Senadores en problemas

Toda persona es inocente hasta que se compruebe lo contrario. Sin embargo, hay labores, como la de senador, en que la percepción de corrupción es suficiente como para incapacitar una función que requiere la confianza del público. Por eso, Ron Calderón debe dar un paso al costado.

El senador demócrata de Montebello todavía sigue ejerciendo su función —y no parece decidido a dejarla— después de que se le presentaron 24 cargos federales en los que se asevera que él recibió dinero de manos de un ejecutivo de un hospital a cambio de impulsar leyes favorables y de una agente del FBI que se hizo pasar por un productor de cine en busca de créditos impositivos estatales para filmar. Calderón presidió el Comité de Banca y Finanza durante su paso pora la Asamblea y dirigía el Comité sobre Seguros en el Senado.

La acusación federal es muy seria. En ella cuestiona la honestidad del senador en el cumplimiento de su función pública. Esa que hoy, precisamente, debería abandonar ante la acusación federal. Lo más honorable sería renunciar, de lo contrario debe ser retirado del Senado.

De la misma manera, el senador demócrata de Los Ángeles, Rod Wright, quien fue convicto de perjurio y de fraude electoral, permaneció en el Senado como si no hubiera pasada nada con el beneplácito del presidente protempore de la Cámara Alta Darrel Steinberg. Recién ayer, Wright tomó una licencia temporal a la espera de la apelación de su caso.

Los casos de Calderón y Wright son distintos. El primero está acusado de corrupción, el segundo fue hallado culpable de mentir diciendo que vivía en el distrito que representaba cuando no era cierto. Wright engañó a sus votantes y él nunca debió estar en el Capitolio representando ese distrito.

La reputación del legislativo en general no es buena. Cada día que pasa con Calderón en su escaño, el Senado muestra una tolerancia inaudita.