos por la concesión de Obama. Entonces, ¿qué sucedió? Unos días después, John Boehner explicó ante los medios de comunicación que incluso su nuevo plan era un imposible y que la reforma inmigratoria estaba fuera de juego.

Su explicación fue que nadie confiaba en que Obama podía hacer cumplir las normas. Pero, de hecho, la Administración de Obama ha aplicado las leyes de inmigración con rigurosidad. En el año 2012, se deportaron 400 mil personas, es decir, dos veces y media más que el número deportado en el año 2002. En el 2002, por cada dos individuos desplazados del país, 13 se convirtieron en ciudadanos legales. En el año 2012, por cada dos desplazados, solamente cinco se convirtieron en ciudadanos. Debido a estas razones, así como también por la recesión, el número de inmigrantes ilegales no ha aumentado en varios años. (En cuanto al asunto más general, Dan Amira de la revista New York ha recopilado información que muestra que Barack Obama ha emitido un menor número de órdenes ejecutivas que cualquier presidente en cien años).

Es posible que el último circo político respecto al tope de la deuda cambie la situación. Sin embargo, Theda Skocpol de la Universidad de Harvard, expresa en un artículo publicado en la revista Democracy, que los comentaristas han estado proclamando el declive del Tea Party desde hace ya varios años. No obstante, este aún ejerce una influencia poderosa en el Partido Republicano. Posee dos elementos a su favor: una inmensa energía de fuerzas populares y la ruptura de la autoridad en el Congreso en general y particularmente, en el Partido Republicano.

Skocpol escribe que, en los cientos de entrevistas que ha realizado al escribir un libro sobre el Tea Party (con Vanessa Williamson), encontró que “a menudo se dice que el conservadurismo fiscal es la principal prioridad de las fuerzas populares del Tea Party, pero Williamson y yo creemos que no sea así”. Las campañas de represión contra los inmigrantes, la fuerte oposición a los demócratas, y una serie de restricciones para invertir en los jóvenes, fueron las prioridades que plantearon los voluntarios del Tea Party, que usualmente, cobran altos seguros sociales, Medicare y beneficios para veteranos, a los cuales sienten que tienen pleno derecho como estadounidenses que han “pagado sus cuotas” en una vida de trabajo duro.

Esto sugiere un futuro incierto para conseguir la realización de algo en Washington. Se suponía que la inmigración era un área apropiada para una reforma razonable. Los ciudadanos desean una solución de compromiso, expertos en política han propuesto maneras para lograr que funcione, la Cámara de Comercio de Estados Unidos lo apoya, las empresas de tecnología más importantes del país lo han estado solicitando, los demócratas y republicanos de más antigüedad están a favor. Y, sin embargo, no se pudo superar el problema central que acontece en Washington hoy en día: la facción extrema y obstruccionista que existe dentro del Partido Republicano.

La próxima vez que alguien acuse a “ambos partidos” por la paralización de Washington, o emita un llamado insulso para que los líderes nos quiten del medio, recordemos el caso de la inmigración.